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Opinión
![]() Los Grandes Días
Manuel Mejido
Unión antinatura
Organización Editorial Mexicana
23 de septiembre de 2008
* En el 2009 el PRD podrá aliarse con PRI o PAN
* Derecha e izquierda carecen de apoyo popular * Al tricolor no le interesa compartir los triunfos La madrugada del lunes pasado, durante el Décimo Primer Congreso Nacional del Partido de la Revolución Democrática fueron modificados sustancialmente sus estatutos, permitiendo a sus dirigentes pactar alianzas electorales con sus dos adversarios políticos: el Revolucionario Institucional y Acción Nacional. Lo que parecería una decisión benéfica para el perredismo, podría significar perder la segunda fuerza en la Cámara de Diputados para el siguiente periodo legislativo. Tras las protestas encabezadas por el excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, desde el 2006 la izquierda se desplomó en la preferencia electoral, por lo cual existen pocas posibilidades de que priístas o panistas quieran aliarse con el partido del sol azteca. Las probabilidades de una unión PRI-PRD o PAN-PRD para los comicios locales o federales del próximo año, son mínimas, considerando las situaciones tan delicadas por las que atraviesan los tres partidos políticos: la izquierda y la derecha confrontadas, tanto interna como externamente. En tanto que avanza el reposicionamiento del PRI, ahora, socialdemócrata. Como lo confirman las encuestas que lo ubican en el primer lugar de la intención del voto para el 2009, el tricolor podría recuperar la mayoría absoluta en el Congreso, lo cual le permitiría hacer reformas constitucionales unilateralmente. De ser así, ese "privilegio" los priístas no querrán compartirlo con nadie. Una posible coalición del PAN con un PRD fragmentado y en el descrédito, para ninguno resultaría positiva, no sólo ideológicamente, sino porque conforme aumentan los asesinatos vinculados con el narcotráfico y el crimen organizado, el blanquiazul pierde el apoyo ciudadano. Armando Quintero, uno de los lopezobradoristas que intentó mantener cerrado el candado contra las alianzas con sus opositores, declaró a esta columna que "Ni PRI ni PAN. Existe un espacio que se ha ganado a pulso la izquierda representada por el PRD y ese lugar debe no sólo recuperarse, sino ampliarse". Resulta imposible de concebir un candidato presidencial surgido de las filas panistas o priístas que pueda ser apoyado por los perredistas o viceversa. Además, cada uno de los partidos tiene bien ubicadas las zonas donde reciben más votos. Los tricolores cuentan con el sufragio campesino; los panistas, con el de la clase media y alta del norte de la República y el perredismo el de los pobres de las grandes ciudades del sur del país. Para convencer a los indecisos, que son la mayoría, ninguno requiere de alianzas. Mientras las dos principales corrientes perredistas, Nueva Izquierda e Izquierda Unida, de Jesús Ortega y Alejandro Encinas, respectivamente, continúen confrontadas, de nada valdrán los acuerdos alcanzados por el Consejo Político. La imposibilidad de llegar a un acuerdo para la conformación de una comisión que convoque a un pacto de unidad entre los "chuchos" y los "lopezobradoristas" fue la causa de que concluyera el Congreso sin mayores avances. De fondo, el problema al interior del perredismo prevalecerá, porque continúan los reclamos de Ortega y Encinas en contra de los resultados de los comicios internos del pasado 16 de marzo, que hasta la fecha no han sido aclarados por lo cual sigue la sospecha de fraude. Se aprobaron importantes resolutivos durante la última sesión del Congreso del PRD, entre los que destacan mantener la negativa de aceptar la reforma energética privatizadora, condenar los ataques terroristas del pasado 15 de septiembre en Morelia, Michoacán, y que el Consejo Nacional revise el perfil de cada uno de los candidatos a un cargo de elección popular para evitar que el crimen organizado se infiltre al partido. Guadalupe Acosta, dirigente nacional perredista, olvidó proponer la discusión de un problema en el que los priístas ya trabajan: el control de los recursos públicos y programas sociales en los estados, porque el panismo comenzó a utilizarlos a su favor para los comicios del próximo año. Por momentos, el partido del sol azteca parece recuperar el rumbo perdido desde el 2006, pero la necedad de Izquierda Unida desestabiliza internamente al organismo y lo exhibe como una oposición violenta en momentos en que la ciudadanía busca la tranquilidad que la ola de asesinatos le arrebató. Para reponerse electoralmente antes de las elecciones del 2009, el PRD necesita urgentemente llamar a Cuauhtémoc Cárdenas, quien aún goza de influencia en gran parte de los electores. Pero ninguna de las dos facciones confrontadas desea la sombra del otrora líder moral del perredismo. Por muy buenas intenciones que tengan y más acuerdos que alcancen, de nada servirá al PRD que su militancia se encuentre dividida ante los constantes ataques de una derecha que avanza constantemente. mejido@elsoldemexico.com.mx Columnas anteriores
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