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Internacional
Villa Montmorency, refugio secreto de millonarios franceses
El interior en la actualidad. El discreto encanto de la burguesía. Foto: OEM
Organización Editorial Mexicana
17 de agosto de 2008
Carlos Siula / Corresponsal en Francia
París, Francia.- Un proverbio francés postula que "pour vivre heureux, vivons cachés" (para vivir felices, vivamos escondidos). Esa máxima cobró toda su importancia cuando los elementos más exaltados de la Revolución Francesa se dedicaron a guillotinar a la nobleza y pillar los bienes de la aristocracia. Las huellas de ese periodo nunca desaparecieron por completo. Desde entonces, las mansiones y las grandes propiedades francesas están rodeadas de altos muros y espesas arboledas que neutralizan toda mirada exterior. Ese reflejo de defensa casi genético caracteriza un fraccionamiento, prácticamente invisible desde el exterior, considerado como el lugar más exclusivo, más caro y más inaccesible de París: la Villa Montmorency (pronunciar vilá montmorancy). Ese predio concentra la mayor cantidad de millones de euros por metro cuadrado de toda Francia. La Villa -como dicen familiarmente sus habitantes-, tiene tres entradas: dos para peatones y una sola para automóviles. Pero el punto de ingreso más conocido es el gran portal de hierro forjado en el número 12 de la rue Poussin. Ese lugar, aparentemente banal, está situado en el corazón del aristocrático distrito XVI de París, a pocos pasos del Bosque de Boulogne, del estadio de tenis Roland Garros, del hipódromo de Auteuil y de las suntuosas instalaciones deportivas de Racing, uno de los clubes más exclusivos de Francia. Aunque está ubicado en una de las zonas más conocidas de la capital francesa, muy poca gente conoce la existencia de ese territorio de 1,5 km2, donde residen apenas un centenar de familias, incluyendo algunas de las mayores fortunas del país. Allí vive, por ejemplo, el industrial Vincent Bolloré que, con un patrimonio de 4 mil 800 millones de dólares, está considerado como la 16a fortuna de Francia, según la clasificación del semanario especializado Challenge. Pero, curiosamente, la revista Forbes -verdadera Biblia en la materia- le acredita sólo mil 200 millones y lo ubica en el puesto 843 del ranking mundial de millonarios. Bolloré posee una fastuosa mansión en la avenida de Sycomores, la calle más aristocrática de ese enclave. Unos metros más lejos tienen sus residencias sus hijos Yannick y Sébastien. Bolloré es el personaje más conocido de la Villa, sobre todo porque desde hace años preside con mano de hierro el llamado Sindicato de Copropietarios. "Hay que verlo los días de asamblea general buscando a los propietarios casa por casa para que vengan a defender sus intereses", comenta su vecino Xavier Niels, el discreto propietario del grupo de Internet de alta velocidad Iliad-Free (23a fortuna francesa con un patrimonio 3 mil 600 millones de dólares). Bolloré aplica en la Villa los mismos métodos de gestión implacable que rigen su actividad como empresario. Gracias a ese riguroso control, los gastos mensuales de casa residencia no pasan de mil 500 dólares mensuales. "Podrá ser muy millonario, pero cuando tiene que firmar el cheque de los gastos hay que ver cómo protesta", bromea otro de sus vecinos. Bolloré es amigo personal del presidente Nicolas Sarkozy. El fue quien le prestó su jet privado y su yate personal, Paloma, para que Sarkozy descansara durante un fin de semana con su familia en la isla de Malta inmediatamente después de haber sido elegido presidente, en mayo de 2007. Ahora esa relación se estrechó más que nunca. En lugar de ir al Palacio del Elíseo, demasiado indiscreto, cuando Bolloré quiere reunirse con Sarkozy sólo tiene que caminar un centenar de metros, salir por una puerta lateral del fraccionamiento y cruzar la calzada para ingresar en el hôtel particulier que posee la exmannequin Carla Bruni en la rue Pierre-Guérin, justo detrás de la Villa Montmorency. Desde que se casó en terceras nupcias, Sarkozy prefiere abandonar el Elíseo por la noche para mantener una verdadera vida familiar en la casa de su esposa. Bolloré se disputa la amistad presidencial con Arnaud Lagardère, 65a fortuna de Francia, con un patrimonio de 970 millones de dólares. Lagardère también vive en la avenida de Sycomores. Su fortuna personal es sólo la parte visible del iceberg. Su holding controla una parte del paquete accionario de EADS, la empresa aeroespacial que construye los Airbus y los satélites