Opinión
Vanguardia Política
Aurora Berdejo

Organización Editorial Mexicana
22 de agosto de 2008

Ebrard por primera vez en Palacio Nacional con FC; todos firman el Acuerdo

Una sesión muy solemne fue la del XXIII Consejo Nacional de Seguridad Pública en la que la corrección del guión resultó sin duda oportuna por legal, ya que inicialmente el convocante a la reunión del CNSP fue el Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, pero ayer fungió como anfitrión -como correspondía-, el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, presidente de dicho Consejo, de acuerdo al artículo 30 bis, inciso III de la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal. Pero no por legal, sin embargo, el Acuerdo Nacional para la Seguridad y la Legalidad deviene pertinente, ya que lo expresado en el texto firmado corresponde, ni más ni menos, que a las obligaciones de las autoridades encargadas de garantizar en el país el Estado de derecho y la seguridad pública y en ninguna de tales obligaciones establecidas por las leyes que rigen el accionar de las autoridades firmantes, se señala que ahora es necesario firmar acuerdos para que simple y llanamente, la ley se cumpla en México.

A partir de ayer -según se deduce del texto del Acuerdo-, nada de lo que han dejado de hacer las autoridades responsables de la seguridad pública les es imputables porque, al parecer, se ha firmado la política del "borrón y cuenta nueva" puesto que todo lo que debió llevarse a cabo desde el momento en que las autoridades empezaron a ejercer su cargo se hará dentro de los plazos establecidos ayer, de acuerdo a lo que leyó Roberto Campa, coordinador ejecutivo del CNSP, quien por cierto se sorprendió de que por primera vez en una reunión de dicho Consejo estuvieran todos, sí, todos sus integrantes, porque estamos hablando de los 32 gobernadores más, desde luego el jefe del gobierno capitalino.

Luego de la denominada "cumbre" que tuvo lugar en el Salón Tesorería de Palacio Nacional, a donde por primera vez estuvo Marcelo Ebrard, jefe del GDF con Felipe Calderón -aunque con distancia-, el país entero se pregunta con razón si era necesario un acuerdo para iniciar una urgente depuración policial en todos los órdenes de gobierno, especialmente cuando los casos de corrupción y asociación delictiva de miembros de la policía con la delincuencia organizada está más que probada y demostrada. ¿Acaso la actual administración va justificar el que por falta de un acuerdo no ha apoyado suficientemente a los estados en el combate de los delitos de orden federal?

Con el Centro Histórico convertido en un "búnker", el presidente Calderón ingresó por una puerta trasera y ya en la reunión solo abrazó a Alejandro Martí -padre de Fernando-, quien les pidió a funcionarios, gobernadores y demás integrantes del CNSP, que si no pueden devolver el clima de seguridad en el país, mejor renuncien. Por su parte, Marcelo Ebrard -al igual que los gobernadores perredistas- se atravesó caminando por el Zócalo desde el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, acompañado de los coordinadores del Sol Azteca en el Congreso, Carlos Navarrete y Javier González Garza, pero el jefe del gobierno capitalino no degustó la sopa de hongos ni los chiles en nogada pues arribó pocos minutos antes de las cinco de la tarde, y también estuvieron ausentes los coordinadores parlamentarios del PRI, Emilio Gamboa, en San Lázaro y Manlio Fabio Beltrones, en el Senado, por estar en las plenarias de sus bancadas. Incluso, el sonorense desde Aguascalientes -donde se llevará a cabo la XX Asamblea Nacional del tricolor-, dijo que Calderón tiene un "gabinete de cuates".

Sin duda el que se llevó el premio por la forma en que llegó al encuentro fue el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, en motocicleta sin casco, para que lo reconociera todo el que lo vio y acompañado por sus escoltas. Ya adentro del Salón Tesorería, a donde también asistieron los secretarios de Hacienda, Agustín Carstens; Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez y la maestra Elba Esther Gordillo, entre otros, Ebrard, que traía la clásica corbata amarilla, estuvo sentado entre el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira y de Durango, Ismael Hernández Deras

El presidente lució corbata azul y estuvo al centro de la mesa en forma de herradura, ubicado entre el secretario García Luna; el líder del Senado, Santiago Creel -que estuvo acompañado por la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta-, y el secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván. A su izquierda estaban el ministro-presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Guillermo Ortiz Mayagoitia, el secretario de Marina, Francisco Mariano Saynez y los gobernadores Peña Nieto; José Reyes Baeza, de Chihuahua; Natividad González Parás, de Nuevo León; Héctor Ortiz, de Tlaxcala y Fidel Herrera, de Veracruz; pero sin duda, la cara amable de la presidencia de la República fue César Nava, secretario particular del jefe del Ejecutivo, que en todo momento estuvo diligente y atento, al igual que en la Sala de Prensa lo hicieron Max Cortazar, director de Comunicación Social de la presidencia; su homólogo en la secretaría de Gobernación, Miguel Monterrubio Cubas y la PGR, Fernando Castillo lo que sin duda contrastó con la actitud prepotente -que ni Ebrard tiene- de Oscar Argüelles, "flamante" coordinador general de Relaciones Institucionales del GDF y los largos bostezos de la gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, que evidenció así su total fastidio.

Alrededor de cuatro horas duró esta reunión en la que llamó la atención de los analistas que para el cumplimiento de metas muy concretas se fijaran plazos perentorios que van desde los 30 días hasta los tres años. Un documento que firmaron todos los gobernadores, coordinadores parlamentarios, miembros del Poder Legislativo y de la sociedad civil. Lo firmó hasta la profesora Gordillo y Josefina Vázquez Mota, titular de la SEP no porque ni siquiera estuvo presente.

aurora_berdejo@yahoo.com.mx
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