Opinión
Historias Extraordinarias
Edmundo Domínguez Aragonés
El Salón Kitty y la caída del mariscal Blomberg orquestada por la Gestapo

El Sol de México
24 de agosto de 2008

Berlín, la capital de Alemania, vivía desde los años 30 hasta dos años antes de la derrota de Adolfo Hitler la más relajada de las existencias del desenfreno sexual.

El hotel Adlon, a la vera de la Unter den Linden, y cercano a la Puerta de Brandeburgo, era el centro de reunión de los diplomáticos y los corresponsales extranjeros, así como de los más connotados líderes nazis y personalidades financieras y políticas alemanas e internacionales.

Allí se apersonaban chicas muy guapas que pretendían hacerse estrellas cinematográficas y que, como es sabido, hacían lo que fuera para alcanzar sus propósitos.

Las fiestas de fin de año y el baile de los periodistas celebradas allí "eran de antología", tanto como en los cabarets berlineses, de los cuales había más de una decena de fama nacional y mundial: el Residenz-Casino, el Tingel-Tangel y el Kabarett der Komiker, entre otros.

El Tingel-Tangel presentaba ingeniosos coros de chicas de hermosas piernas y representaciones de sexo duro, tal el asesinato de una prostituta por su chulo.

El Komiker, un local de reducidas dimensiones, era típica y tradicional institución berlinesa porque se permitía el contacto y el diálogo de los espectadores con los artistas que pasaban por el escenario.

Además, aparecía el "conférencier" y su gracia consistía en la forma que enfocaba la crítica política con toda libertad, y todos los políticos aceptaban sus críticas humorísticas.

En el teatro La Scala se llevaban a cabo "Fiestas de la Primavera" con una veintena de niñas, entre los 12 y 15 años, completamente desnudas, exhibiéndose en carros alegóricos de la época de la cosecha del vino.

En el Tanzfest, un cabaret muy conocido por los funcionarios de la Embajada de Inglaterra, la sucesión de sótanos alumbrados con velas, las paredes de damasco azul, los saxofonistas, el "fox macabro", la Todentanz, eran especialidades del lugar.

Ahí se disponía de prostitutas, homosexuales, lesbianas y travestis.

En ese ambiente, que se dimensionó desde los años 20, el Salón de Kitty fue el burdel más famoso a partir de 1933 y hasta 1943.

La dueña de aquella "casa privada" era Kitty Schmidt, que ejercía el más antiguo oficio del mundo y era la madame que ofrecía a los ricos caballeros, políticos, militares y diplomáticos, "inquietados por sus deseos carnales, la ocasión de encontrar su placer en un ambiente señorial y distinguido".

KITTY

Nació en Berlín en 1882 y en 1922 parecía una mujer de 30 años. Ese año había ahorrado un pequeño capital producto de sus actividades durante los años de la guerra y lo que seguía percibiendo haciendo lo suyo, y puso un salón en la Budapester Strasse número 70 y reclutó a varias chicas que, como es usual en el negocio, le daban la mitad de sus ganancias.

Diez años después prosperó, se hizo sofisticada y su catálogo de chicas se hizo más importante por estar en él mujeres jóvenes, hermosas y educadas.

Entonces cambió de dirección a una casa más discreta y menos llamativa en la Giesebrechtrstrasse número 7. La razón fue meditada, ya que por la calidad de los clientes, entre ellos algunos judíos que eran importantes hombres de negocios, el salón debía ser menos llamativo y ostentoso. Y ahí estuvo desde 1933 hasta 1943. En el año 1934, una chica de 22 años de edad de nombre Eva Grunh entró a trabajar al salón Kitty.

UN SALON ESTRECHAMENTE VIGILADO

La "casa privada" o Salón Kitty era estrechamente vigilado por la policía, cosa usual en el entorno de la "buenas costumbres" y así, Arthur Nebe, jefe de la policía criminal, informó a la Gestapo que en aquella casa se recibía a políticos, militares, diplomáticos y a judíos ricos y otros hombres de negocios.

Informado Reinhard Heydrich, jefe de la Seguridad de las SS, y su adjunto Walter Schellenberg, jefe de seguridad de Heydrich y del servicio de información extranjera, de Heinrich Himmler, de que Kitty se proponía salir de Alemania para reunirse en Londres con un amigo y emigrar a Estados Unidos, el 28 de julio de 1939, día de su partida, fue detenida por Nebe y llevada ante Schellenberg, quien le dio instrucciones a Kitty para mantener el salón, incluir entre sus chicas una veintena de "auxiliares femeninos de la Gestapo", instruidas en la escuela de Sonthofen tanto en buena maneras galantes como en el arte de interrogar.