Ariane, pero además posee uno de los mayores imperios mediáticos del mundo, que incluye la editorial Hachette, Filipacchi Publications, que edita el semanario Paris-Match, la influyente radio Europe 1 y tres canales de televisión por cable. "Nicolas es mi hermano", suele decir Lagardère cuando habla del presidente francés. Sarkozy es un habitué del lugar. En los tramos finales de la campaña presidencial de 2007, cuando había dejado el ministerio del Interior y no tenía domicilio, estuvo alojado en la casa de Dominique Desseigne, que dirige del Grupo Lucien Barrère, especializado en la gestión de casinos y hoteles de lujo. La noche de su elección, Sarkozy festejó la victoria con un reducido grupo de amigos en la discoteca del hotel Fouquet's, que administra Desseigne. Otro pater familias como Bolloré es el magnate Jean-Paul Baudecroux, 102ª fortuna de Francia. Aunque nació con una cuchara de plata en la boca, su patrimonio creció en forma sideral cuando creó NRJ, que fue la primera radio verdaderamente juvenil de Francia. Además de su residencia, poco a poco Baudecroux compró otras tres casas en la Villa Montmorency para alojar a sus tres hijos con sus respectivas familias. En ese mismo lugar exclusivo viven las cantantes Mylène Farmer, Rika Zarai y Sylvie Vartan, el rey de las gafas Alain Afflelou, los banqueros Michel Cicurel (que dirige la Financiera Edmond de Rothschild), Grégoire Chertock (Rothschild & Cia) y Jaques Tenaille d'Estais, Gilles Jacob (presidente del Festival de Cannes), los industriales Jean-François Roverato (presidente de la empresa constructora Eiffage), el petrolero Alain Guillon y el productor cinematográfico Tarak Ben Ammar. Pero el más chic de esa aldea es, sin duda, Henri de France, considerado como uno de los herederos de la corona de Francia. Entre los ilustres antecesores que vivieron en ese lugar figuran los escritores Jean-Jacques Rousseau, Víctor Hugo y André Gide, el filósofo Henri Bergson y la actriz Sarah Bernhardt. Más recientemente, pasaron fugazmente por la Villa los artistas Gérard Depardieu, Carole Bouquet e Isabelle Adjani, pero rápidamente abandonaron ese lugar donde la aristocracia del dinero no acepta el contacto con los parvenus (nuevos ricos). Ese coto exclusivo no sólo permite rodearse de gente de la misma casta, sino que -a veces- también facilita los negocios. Tarak Ben Amar es un aliado clave de Bolloré en el consejo de administración de Mediobanca, el banco más importante de Italia. Pero también es un personaje clave que le facilita el acceso al poder en Roma, gracias a su vieja amistad con el primer ministro Silvio Berlusconi. Ben Amar también mantiene estrechas relaciones de negocios con el magnate saudita Al Walil ben Talal. Otro característica de la Villa es que las rivalidades del mundo de los negocios deben quedar afuera de ese recinto privado, donde imperan las buenas costumbres. Hace algunos años, Bolloré lanzó una ofensiva bursátil hostil para tratar de comprar TF-1, el principal canal de televisión de Francia, propiedad de los hermanos Martin y Olivier Bouygues, que también controlan una gran empresa constructora, un gigante de telefonía móvil y una parte de Alstom, que fabrica trenes de alta velocidad y centrales nucleares. Fue una guerra sin cuartel que duró varios meses. Pero, aun en los momentos más difíciles, Bolloré nunca dejó de saludar y cambiar algunas frases de cortesía con Corinne Bouygues, que en ese momento vivía a pocos metros de su casa. El único cambio, apenas perceptible, es que los hermanos Bouygues dejaron de venir a cenar una vez por semana a la residencia de Corinne. Tampoco está bien visto hacer jogging por las calles internas de la Villa, conducir demasiado rápido, pasearse en ropa demasiado deportiva o muy exhibicionista en el caso de las mujeres. Pero a nadie le escandaliza que alguien se pasee con un pullover que muestra los codos gastados. Saber ahorrar es una virtud cardinal de la burguesía de la vieille France (vieja Francia). En cambio es de mal gusto exhibir ostentosamente la riqueza, mediante fiestas ruidosas, coches deslumbrantes o apareciendo en las revistas del corazón. El fraccionamiento tiene un riguroso código de reglas que se fue enriqueciendo progresivamente desde que ese ghetto comenzó a existir a mediados del siglo XIX. El reglamento de la copropiedad, apenas modernizado desde su primera versión en 1853, impide tener más de dos coches por vivienda y obliga a reemplazar todo árbol que se corta. Igualmente prohíbe hacer barbacoas. También