Opinión / Columna
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Tiempos de Democracia
José Vicente Sáiz Tejero
Los prolegómenos de la lucha por los escaños senatoriales tlaxcaltecas
El Sol de Tlaxcala
30 de enero de 2012
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·La habilitación de Lorena como candidata de oposición, resultado de la insensibilidad priísta
·El error del PRI revitalizó las aspiraciones de las izquierdas... y de una disidente sin expectativas
·El nombre de Lorena en la boleta para el Senado plantea variantes que complican el pronóstico
El gobernador González Zarur sigue innecesariamente agregando nombres a su ya larga lista de enemigos políticos. Ahora es el de Lorena Cuéllar, militante priísta a la que se bloqueó la posibilidad de competir por la candidatura al Senado de la República. No es fácil explicar cómo, teniendo a toda la estructura del partido alineada a favor de su causa, no se esperó a vencer de forma categórica a la hoy disidente del tricolor en la convención de delegados en la que, en el próximo febrero, se conocería el nombre de los elegidos.
Salvo que ese dominio de las seccionales de su partido que le atribuyo al gobernador no fuera confiable, o incluso en la inadmisible hipótesis de que ese control no existiese, creo que se cometió una equivocación política que podría traer serias consecuencias al interés priísta. Si a Lorena se la hubiera dejado llegar a la convención, es seguro que habría sido derrotada con la misma contundencia con que Mariano lo hizo en ocasión de aquellas primarias a las que convocó el PRI para definir la postulación a la gubernatura del estado.
Vencida por el voto de los convencionistas, a Lorena se le habrían cerrado todas las demás opciones. En primer término, no podría argüir -como con toda razón hoy lo hace- que, pese a su hoja curricular como militante, se le impidió competir democráticamente y, en segundo lugar, los tiempos electorales no le habrían permitido -o por lo menos se lo habrían complicado- buscar la candidatura en otros institutos políticos. ¿O es que acaso no se sabía que varios partidos en Tlaxcala estaban al acecho de alguna deserción priísta?
Manuel Camacho, el hombre que hoy mueve la batuta en la coalición político-social armada en torno a López Obrador ya hizo saber -en rueda de prensa nacional- que Lorena será la candidata de las izquierdas al Senado de la República. El que tenga que salvar antes una encuesta es sólo una más de las mascaradas que suelen montarse en el PRD y partiditos asociados. Según lo acordado, Lorena será la nominada y, además, irá en el primer lugar de la boleta del sol azteca. Aunque rabien los perredistas que buscaban ese sitio.
En estos movimientos en que predomina la conveniencia electorera, poco o nada importa la ideología y capacidad de la candidata. Que aquí recordemos episodios protagonizados por Lorena que sonrojarían a cualquier político serio es lo de menos. Su calidad de víctima -y mujer además- del priísmo autoritario la convirtió de golpe en candidata atractiva para un lopezobradorismo carente de figuras de relieve en Tlaxcala. Suena increíble, pero el PRI sirvió en bandeja al tabasqueño un buen número de votos con los que seguro no contaba.
Así las cosas, una competencia que pintaba para carrera parejera entre el PAN y el PRI, podría volverse una elección dividida en tercios. ¿Exagero? Veamos: el PRD con Andrés Manuel vale electoralmente -según las encuestas- entre un 18 y un 20 por ciento. Con la aportación del Movimiento Ciudadano y del PT, esa alianza quizá alcance en Tlaxcala un 22 por ciento. Y si Lorena le suma a la causa un modesto 10 por ciento entonces la fórmula de las izquierdas (¿) para el Senado entraría de lleno a la franja competitiva. A temblar.
De lograr reunir esa cantidad de votos, Lorena podría entrar a la Cámara Alta como senadora de primera minoría. De darse este supuesto ¿a quién dejaría fuera? Interesante cuestión. Pero vayamos por partes. Si bien es cierto que en Tlaxcala se da con frecuencia el sufragio diferenciado, no se debe ignorar la influencia que sobre la votación para el Senado -y también, claro, para las diputaciones federales- tienen los aspirantes a la Presidencia de la República. Sería lerdo pensar que son procesos que se puedan disociar.