En varias habitaciones se colocaron micrófonos cuyos hilos finalizaban en una central de escucha ubicada en el sótano de la casa, donde se relevaban "guardias jurados".

LOS CLIENTES ESPIADOS

Existían en Berlín, asimismo, otros salones famosos y frecuentados por la alta sociedad prusiana e internacional: el Hosstmann, Osterroth y el Wrede, aunque en ninguno de éstos se ejercía el sexo servicio y sí podía ligarse.

El Kitty fue "operacional" a partir del primero de abril de 1940, recibiendo una partida secreta que le suministraba la policía.

Tanto Kitty como sus chicas estaban atentas a la contraseña "Rothenburg" cuando la pronunciaba un visitante. Ese era el "Abrete Sésamo" para mostrarle al cliente el "AÁlbum de las Veinte", que hiciera su elección y de inmediato era conducido a una de las habitaciones acondicionadas para la escucha y la filmación.

Las auxiliares femeninos sabían lo que hacían, prestándose a todas las particularidades sexuales para las que se las contrataba.

Entrenadas además para el interrogatorio sutil, los clientes todo revelaban antes y después de llegar al clímax sexual.

Entre otros clientes asistían Ramón Serrano Suñer, ministro de Relaciones Exteriores de España; Joachim Von Ribbentrop, ministro del exterior alemán, y su par, el conde italiano Galeazzo Ciano.

Ciano le confió a la chica de ese momento de lujuria un secreto que le torturaba la conciencia y que, como suele suceder, más que por jactancia por estar abrumado.

Von Ribbentrop, que era hombre de mundo y había vendido champaña en Inglaterra, invitó a su homólogo italiano al Salón de Kitty "para que se relajase", reconociendo que era un sitio discreto y seguro.

Lo que le dijo Ciano a la chica fue: "Hace unos meses mi acompañante me hizo una terrible revelación. Me habló de la decisión alemana de prender la mecha en Europa. Me lo hizo saber como si se tratara de un asunto administrativo sin importancia. 'Bien, Ribbentrop', le dije, '¿qué quieren? ¿El pasillo de Danzig?'. 'Nada de eso', me contestó. 'Queremos la guerra'. Comprendí que aquella decisión era irrevocable y, como un relámpago, vi la tragedia que amenazaba a la humanidad y ya ha comenzado".

La chica tranquilizó al ministro de Relaciones Exteriores de Italia, hizo su tarea con todo profesionalismo y el conde le obsequió su reloj: "Cada vez que el reloj marque las 11 de la noche, la hora en que estamos juntos hoy, recuérdame".

El acto no fue filmado, pero sí se anotaron puntualmente sus palabras y se grabaron en disco.

El disco fue entregado a Schellenberg, éste lo entregó a Heydrich y él a Himmler y Himmler a Hitler.

GRABAN LA INVASION A BELGICA

La noche del 9 de mayo de 1940, Kitty recibió en su salón a diplomáticos belgas y holandeses.

Se trataba del vizconde Henri Davignon, embajador de Bélgica, y Johan de With, embajador de Holanda, quienes habían sido recibidos en el Salón de Alfred Hortsmann, exministro de Alemania en Bélgica. Al convivio asistían, entre otros, el director de la orquesta de la Opera de Berlín y la princesa de Fürstenberg y miembros de las legaciones extranjeras.

A las 9:45 p.m. los belgas y los holandeses salieron del Salón Hortsmann y, atendiendo la sugerencia de alguien, se presentaron en el Salón de Kitty.

Kitty había sido avisada por un teléfono de Horstmann y los recibió: "El champaña estaba frío, la gente bebía y todo el mundo se mostraba distendido porque la alarma de que Hitler invadiría Bélgica había pasado".

En esas se presentó Otto Von Scheliha, primer secretario de Asuntos Exteriores de Alemania, pidió silencio y luego, en tono confidencial, dijo que el ultimátum a Bélgica ya estaba en marcha y que el texto, preparado desde enero, había sido puesto al día de hoy.

Los clientes se marcharon y Kitty y las chicas "rompieron en sollozos, y todos volvieron a sus casas".

En el sótano, la SS de guardia registró todo lo dicho y el subteniente de servicio llevó el disco a Schellenberg, éste a Heydrich y la detención de Scheliha se llevó a cabo una hora más tarde y fue interrogado por la Gestapo en la sede de ésta, en la Prinz-Albertcht Strasse.

A las 5:30 de la madrugada, el Ejército alemán cruzó la frontera belga.

Años después, cuando Kitty se había retirado rica y tranquila, siempre negó que los citados hubieran "puesto un pie en su casa el 9 de mayo". Kitty murió en 1954 "sin que nadie pusiera en duda su honorabilidad".

