Sociales
La muerte de un hombre escéptico
El Sol de Tulancingo
5 de noviembre de 2009

Por Isabel Hernández

Tulancingo, Hidalgo.- Se dice que hace muchos años, época en la que existían grandes haciendas en las que los habitantes de la región vendían su vida trabajando en ellas, existía un matrimonio de campesinos que vivía a las orillas de Tulancingo. La señora era muy creyente en el día de muertos y que al llegar ese día venían sus familiares del mas allá y podía compartir con ellos la comida y todo lo que les ponía en su altar. En cambio, su marido no creía en nada de eso, decía que sólo eran trucos de la gente que comercializaba este tipo de cosas para vender más.

Días cercanos al 2 de noviembre, la señora le pidió dinero a su marido para poner su altar de muertos, pero él, necio en sus creencias, le dijo que no gastaba su dinero en eso y que si ella quería buscara de donde quisiera.

Por lo que la señora decidió ir al monte y cortar unos ocotes para prenderlos, simulando unas veladoras, y cortó del campo unos quelites que guisó con tomates. Colocó su altar y se fue a dormir, pero el señor, ya harto de la duda prefirió espiar para ver si era verdad que sus parientes del más allá llegarían.

Ya entrada la noche, después de estar espiando por la ventana un buen rato, vio y escuchó que las calles se iluminaban y que venía mucha gente, como una procesión de personas, que nunca había visto. Al frente venían personas, que cargaban comida exquisita, llevaban veladoras grandes, calabaza, mole y muchos guisos más.

Conforme avanzaba la fila, venían personas con comidas de menor esplendor y hasta atrás el señor logró ver a sus parientes que con trabajo venían alumbrándose con unos ocotes y comiendo unos pocos quelites.

El quedó traumado del susto Dicen que al día siguiente sólo logró decirle a su mujer que agarrara el dinero necesario para poner su altar y cayó muerto, al parecer de susto.