exige que todos los trabajos de modernización sean aprobados por el Sindicato de Copropietarios y se realicen respetando el estilo del fraccionamiento. Arnaud Lagardère demoró varios años en obtener la autorización para hacer un agujero de 17 metros de profundidad en su casa para construir una piscina cubierta, un sauna, un baño turco y una sala de juegos. Cuando los vecinos protestaron por el ruido de las excavadoras, Lagardère los calmó momentáneamente enviando una caja de Bordeaux añejo a sus vecinos y una caja de chocolate de Devaube et Gallais a las esposas. Otra regla de oro es el silencio. Para evitar ruidos molestos, se prohibió el ingreso de los camiones recolectores de basura. La Villa tiene un servicio propio que efectúa el trabajo sin ruido. Los jardineros también trabajan en silencio y hasta la aspiradora que recoge las hojas muertas en invierno apenas produce un ligero zumbido. PLENO RESPETO A LA VIDA PRIVADA * Los paparazzi tienen prohibido publicar una foto del interior. * Los propietarios son todavía más estrictos sobre el respeto de la vida privada. Un cartel ubicado en la pared junto a la entrada advierte claramente a los indiscretos: "La Villa Montmorency no es pública". Los paparazzi saben perfectamente los riesgos que corren si publican una foto del interior del fraccionamiento. La cantante Rika Zarai ya ganó dos juicios a fotógrafos que publicaron imágenes de las calles y casas de la Villa. w La misma prohibición vale para los científicos que intentaron estudiar ese claustro. "Durante largo tiempo intentamos en vano poder ingresar, pero fue imposible", reconocen los sociólogos Michel Pinçon y Monique Pinçon-Charlot, autores de un tratado titulado Sociología de la burguesía. * Cada una de las entradas cuenta con un riguroso sistema de vigilancia que impide el ingreso de toda persona ajena al lugar. Los visitantes deben identificarse, indicar a quién van a visitar y esperar que un guardia consulte telefónicamente con el interesado. Todo el recinto está controlado por un sistema de televisión en circuito cerrado y, por las noches, los vigías efectúan rondas con perros. Ese dispositivo, con todo, está lejos de alcanzar los niveles paranoicos de protección que existen en algunos countries de Estados Unidos o en ciertos barrios cerrados de América Latina. Pese a todo, hace dos años hubo un robo, lo que provocó un enorme escándalo y el despido del equipo de guardias. En 2003 una anciana fue asesinada de un escopetazo por el marido de una empleada doméstica que había sido licenciada. "Fue un verdadero traumatismo para los habitantes", recordó con consternación un propietario. * Contrariamente a esos nuevos ghettos de nuevos ricos que proliferaron durante los últimos años en algunos suburbios de París, la Villa mantiene su fidelidad a la arquitectura haussmanniana. Ese estilo inconfundible fue creado por Georges Eugène Haussmann, el urbanista que modernizó París a fines del siglo XIX y le dio su actual característica. * La mayor parte de sus edificios son hôtels particuliers de tres o cuatro pisos, de 120 metros cuadrados por planta. Construidos hace más de un siglo, conservan intacto su aspecto externo. Pero todos los interiores fueron modernizados por los mejores arquitectos de Francia. Casi todos tienen un vasto jardín de 100 a 200 m cuadrados protegido por un espeso follaje. * Ninguno de esos edificios cuesta menos de 5 millones de euros (8 millones de dólares). * El fabricante de gafas Alain Afflelou asegura que recientemente rechazó una oferta de 30 millones de euros (48 millones de dólares) por su casa. "Si no me pagan U$S 56 millones, no la vendo", proclama. Sus vecinos lo miran con escepticismo. * Otro propietario pide 25 millones de dólares por su mansión de 600 m cuadrados cubiertos con una hectárea de jardín, pero hasta ahora no consiguió comprador. "Esa casa vale 15 o 20, pero nunca 25 millones", sostiene el director de una agencia inmobiliaria. * A título comparativo exhibe la ficha de un soberbio hôtel particulier de varias plantas, con una gran recepción, comedor, amplia cocina, una master-bedroom en suite con sala de baño y cuarto de vestir, otras cuatro habitaciones con sus baños, una amplia sala de home-cinema, subsuelo con dependencias de servicio y garage. Ese auténtico palacio, recién renovado (ver foto), cuesta 5 millones de euros (8 millones de dólares). * Ese es, tal vez, el precio de vivir escondido para poder ser feliz, como pretende el proverbio. |
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