De lo anterior se sigue que es esencial observar en detalle la disputa entre Peña Nieto, López Obrador, y quien resulte candidato del PAN. En las últimas presidenciales, el votante siempre desechó la opción débil. Ese ocurrió con Cárdenas en el 2000 y con Madrazo en el 2006. El fenómeno repercutió en los candidatos a senadores y diputados de los partidos desairados, tanto que el PRD hace doce años, y el PRI hace seis, vieron sensiblemente mermadas sus bancadas en las cámaras. La inter-relación de los procesos es pues obvia.
Aquí cabe una digresión aclaratoria. La inhabilitación dictada por el gobierno de Mariano contra Héctor Ortiz no se interpone con la pretensión electoral del indiciado ya que, en tanto no haya una sentencia dictada por juez competente por cualquiera de los delitos de peculado que se le han atribuido, el ex mandatario mantiene intactos sus derechos políticos. Quizá la revelación de su nepotismo afecte sus expectativas de triunfo, pero no su derecho a figurar en una boleta panista que tiene altas probabilidades de encabezar.
Pero sigamos con el tema original. No hay pues duda de que, cualquier cábala en torno a los posibles resultados de la disputa por los escaños en el Senado que se plantea entre tlaxcaltecas es -en esta etapa del proceso- una ecuación a la que le falta una variable: la de cuál de los tres aspirantes a llegar a Los Pinos será descartado. Lo que si ya sabemos con certeza es que, la opción a la que localmente no se concedía posibilidad ninguna de entrar en la liza, ya está en ella? y deberá tenérsela en cuenta a la hora del pronóstico.
Este nuevo escenario de la elección del 1° de julio próximo conllevará, a buen seguro, otros ajustes políticos. Cito, por ejemplo, el de la revisión que, a buen seguro, deberá hacer el gobernador González Zarur de su relación con su pariente Sánchez Anaya quien, en su carácter de representante en Tlaxcala de López Obrador, fue el eficiente operador de la incorporación de Lorena. Y si bien esto apenas comienza, en este primer capítulo Alfonso se le fue por delante a Mariano. Y eso -conociendo a ambos- supongo que no se quedará así.
Es pertinente recordar lo mucho que en Tlaxcala se dirime en esta elección federal, particularmente en lo que se refiere a la del Senado de la República. En su desenlace se hallará la respuesta a varias interrogantes: 1) ¿afianzará Mariano su poder, o se mostrará vulnerable en su primer reto electoral como gobernador?; 2) ¿asistiremos a la resurrección política de Sánchez Anaya? 3) ¿sobrevivirá Héctor Ortiz al acoso marianista? 4) ¿tocará a su fin la hegemonía beatricista, o seguirá manteniendo su influencia en el estado?
Termino. El compromiso de Sánchez Anaya con López Obrador es semejante al que tiene González Zarur con Peña Nieto. Los dos están inexcusablemente obligados a dar a sus respectivos candidatos representantes en las cámaras, y a sumarles votos a sus aspiraciones presidenciales. Alto sería el costo de un fracaso. Y es cierto que habrá un efecto Peña Nieto que impulsará a la fórmula priísta local, pero lo mismo puede ocurrir con el apoyo del Peje a la perredista, máxime si el panismo no acierta en la selección de su candidato.
LA FRASE DE LA SEMANA
Es de doña Guadalupe Rodríguez Guzmán, la líder del Sindicato de Trabajadores ?7 de mayo?, el gremio que agrupa a la mayor parte de los trabajadores al servicio del estado en Tlaxcala, en ocasión de que exigiera al gobernador González Zarur un ?diálogo directo y maduro?. Haciendo referencia a una reciente manifestación callejera que ella encabezó y con el objeto de intimidar al mandatario, enfatizó:
??demostramos la fuerza del sindicato porqué somos chingones??
La finura del lenguaje de la señora Rodríguez Guzmán nos da una idea de la gentileza con la que la burocracia atiende al público tlaxcalteca. Por fortuna, hay excepciones.
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