Opinión
Antonio Ochoa García de Quevedo
La Revolución Tecnológica: suceso histórico fundador de la posmodernidad

El Occidental
18 de septiembre de 2008

A lo largo de la historia han ocurrido tres revoluciones industriales, las cuales tuvieron lugar después de una extensa era agrícola, misma que comprende aproximadamente 10 mil años. La Primera Revolución Industrial se inicia entre los años de 1735 y 1750, en Inglaterra, con el surgimiento del ferrocarril y la máquina de vapor, al aprovecharse los amplios yacimientos de carbón en el subsuelo inglés, ya que posteriormente, hacia 1769, la hiladora hidráulica fue una de sus más representativas contribuciones.

Por su parte entre los años de 1870 y 1890, comienza en los Estados Unidos la Segunda Revolución Industrial con la que irrumpe el automóvil y se consolida la producción en serie y a escala mientras que a partir del año de 1955 se inicia en la Unión Americana y Europa la Tercera Revolución Industrial o Tecnológica con la creación de los primeros microordenadores y microprocesadores, los que después dieron forma a la fabricación de las primeras computadoras y subsiguientemente alrededor de dos o tres décadas después a la Revolución de las Telecomunicaciones, la informática y la nueva era de la sistematización de los conocimientos.

Lo anterior en su conjunto ha tenido una influencia decisiva en todos los campos de la actividad humana que abarcan desde la economía, las finanzas, las actividades productivas y el trabajo; la política, el gobierno y el ejercicio del poder así como en la educación, la sociedad en general, la cultura, el arte y la propia vida familiar misma que pasó del modelo nuclear a formas más diversas de composición. En este contexto sobresale la larga ola económica expansiva de la posguerra la cual comprende de 1945 a 1975 y en la cual la característica más relevante, fue que tanto las naciones más desarrolladas así como los países emergentes crecieron, esencialmente hacia adentro.

Asimismo para ilustrar la sorprendente expansión que tuvo la economía mundial en la segunda parte del siglo XX, basta decir que mientras que en 1950 había en el orbe aproximadamente 8 mil empresas transnacionales, esa cantidad para el año 2000 se había incrementado a alrededor de 38 mil corporaciones multinacionales, las que junto con sus 250 mil subsidiarias controlan literalmente del 90 al 95% del comercio mundial.

Esto ha puesto en entredicho la propia viabilidad de conceptos y términos convencionales como soberanía y Estados nacionales al representar en la actualidad más que una ventaja comparativa, un impedimento para dar solución a los problemas económicos y sociales de su población. Ciertamente es la interdependencia la característica más distintiva de la globalización de la economía internacional con la que se consolidó en los umbrales del siglo XXI la llegada a la Segunda Modernidad, ya que hay que recordar que con el Renacimiento Italiano de las ciencias y las artes se inició en el siglo XV la Era Moderna.

Respecto al proceso de mundialización debemos decir que es en la región asiática en donde más se han optimizado sus ventajas, ya que basta ver el caso de Japón que resurgió en dos décadas hasta convertirse en la segunda economía del orbe; los países del Sureste asiático: Corea del Sur, Singapur, Taiwán, Tailandia, Hong Kong, Malasia e Indonesia que protagonizaron de 1957 a 1997 el periodo más extenso de crecimiento económico ininterrumpido que documenta la historia así como el caso de China que tras 25 años de expansión del orden del 8% anual, lograron abatir considerablemente la proporción de su población ubicada en la extrema pobreza del 90 al 20% de su gente ya que ahora existen unos 400 millones de personas que conforman los sectores medios mientras que hay aproximadamente 10 mil empresarios chinos con un patrimonio no menor cada uno de 10 millones de dólares.

En efecto con la Revolución Tecnológica sobrevino paralelamente la época posmoderna mientras que con el comienzo del Tercer Milenio se inició la Segunda Modernidad en la cual la contribución cosmopolita de cada país al mundo paradójicamente constituye la mejor forma de reafirmar su nacionalismo. Después del "boom" asiático América Latina se ha quedado un tanto rezagada con la excepción de naciones como México, Brasil y Chile que han alcanzado un notable grado de prosperidad. Sin embargo la tendencia que partió del Continente Europeo apunta ya a la formación de los macro Estados propios de la era de la globalización lo que se confirma con la Unión Europea, la ASEAN en Asia, la Comunidad Sudamericana de Naciones y la Unión Africana.

A mi juicio para que se consolide dicho proyecto de los megaestados deberá de revisarse el gasto militar y armamentístico que en el 2007 llegó a un billón 59 mil millones de dólares ya que con sólo reducir en 5% dicha partida esos recursos serian holgados y suficientes para evitar que cada año mueran de hambre y enfermedad 40 millones de personas en el África Subsahariana lo que nos sitúa ante el imperativo impostergable de conocer los mismos orígenes de la emigración desordenada y en parte del terrorismo por lo que el recurso del desarrollo es el medio más eficaz y equitativo para transitar de una globalización excluyente y a la vez depredadora a una mundialización humanista, democrática y solidaria que tenga como objetivo fundamental el convertir en realidad el más antiguo y sentido anhelo del hombre: la paz.

* Catedrático universitario de la UNIVA.
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