Opinión / Columna
 
Jorge Schiaffino Isunza 
"Línea 12, el fracaso sexenal"
El Sol de México
14 de septiembre de 2014

  Cuando leemos y escuchamos las declaraciones del presidente Enrique Peña Nieto, en relación con la construcción del aeropuerto internacional de la Ciudad de México. Cuando dice que será una obra transexenal, nos vienen a la mente los fracasos sexenales, la malsana costumbre de realizar obras faraónicas que, normalmente por el ansia de trascender como buenos mandatarios, se inauguraban sin concluir y en el peor de los casos mal hechas y plagadas de corrupción.

Podemos recordar obras como los segundos pisos, presas en el país, carreteras, el circuito vicentenario de la Ciudad de México y tantas y tantas obras que resultan ser un fracaso, no obstante la utilidad que deberían representar para los habitantes de las entidades federativas donde se realizan.

Pero sin duda, la obra que se llevó el primer lugar en ineficiencia y corrupción en todos los sentidos, es la Línea 12 del Metro, que fue anunciada como la obra del siglo y que nada tiene que ver con el sistema de transporte que venía funcionando en la ciudad de México, como un ejemplo de transporte eficiente, que fue inclusive en algún tiempo, ejemplo para muchos países, que vinieron a la Ciudad de México a capacitarse para sus propios sistemas de transporte.

Hoy el Metro con todo y las novedosas escaleras de piano, constituyen una vergüenza para el transporte de la ciudad. La Línea 12, la Dorada, cuyo proyecto costó más de 25 millones de pesos, proyecto que todavía no se sabe si cumplió con las normas y características señaladas en la Ley, resultó ser un fracaso.

La construcción se inició en 2008, mediante diversos, costosos y dudosas cantidades por cerca de 20 mil millones de pesos, construcción que se desarrollaría entre el 3 de julio del 2008 y finales del 2011. Es evidente que el contenido de los contratos no se cumplieron.

Se encontraron problemas a través de diversas auditorias que no se dieron a conocer en el proyecto. Las obras carecen de un plan ejecutivo, se modificaron incontables veces las rutas que había que seguirse en el proyecto original, por conflictos de propiedad del terreno, de expropiaciones mal hechas y nuevamente de una gran corrupción.

Se cambiaron los proyectos de superficie a tramos elevados o subterráneos en gran parte de la ruta original. Las vías como lo hemos dicho, no concuerdan con los carros de ferrocarril, que por cierto ni siquiera son patrimonio del Sistema de Transporte Colectivo Metro, ya que fueron dudosamente rentadas.

Eso y otros cambios, evidentemente crearon modificaciones a los presupuestos originales, modificaciones evidentemente millonarias que no se dan a conocer a la opinión pública. Según datos duros filtrados, ascienden a más de diez mil millones de pesos, más del 50% del costo original.

Hoy las investigaciones que se realizan, hay que reconocerlo, ya señalan culpables, se otorgan castigos y se señalan multas, mínimas por cierto, en relación a lo defraudado. Esperamos sea el principio y que lleguen hasta sus últimas consecuencias y castiguen a los verdaderos culpables que hoy retan con diálogos abiertos para justificar lo injustificable y pretenden además, encabezar a su partido, como lo ha anunciado en el Partido de la Revolución Democrática, por cierto apoyados por el símbolo de la corrupción en los gobiernos perredistas, René Bejarano.

Al tiempo, a ver si verdaderamente se hace justicia.

* Exlegislador

j.schfas47@hotmail.com
 
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