Tulancingo
Leyendas de Cuautepec
La llorona. Foto: El Sol de Tulancingo.
El Sol de Tulancingo
12 de octubre de 2009

Por Lauro Perea

Tulancingo, Hidalgo.- Hoy iniciamos con una serie de publicaciones sobre leyendas de los alrededores de Tulancingo, dada la cercanía de las celebraciones de Todos Santos y Fieles Difuntos.

Para comenzar, elegimos a Cuautepec con dos historias, donde lo inexplicable y el contacto con seres extraños son los ingredientes principales.

LA LLORONA

Hace tiempo, en el poblado de Santa María Nativitas, la dueña de una antigua casa, al estar asomándose ya avanzada la noche por una ventana que da a la calle, vio a una mujer vestida de blanco.

Llevaba un manto y estaba cubierta del rostro; no caminaba, sino que flotaba en el aire.

Después, a unos cuantos pasos de ahí se escucharon unos gritos de desesperación, los cuales se iban perdiendo conforme la mujer avanzaba.

Se tiene la creencia que la mujer era 'la llorona'. Actualmente, entre los sucesos extraños suscitados en esa casa, está el sonido de un reloj de péndulo inexistente, que marca, todos los días, las doce del medio día y las doce de la noche, lo cual mantiene intranquilas a las personas del lugar.

EL YOLO

Se tenía la creencia de que en el cerro llamado "El Yolo", en Cuautepec, habitaba Satanás, y este temor despertó en las personas el interés de cerciorarse si era verdad.

Contaban que si cometían algún acto malo, el demonio les arrebataría su alma y los condenaría para siempre al infierno.

Platican de algunas personas que fueron debido a la gran curiosidad por esa leyenda, pero tardaban mucho tiempo en regresar porque al llegar a "El Yolo" se les aparecía una serpiente que les pedía la cargaran y cruzaran con ella al río, y como recompensa se convertiría en una hermosa mujer.

El reptil les pedía que por nada del mundo voltearan a ver su imagen de mujer, pues los convertiría en piedra.

Muchos no pudieron resistir la curiosidad de verla y se convirtieron en rocas, las cuales aún existen y se ubican en el sitio conocido como Los Ermitaños.