Opinión
Julia Sánchez-Henkel
La almohada

El Sol de Toluca
23 de julio de 2007

Mi almohada es el refugio de mi conciencia, el lugar donde libremente y sin fingimientos, mis pensamientos se ordenan, se redimen o se afirman, mi almohada es el refugio para mis lágrimas o secretas alegrías, y también de mis angustias y temores.

Sé que para dormir bien, necesito mi almohada, sólo ella tiene mi olor y mis secretos; por las noches, si por alguna distracción no se encuentra en su lugar, entonces voy en su busca para rescatarla de la cama de otros, y poder así tener los momentos que a solas me permiten aclarar mis sentimientos y mis más íntimos pensamientos, podría decir en forma romántica que en nuestras almohadas, es donde podemos crear mundos diferentes que nos permiten soñar y tener ilusiones.

Las almohadas son tan importantes en nuestras vidas que propició una investigación en la Universidad de Manchester, en Gran Bretaña. Los resultados de los estudios han detectado que nuestras almohadas son el espacio perfecto de creación de mundos diferentes; de manera literal, nuestra almohada crea un mundo aparte, un ecosistema que se crea y se recrea gracias a nosotros.

Nuestra almohada guarda en su interior entre 4 y 16 especies diferentes de hongos, incluso hongos del pan o de la vid fueron encontrados en diversos tipos de almohadas.

Muchos de los hongos que se encuentran dentro de nuestras almohadas, crecen gracias a las heces de los ácaros, esos bichos que habitan nuestra casa y que están por todos lados y en especial en nuestra recámara, en los colchones, las alfombras, sábanas, etc., estos bichos microscópicos además de alimentarse de nuestras células muertas, también se alimentan de esos miles de hongos que se producen en sus deshechos, cerrando así el círculo para mantenerse vivos. Ashley Woodcock, la investigadora que dirigió el estudio de las almohadas, ha dicho que es "todo un ecosistema en miniatura funcionando en el interior de nuestras almohadas".

Todo parecería normal de no ser porque un exceso de estos hongos puede afectar a los pulmones, a los senos maxilares e incluso han llegado a extenderse al cerebro. Estos hongos que habitan en nuestras almohadas, afectan especialmente a quienes están enfermos, quizás debido a la baja de defensas por la que atraviesan, y entre ellos se enferman más fácilmente los pacientes inmunodeficientes: quienes han tenido un transplante de órganos, un tratamiento con esteroides y los que padecen SIDA.

Los hongos que más se desarrollan dentro de nuestras almohadas son los Aspergillus, un hongo muy común que se desplaza también por el aire y pueden causar una neumonía mortal o tan solo una sinusitis alérgica. Las almohadas forradas de plástico de los hospitales, son las menos peligrosas, las que debemos de cuidar son las de los hoteles y aún más las de nuestra propia casa, que quizás por viejas cuentan con toda una sobrepoblación de hongos.

Ya hace tiempo que escuché de los temibles ácaros, incluso sé de una aspiradora que garantiza eliminarlos y tener el ambiente libre de ellos; pero a consecuencia de esta investigación, puede resultar que vivir con unos cuantos ácaros no esté del todo mal, ya que al eliminarlos estamos rompiendo el ecosistema que existe dentro de nuestras casas; esos bichos microscópicos son quizás la forma de tener bajo control a los hongos. Porque puedo mantener quizás mi casa libre de ácaros, pero los hongos me llegarán incluso por el aire. ¿Un poco de ácaros nos hace bien? Al menos se alimentan de hongos, probablemente los causantes de alergias no sean los ácaros, sino los hongos que se desarrollan en nuestras almohadas.

En ocasiones me da un poco de horror pensar que vivimos rodeados de un universo microscópico que si lo alteramos nos afecta irremediablemente. Buscar la limpieza total es una conducta obsesiva producto de una enfermedad, pero confiar en que nuestras defensas se fortalecen con un poco de mugre, es arriesgar nuestra salud. Limpieza sí, pero no tanta que nos haga débiles por falta de defensas.

Es necesario mantener nuestra almohada limpia, ahora la lavaré más seguido; no sé si la sacaré al sol, porque quizás en el aire estén volando más hongos de los que yo tengo dentro de mi casa.

¿Es siempre tan difícil encontrar el "justo medio"? Sin que llegue a la obsesión, debo de pensar que no ha sido suficiente con sacudir diariamente mi almohada o de vez en cuando lavarla, ahora incluso pensaré en tener que cambiarla cada cierto tiempo.

A partir de ahora me volveré mucho más cuidadosa buscando dar reposo a mi pobre cabeza, solamente en "mi almohada" y pasaré a ser parte de ese grupo de personas que para salir fuera de casa aunque sólo sea por una sola noche, me verán llevando la almohada bajo el brazo.

Mis hábitos cambiarán no tan sólo porque vivimos en una era de manías, sino también porque la evidencia científica demuestra que mi almohada ya no es confiable.(f)

Para sus opiniones y sugerencias: jshenkel@prodigy.net.mx
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