Opinión
Jesús Marquez Farfán
¿Qué nos está moviendo hoy en la vida?

El Sol de Toluca
10 de febrero de 2008

Estamos en un buen momento para preguntarnos qué espíritu está moviendo toda nuestra vida, por qué vivimos como vivimos, por qué hacemos lo que hacemos, qué hace que nuestro mundo camine como lo vemos. Nada se hace, nada sucede sin alguna finalidad, sin algún interés bien determinado. Apenas habrá algún alienado que obre por inercia, reaccione espontáneamente y, sin pensar ni buscar nada, se lance a dar respuesta

Casi siempre tratamos de descubrir lo que está moviendo, por ejemplo, a nuestros gobernantes o legisladores: ¿qué los mueve a aprobar esta ley, tomar aquel acuerdo, emprender tal obra o determinar un proceder? ¿qué intereses persiguen, a quién están favoreciendo, quién los mueve? ¿qué pretende determinado político con su manera de lucir de injuriar o de agredir, ¿qué lo mueve? A veces decimos que es un narcisista o un desequilibrado que sólo estorba al proceso de desarrollo, o que está frenando el crecimiento democrático... Pensamos y comentamos sobre sus intenciones y, además, nos consideramos tan seguros que ni siquiera nos imaginamos que podemos equivocarnos.

Pensamos sobre las intenciones y el espíritu que mueve, no sólo a personas públicas en su servicio a la comunidad; también pensamos sobre el proceder de tal familia, el aislamiento de determinada persona, el proceder de tal papá, la conducta de aquella jovencita. A veces pretendemos saber hasta el espíritu que mueve a quienes organizan un servicio de beneficencia y les juzgamos interesados en sacar provecho o, al menos, brillar ante los demás. Lo mismo decimos de quien se compromete en un apostolado y hasta de los sacerdotes que organizan algún trabajo evangelizador o promueven afanosamente sus servicios pastorales. Juzgamos o nos preguntamos ¿qué les mueve? Pero lo que debiéramos descubrir claramente es lo que nos mueve a nosotros en la vida.

Desde luego, pensamos que no somos personas que se dejen llevar por cualquier viento, por lo que sea, lo que venga. En todo lo que hacemos o decimos, en nuestra forma de relacionarnos, tenemos un interés, nos mueve algo interiormente. ¿Qué espíritu nos mueve a cada uno? Es verdaderamente importante conocernos con sinceridad en este aspecto, porque nos daremos cuenta de nuestras intenciones leales, constructivas, que favorecen las relaciones, los servicios, el progreso de los demás, o aquellas perfidias, que engañan, distorsionan o corrompen nuestro proceder. Pienso que nos ayudará preguntarnos ¿Qué espíritu está moviendo mi vida? ¿Qué me lleva a ser como soy, qué persigo con esta conducta, qué busco con estas amistades, qué me mueve a proceder así con mi familia?

Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre, es el mejor modelo para el hombre mismo, de manera que la experiencia de su vida nos sirve en todo momento; él quiso enseñarnos aún la manera de proceder ante la tentación. Así lo narra el Evangelista Mateo:



Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Pasó cuarenta días y cuarenta noches sin comer y, al final, tuvo hambre. Entonces se le acercó el tentador y le dijo: "Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes". Jesús le respondió: "Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".

Entonces el diablo le llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: "Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna". Jesús le contestó: "También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios".

Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras y me adoras". Pero Jesús le replicó; Retírate Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás". Entonces lo dejó el diablo y se acercaron los Angeles para servirle.



Fácilmente descubrimos el desierto en nuestra vida, sin embargo, ¿nos mueve el mismo Espíritu que movió a Jesucristo? El Evangelio señala que Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto. ¿Qué es para nosotros ese desierto? Quizá el lugar donde el mal espíritu nos ataca y fustiga nuestras pasiones, el lugar de la prueba y de la tentación; pero también es el lugar del encuentro íntimo y profundo con Dios que nos sostiene y nos salva. ¿Permitimos que el Espíritu de Dios nos guíe por la vida, nos sostenga, nos enseñe a superar la tentación que cada uno descubre en su existencia y nos ayude a cruzar nuestro desierto con sentido de austeridad, sacrificio, oración, como Jesucristo, para ser felices?

Jesús no se separa de la experiencia del hombre ni siquiera en la tentación, en todo es semejante a nosotros, menos en el pecado. Su experiencia en el desierto nos lleva a leer nuestra propia historia y la de la humanidad, en el riesgo de la tentación; El nos enseña a superarla y a comprometernos en la obediencia, la adoración y la total confianza en Dios.

El pan como tentación, hoy, para nosotros, no es el que necesitamos como alimento vital, ni el que reclaman en silencio las caras escuálidas de los niños y ancianos que mendigan por nuestras calles, o esa cantidad de pueblos que soportan el fantasma de la hambruna; la tentación del pan es la voracidad de quien quiere acumular placeres, bienes, comodidades, sensualidad, libertinaje sexual, es el deseo distorsionado, corrompido, guardado solapadamente en el corazón y buscado afanosamente hasta saciarlo. Jesús en el desierto y en toda su vida, no se apartó de estas experiencias tentadoras para el hombre. Hoy invade nuestra vida un espíritu del mal que corrompe nuestras costumbres y degenera lo más noble y generoso de la persona, la vida y la sexualidad del hombre y la mujer de nuestro tiempo ¿Cómo estoy venciendo esta tentación? Jesús dijo que el hombre vive de toda palabra que sale de la boca de Dios ¿Cómo busco ese alimento?

Tirarse al vacío desde los más alto del templo, pudiera haber sido una gran exhibición que terminaría con vuelos y cantos de ángeles como en Belén. Hoy, algunos, desgraciadamente muchos más jóvenes, no han vencido la tentación de arrojarse al vacío y suicidarse pensando que vivirán mejor. Pero es más profunda la tentación del lucimiento, el puesto, prestigio humano, brillo, fama, ostentación... todo lo que envanece nuestro corazón o nos empuja en todo, a veces hasta en lo más santo, a buscarnos a nosotros mismos hasta la temeridad. ¿Hemos percibido esa tentación?¿Con qué espíritu la afrontamos? El camino que Jesús nos enseña es el servicio generoso, sencillo, humilde, sin recompensas.

La tercera tentación es el poder, el dominio sobre los demás, la corrupción en nuestro proceder hasta conseguir lo que nos interesa, los manipuleos ocultos, los engaños para beneficio de los propios intereses, los matrimonios "desechables", úsese y tírese, cualquier humillación y desprecio a los demás, la soberbia en el trato, los abusos, el agiotismo, el lavado de dinero, la explotación... Todo dominio sobre el otro, toda injusticia explotación, es una forma de adoración al dios poder y expresión de desprecio a quien debemos adorar, servir y obedecer. El camino de Jesús es el camino del amor a Dios y al hermano, es la capacidad de entregarse para la felicidad del otro, es la unión en él por encima de toda diferencia o discrepancia.

¿Cuál es mi tentación? ¿Cómo voy a vencerla? Jesús nos llama al desierto de la intimidad en la oración, en el encuentro con él, en la seguridad de él y de su ayuda para vencer confiados en su gracia.

Padre Nuestro que estás en el cielo, danos tu Espíritu para hacer tu voluntad, para caminar en el desierto de la vida; y no nos dejes caer en la tentación.(a)
Columnas anteriores
Columnas

Cartones