|
Opinión
![]() Carmen Rosenzweig
Ocaso impensable de luz
El Sol de Toluca
14 de enero de 2007
Recordar, luminosas,
a Mónica como a Diana por siempre * * * Cuando el árbol había caído treparon unos leñadores con hacha encima y pesaba su condición humana; aunque al estar en lo alto dejara, él, el árbol, que en sus ramas aquéllos entrevieran el cielo * * * Arrigo Cohen italiano de nacimiento amigo de todos y conocedor absoluto de nuestra lengua española acaba de morir, terrible día once descanse en paz. Cuántos no acudimos a él para esclarecer nuestras dudas y corregir en firme nuestros frecuentes errores idiomáticos * * * Este viernes doce de enero, año siete, López-Dóriga en Milenio estatal resume de modo meridiano el tránsito (con profundo respeto siempre, quien tiene a su cargo esta columna semanal en el grande Sol de Toluca, va a manejar asimismo sólo el primer nombre) de Mónica de la vida a la muerte, en miércoles diez aún; y ahí se trunca toda su historia humana. Su médico neurólogo del Hospital Inglés, Paul Shkrovich Bialik ya había sido entrevistado por el periodista Loret de Mola y éste, en la mañana del jueves daba la noticia del deceso de la Primera Dama del Estado de México. Rumores, muchos, sin confirmación posible y al aire, desconcierto también, desconocimiento de lo que ocurría, y por fin se fue haciendo patente la ausencia definitiva de ella en su hogar, en su función pública, en su edad de oro. Más joven aún que Juana de Nepantla, quien no sufrió el ultraje de morir vieja, a su decir. Interminable funesto jueves once. Más aún sorprende y más todavía se eleva su figura, cuando se conoce ahora que Mónica sobrellevaba el azote de convulsiones epilépticas. Otra reflexión, de suyo, tanto Mónica como Diana fueron y serán presencia permanente ejemplar de lozanía, juventud, alegría, que como seres humanos todos buscamos albergar, mantener y conservar. Y ellas nos muestran el lado armonioso de la vida. Sus hijos amados Paulina, Alejandro y Nicole, poco a poco podrán ir asumiendo lo que significa la orfandad de madre y por tanto, valorarán nítidamente el amor inmenso de su padre. Mónica donó sus órganos como en tiempo anterior había solicitado a los demás que en el caso actuaran con generosidad y valentía hacia sus desesperanzados prójimos. En nuestra Catedral, en solemne, sensible ceremonia, quedaron depositados los restos mortales de Mónica, en la cripta de la familia. Paulina, su hija mayor, en un instante único, pareció comprender el sentido de la ceremonia luctuosa. Se levantó de su asiento asignado y fue a besar a su padre, en silencio volvió a su lugar.(f) Columnas anteriores
|
Columnas
Cartones
|