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Opinión
![]() ¡Clic! /Guadalupe Vergara
El Sol de México
3 de septiembre de 2008
* Paseando por el Centro Histórico
* Remembranzas y lugares nuevos * También ahí "Non Solo Panino" Uno de estos sábados, luminoso y cálido que invitaba a salir, decidí recorrer otra vez el Centro Histórico. Uno de mis paseos favoritos desde siempre y que había archivado por la tristeza de impotencia al ver la falta de respeto de las autoridades, de convertir nuestro magnífico Zócalo, único en el mundo, orgullo y propiedad de todos los mexicanos, sitio obligado de admiración para los millones de turistas que nos visitan, tomando fotografías y admirando los arcos, pasajes, fachadas y su conjunto monumental, la Catedral, etcétera, recreándose con los grupos indígenas con sahumerios y caracoles interpretando sus danzas, todo un magnífico espectáculo, inolvidable, en arena dizque de playa y pista de hielo, actividad ésta que nada tiene que ver con nuestras tradiciones o costumbres. "Atractivos" que bien se pueden instalar en otro sitio, a su vez organizando eventos culturales masivos sobre nuestras cosas. Pues también ahí en la Plaza Mayor organizan conciertos con música de otras naciones, instalando aparatos muy voluminosos que, indudablemente, afectan los cimientos del Zócalo capitalino, en lugar de presentar eventos sobre nuestro folclor y fiestas de cada temporada con todas sus facetas, como las posadas. En fin, como millones de ciudadanos, esperamos que dichas autoridades recapaciten y no insistan en poner el Zócalo capitalino al nivel de cualquier terreno baldío. Así las cosas, inicié mi recorrido en el Museo Franz Mayer, donde las colecciones de arte son prodigiosas, siempre hay alguna muestra temática y se puede descansar y leer en sus jardines. Breve pausa en Bellas Artes, otro de los edificios simbólicos y donde se han admirado los espectáculos más importantes y de categoría del mundo como sus expos de pintura y su tesoro artístico. De ahí me fui al Sanborns de los Azulejos. La historia del "Palacio Azul", como lo llamaban entonces, se remonta al siglo XVI. Poco después cambiaría su nombre a la Casa de los Azulejos. El patio interior de la casa, ahora el salón comedor principal, luce sus altas columnas de piedra y como trabes y polines de grandes dimensiones. También es única su fuente de piedra, que constituye uno de sus principales atractivos. Rumbo al Centro puse una carta en el edificio de Correos, asombro de propios y extraños por su incomparable estilo. Después de admirar en la vitrina los postres del Café de Tacuba. Ubicado en una casona del siglo XVII, fundado en 1912, ha configurado su historia en la tradición gastronómica que lo avala a través del tiempo transcurrido, así como su constante lucha por la calidad y el sabor de sus platillos fuertemente arraigados en un México colonial ya desaparecido. Comer en el Café de Tacuba es revivir. Marco de innumerables sucesos, se ha hecho merecedor de ocupar más de un renglón en la historia de México. En sus manteles han quedado migas de recuerdos de grandes eventos: azahares de bodas y blancas manchas de betún como prueba de agasajos y banquetes de plateados y dorados matrimonios, trozos de celuloide de películas firmadas como "Los hijos de Sánchez", en la que Anthony Queen caracterizó al señor Santos Hernández, empleado del café por más de 50 años y modelo de la obra consagrada de Oscar Lewis. Me detuve después en el Munal, donde admiré una exposición de pintura mexicana, recorriendo salas y escaleras como docenas de visitantes con sus grupos y familias que absortos veían las obras expuestas. A pocos pasos de Tacuba 17 descubrí el Museo Interactivo de Economía, el Mide, que promueve la divulgación de los conceptos básicos de la economía a través de exhibiciones interactivas, didácticas y divertidas. Además, muestra la colección numismática del Banco de México y ofrece un recorrido a través de la historia del edificio que lo alberga. El Mide se encuentra ubicado en el Antiguo Convento de Betlehemitas, edificio del siglo XVIII cuya restauración de casi 15 años es una de las más importantes que se han realizado en el Centro Histórico de la Ciudad de México en las décadas. El Palacio de Iturbide no lo pude visitar por estar ese día cerrado, así que sólo admiré una vez más sus fachadas y para refrescarme entré a la cantina La Opera, a tomar una fresca margarita, como mis acompañantes de Barcelona que estaban encantados. Lugar singular donde ahí departieron personajes como el mismísimo Pancho Villa. En Filomeno Mata 8, Club de Periodistas, no había actividades y sólo vimos el patio, también de gran belleza. Ya en la plancha del Zócalo, después de visitar San Francisco, La Profesa, el Pasaje de Joyeros, los descubrimientos y restauración del Templo Mayor, una chela en La Casa de las Sirenas, en República de Guatemala 32; ahí hay docenas de marcas de tequila, un patio acogedor, plantas y adornos como un menú delicioso, por lo que su clientela es de las frecuentes. Pero no consumimos nada, ya