Opinión / Columna
 
Anatomía de lo social 
Arturo Duen Torres 
Mis tres amigos y los valores universales
El Sol de Tlaxcala
3 de febrero de 2012

  "La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas"

Karl Marx



Caminar por las calles de la capital, antes de llegar a la reunión con los amigos, se ha convertido también en una costumbre, disfrutar del saludo momentáneo de viejos conocidos revitaliza el recuerdo de aquella ciudad apacible y quieta, hoy convertida en una pequeña metrópoli, aderezada con todos esos pequeños y grandes problemas que le circundan. Así es, caminar por la plaza central, es mirar la historia de nuestra tierra, plasmada en los murales del palacio de gobierno, es mirar ese proceso de aculturación promovida por la gente llegada de otros confines, pero integradas a la vida y tránsito cotidiano; a pesar de eso, prisa y tranquilidad aún guardan ese sabor de provincia envidiado en otras partes de nuestro país.

Después de tan breve descripción en la que, por supuesto, omití muchos detalles, llegué al lugar en el que ya me esperaban mis camaradas, recibiéndome con la simpatía de siempre; antes de ocupar mi lugar solicité se nos sirviera, a cada uno, la taza de café que completaba nuestro escenario, mientras eso ocurría, pude percatarme que uno de ellos tenía un cuadro muy severo de gripe, así lo evidenciaba el escurrimiento nasal, los ojos enrojecidos y el color de su piel; además de estar protegido por unos guantes y una gruesa chamarra; han de disculparme si no hablo mucho esta tarde, pero ya ven mi estado de salud; sin embargo, no quise perderme esta reunión con ustedes; no te preocupes -le respondió otro amigo- finalmente yo tomaré el rumbo de la charla, por lo que quiero, desde ya, participarles de las actividades en las que estoy involucrado, primero, decirles que establecí un centro de acopio en mi domicilio para recibir la ayuda humanitaria de los ciudadanos y enviarla, posteriormente, hasta la Sierra Tarahumara, en solidaridad con quienes viven situaciones extremas de pobreza; por eso, extiendo mi invitación a que se sumen a esta campaña de solidaridad nacional en bien de quienes lo necesitan; entonces váyanme diciendo con qué los apunto para hacer el inventario general de las donaciones, recuerden que lo que hagamos hoy será la muestra de los valores aprendidos desde nuestra infancia; por eso yo ya compré una buena dotación de alimentos no perecederos para ponerles la muestra, mientras eso decía señalaba un rincón del establecimiento donde estaban unas bolsas llenas de víveres que, según el, eran para enviarlas a la sierra.

Haciendo a un lado el malestar que lo abatía, el amigo enfermo le refutó casi de inmediato; no puedo quedarme con las ganas -dijo- de hacer patente mi reproche por lo que acabas de decir; tú has perdido, en esencia, esos valores de los que presumes; te has convertido en una persona llena de soberbia, vanidosa, presumida, que se escuda en una aparente bondad para satisfacer tu ego, haciéndonos notar tu posición económica, te pregunto, ¿cómo harás llegar lo que juntes, si no tienes forma de hacerlo? Bueno, -respondió el aludido- será a través de alguna organización que se dedique a estos fines altruistas y que hará la transportación; me da pena tu situación -reviró el amigo enfermo- nada garantiza que verdaderamente lleguen esos alimentos a su destino, mejor busca otras formas de ayuda o bien repártelas entre la población de tu tierra, que también tiene núcleos de pobreza; eso, posiblemente hable de valores, por ejemplo, de generosidad, solidaridad, honestidad, verdad, y tendrás la certeza de conseguir lo que en realidad quieres. Y bueno, como te digo casi siempre, es tu dinero y tus ideas, solo no hagas lo que algunos políticos que envían toneladas de ayuda, esperando que su acción se traduzca en sufragios para su causa.

Acostumbrado estoy a sus formas -intervino el amigo de la cordura- y desavenencias, porque sus comentarios dificultan la construcción de un comentario imparcial, que se ajuste a sus opiniones, como también a esta realidad en la que vivimos; y mas aún cuando los problemas se radicalizan, de acuerdo a los intereses de quien los trate; eso es lo que ocurre con el magnificado tema de la pobreza en la Sierra Tarahumara, fenómeno que fue tocado, desde hace muchos años, por antropólogos e historiadores, comentado y publicado en películas que hacían notar la pobreza y el hambre de esa región del país; simbolizando, por supuesto, la desgracia en otros estados donde también se vivía en estas condiciones; en las que, además del hambre y pobreza, se notaba el olvido del gobierno; este último cometario se retoma hoy por la clase política para denostar y acusarse mutuamente, no con la intención de resolver el problema, sino con la intención de posesionarse electoralmente; por eso el manoseo y protagonismo de mucha gente en razón de un interés particular y no general.

Ahora, por otro lado, el tema de los valores se ha incorporado nuevamente en muchas áreas donde las personas se desenvuelven, con el fin de mejorar las relaciones interpersonales y alcanzar un estado de armonía social y de colaboración entre los iguales, aprovechándose, muchas veces, por las circunstancias en las que se viven, como en el caso que acabo de describir; sin embargo, el éxito en la aplicación y práctica de esos valores universales corresponde a los individuos, quienes expresan su sentimiento a través de compartir lo que tienen con aquellos que atraviesan por situaciones adversas. Entonces, solidaridad, generosidad, bondad, respeto, y todos aquellos que los complementan servirán a las personas que los practican, haciendo la diferencia entre quienes sólo los hablan y presumen, como hacen los políticos; si se estableciera una dinámica de participación y de práctica de valores la sociedad sería diferente.

Sembrada la semilla de practicar los valores para un bien colectivo, se termino el café y la charla, sólo nos quedó tiempo para despedirnos y acordar la próxima reunión...
 
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