El disco se conserva y figura en la Documenten-Zentrale de Berlín.

EL CASO BLOMBERG

En diciembre de 1937, en Munich, al salir de los funerales del general Erich Lundendorff, el mariscal Werner Von Blomberg le dijo a Hitler: "Mein Führer, me voy a casar de nuevo" y Hitler lo felicitó. De inmediato, el mariscal le informó:

"La boda se celebrará el 12 de enero. Mi prometida es mucho más joven que yo y su origen no corresponde a lo admitido por el cuerpo de oficiales".

Hitler lo tranquilizó: "Eso no importa. Esas ideas ya han caducado. Si usted la ama, cásese con ella. Nosotros, los nacionalsocialistas, demostraremos que esos prejuicios no tienen ningún sentido. Yo seré su testigo".

La bella muchacha era Eva Gruhn, la misma chica que tres años antes entró a trabajar al Salón de Kitty.

Blomberg en 1937 tenía 59 años y Eva 22. Era viudo y padre de tres hijos. Era capaz e inteligente y en agosto de1934 había obligado a prestar juramento "de obediencia absoluta" al Führer a todos los miembros de la Wehrmacht, lo cual "representaba una profunda ruptura con las tradiciones y el derecho".

En esos años conoció a Eva.

La boda se celebró el 12 de enero de 1937 y los testigos fueron Hitler y el mariscal Herman Göering, amo de la aviación alemana.

SU ESPOSA, UNA SEXOSERVIDORA

Al día siguiente del enlace matrimonial, el conde Gunther Helldorf, prefecto de la policía de Berlín, recibió el expediente de Eva y, adjunto a él, una tarjeta de prostituta, registrada en siete grandes ciudades y en el Salón de Kitty, donde se mencionaba que tenía antecedentes penales con una condena por poner en circulación fotografías pornográficas.

Helldorf llevó de inmediato al informe al general Wilhelm Keitel, jefe de la administración de la Reichwehr, éste lo leyó y no dijo nada. Keitel era yerno de Blomberg.

Entonces Helldorf se apersonó ante el mariscal Göering y le entregó el expediente.

Göering informó a Helldorf: "Blomberg me pidió en octubre pasado una dispensa para casarse con esa persona que tenía 'un pasado'. Le dije que era inútil. Después vino de nuevo para decirme que Eva tenía un amante y para pedirme que le ayudara a apartarla de él. Acepté: hice que le entregasen a aquel hombre dinero para el viaje y un visado para Argentina".

Ante tales respuestas, el prefecto de policía fue ante Heydrich y le entregó el expediente y éste se lo llevó a Hitler.

El Führer llamó a Blomberg y lo recibió el 24 de enero exigiéndole "anular el matrimonio". Blomberg no aceptó y dimitió a su puesto, y él y su esposa partieron hacia Italia en viaje de "luna miel".

MUERTE DE BLOMBERG

A los 68 años de edad, Blomberg falleció en un hospital de Nuremberg, antes de ser llevado ante los jueces del Tribunal de Nuremberg que procesó y condenó a los jerarcas nazis.

Su viuda residía en Baviera, con las hijas del primer matrimonio de Blomberg y la viuda de su yerno, el mariscal Keitel, ahorcado en Nuremberg.

Ese mismo año, el doctor Manfred Gisevius, antiguo funcionario del Ministerio del Interior, publicó en Hamburgo sus memorias bajo el título "Hasta las heces", donde, entre otras cosas, confirmaba que Eva había sido una trabajadora sexual.

Esto afirmaba antes de que el libro fuera publicado y alguien enteró a Eva del contenido.

LA VIUDA SE DEFIENDE

Eva solicitó al Tribunal de Hamburgo la prohibición del libro de Gisevius, que estaba siendo impreso en la Editorial Klassen y Goverts, así como daños y prejuicios.

Tras el proceso, el tribunal no deliberó y sí pidió al editor suprimir en el libro los pasajes "calumniosos para la mariscala", lo cual fue hecho.

LA CONSPIRACION

Durante las audiencias ante el tribunal, varios testigos de la defensa aseguraron que Eva "era de una moralidad absoluta" y que "su conducta era perfectamente honorable".

El testimonio del doctor Wihelm Höttl, colaborador de Heydrich, fue contundente: "Heydrich había hecho falsificar la tarjeta de la prostituta 'Erna' Gruhn, en la que los especialistas habían sustituido su foto por la de Eva".

Esta habría sido la conspiración de Heydrich contra el mariscal Blomberg; sin embargo, en las ediciones extranjeras del libro de Gisevius no se suprimieron las páginas dedicadas a probar que Eva había trabajado en el sexo servicio y esta es la historia.
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