que, desde siempre, el mejor broche de oro es ir a la Hostería de Santo Domingo, en Belisario Domínguez 72, casi al lado del Templo y Plaza del mismo nombre, donde los escribanos le crean su mejor carta de amor. LA HOSTERIA DE SANTO DOMINGO La Hostería de Santo Domingo abre sus puertas en 1860, teniendo 148 años a la fecha de servir la auténtica comida tradicional mexicana los 365 días del año y es el restaurante más antiguo de la Ciudad de México. La hostería de Santo Domingo ha hecho de su comida un estandarte de las delicias nacionales, conservando ese sazón casero que sólo tenían las abuelas y bisabuelas que las preparaban. Hoy en día es difícil encontrar un restaurante que sea dirigido por personas que se preocupan por rescatar los originales platillos mexicanos para ofrecer y compartir con la gente, tal como lo hacen sus propietarios, la familia Orozco. En cada rincón del restaurante se respira un ambiente natural, alegre, lleno de tradición mexicana y lleva físicamente el deleite de las distintas personalidades en la vida nacional, expresado con sus firmas y felicitaciones en las paredes. Entre las personalidades que la han visitado, por nombrar algunas, se encuentran: Miguel Lerdo de Tejada, Artemio del Valle Arizpe, Carlos Chávez, Mario Talavera, Alfonso Esparza Oteo, Ignacio Esperón, Salvador Novo, Agustín Lara, Pedro Vargas, Javier Rojo Gómez, Pedro Armendáriz, Dr. Atl, María Félix, Lorenzo Garza, Alberto Balderas, Adolfo López Mateos, José Angel Ferrusquilla, José Mojica, Mario Moreno "Cantinflas", Jacobo y Abraham Zabludovsky y Emilio Azcárraga Milmo. Algunos de los platillos típicos de la Hostería son: * Enfrijolada Santo Domingo: Deliciosa crema hecha a base de frijol molido en metate, acompañada de tortilla dorada, queso fresco y chile chipotle. * Pechuga ranchera en nata: Exquisita pechuga de pollo preparada con nata de leche y chile pasilla, acompañada con arroz mexicano. * Pollo mancha mantel: Platillo que surge de la combinación de diferentes tipos de chiles y especies con frutas como el plátano macho y el durazno. Su nombre proviene de la afirmación: "aquel que no manche el mantel al comer es porque realmente no comió". Este platillo se prepara únicamente el 10 de mayo y es originario del estado de Puebla. * Chile en nogada: Es la especialidad de la casa, riquísimo chile poblano relleno con carne molida de res y de cerdo combinadas con almendras, pasas y aceitunas, capeado y bañado con una salsa de nuez de castilla. Todos estos ingredientes son de temporada, de mediados de julio hasta mediados de septiembre de cada año, pero en la Hostería se puede disfrutar todos los días del año con el mismo sabor de temporada. Estos platillos se complementan con los postres de la abuela, como la calabaza en tacha, la crema atzimba, los cabellitos de ángel y, desde luego, las ricas galletas de nata y los huesitos de manteca. En su atmósfera barroca, con papeles picados en el techo, portones de madera y cristal, paredes coloridas, pinturas que evocan recuerdos del México de siempre, salta la nostalgia bohemia con música de violín y piano, acordes que acompañarán el degustar de la comida tradicional mexicana; toda la Hostería de Santo Domingo tiene sabor a historia, desde su edificio, platillos, cuadros, el vitral, la clientela y, por supuesto, su fantasma. Ya de regreso a la Alameda, por la calle de Madero pasamos por Motolinía y ahí en el número 37 descubrí el Non Solo Panino, lo que me comprobó que el que persevera alcanza, pues mis amigos Gino Pecorell, Alejandro Franco y Emmanuel Viani están creando una cadena con su gastronomía de Italia, logrando el éxito con una clientela asidua. Gino inició con Batise Lormand en el corazón de Polanco este sitio informal sin pretensiones, pero con una carta bien pensada, bien ejecutada, con respectiva y variada cava, y precios que revolucionaron en esa elitista zona y de ahí todo es historia que continuó en la Plaza "Luis Cabrera", en la Roma, con Non Solo Panino; después en el Parían de Alvaro Obregón Non Solo Pasta y un bar arriba muy original, Non Solo Bar, para ahora abrir este cuarto Non Solo Panino en el Centro Histórico, donde su clientela sale feliz y satisfecha, pues desde tanto per iniziare: Gamberi, Calamari, Fritti, Topaia o Zuppa del Giorno, como Insalate Rustica, Caprese, Formaggio e Noi. Los Panini: Caprese, Regina, Tonnato, Quattro Fromaggi, Niza o Malanzane o los Panini del Mondo: Indu, Campagna o Piacere, de pastas Laguna o Canneloni. Cafetería surtida y doce del Giorno. Pero lo más original son las combinaciones de cerveza, como en Europa entre las más solicitadas está la combinación tango con jarabe de granadina, panache que lleva soda y limón y la Cervoise con vino blanco, jarabe y limón. ¡Inolvidables! Con este fresco refrigerio, un paseo por la Alameda, terminé ese estupendo sábado veraniego, que les recomiendo como los otros mil lugares que se encuentran en el Centro Histórico... Nos veremos más tarde... Que el cielo los juzgue. Columnas anteriores
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