Opinión / Columna
 
Anatomía de lo social 
Arturo Duen Torres 
Sociedad, clima, política y religión
El Sol de Tlaxcala
19 de febrero de 2010

  "Si los hombres son tan

perversos teniendo

religión, ¿cómo serían

sin ella?".

Benjamín Franklin



Como una manifestación de la impetuosidad de la naturaleza, son las alteraciones tan radicales en el clima, mismas que han trastocado las actividades cotidianas de las personas, así como sus relaciones con el medio ambiente; situación que, evidentemente, pone de manifiesto nuestra debilidad para enfrentar cambios de magnitudes insospechadas, afectando además, en algunos casos, el patrimonio familiar; lo que ha provocado el malestar de quienes por alguna circunstancia padecen de las inclemencias que la propia naturaleza provoca, al verse en la necesidad de gastar dinero para reparar los daños causados por los fenómenos naturales.

Además de los daños materiales que ha causado, el clima, expresado en frentes fríos, lluvias torrenciales e inundaciones, también ha ocasionado problemas en la salud, con enfermedades respiratorias entre la población más vulnerable, incluyendo a quienes no tienen un lugar seguro para resguardarse de las inclemencias del tiempo; a pesar de la muy rudimentaria ayuda de las autoridades para solventar las demandas de una sociedad que se nota incapaz para soportar condiciones físicas extremas.

A pesar de las condiciones climatológicas, la clase política no pierde oportunidad; sigue trabajando en la búsqueda de estrategias que impacten a la sociedad y la convenzan para que les otorgue el beneficio del voto. Se llevan a cabo, entre otras cosas, alianzas, coaliciones, reuniones de trabajo, foros, visitas domiciliarias y entrevistas personales con líderes, ofreciendo a cambio resolver los problemas por los que atraviesa la sociedad.

Así es. En la búsqueda del poder se han concentrado las fuerzas políticas para establecer acuerdos que, implícitamente, resguarden el respeto mutuo y el compromiso de no romper con los principios establecidos en la legislación electoral para participar lealmente en una contienda, que, como resultado, deberá llevarlos a ocupar los espacios principales en los diferentes niveles de gobierno. Sin embargo, así como el clima no respeta la decisión de las personas, los políticos al parecer han olvidado que sólo queda muy poca gente para engañar. Las promesas ya no son el sinónimo del compromiso ni del respeto al cumplimiento. Hoy en día los ciudadanos se fijan en los resultados, en el trabajo y no en aquellos que han abusado del poder, aniquilando con ello la confianza de quienes algún día creyeron en sus promesas.

Con todo y las inclemencias del tiempo y del inevitable proceso en el que se definirán candidatos para que nos gobiernen, todavía nos queda, como una buena alternativa, ese refugio que a través de la fe se manifiesta como una forma para enfrentar a aquellos problemas que nos agobian; es decir, en este tiempo que reviste características muy especiales en nuestras creencias, debemos aprovecharlo para tener un cambio de mentalidad. Desde luego que eso abarca a los políticos para limpiar la conciencia y buscar esa armonía que todos pretendemos, pero que pocos hacemos por buscarla.

Desde la perspectiva religiosa, la conducta de las personas no debe situarse sólo en el pensamiento, sino además en la actitud y la disposición de cambiar, de apropiarse de la imagen del Ser Supremo, para entender que la vida sólo es temporal, no así las obras que hagamos y que dejarán testimonio de nuestro paso. De tal manera que estas fechas deben servir para reflexionar sobre nuestra vida, de analizar hacia dónde vamos, de revisar nuestro comportamiento con nuestros semejantes para poder ejecutar acciones que contribuyan en el bien de los demás. Ésa es una verdadera actitud: ayudar y cambiar para encontrar una vida diferente entre todos los que pretendemos ese objetivo.

Tarea difícil para los que no están dispuestos al cambio, pero que, sin embargo, cuando podamos apropiarnos de esos principios que se establecen en las normas del derecho y de la religión, puede ser posible exigirle a las personas que cumplan con sus obligaciones, que contribuyan en la transformación de su contexto, que se adapte a sus circunstancias, que sea firme en sus creencias y que, desde luego, sea el artífice y promotor de un cambio total en las estructuras de nuestra sociedad. Si eso se logra, cualquier problema que se presente tendrá muchas posibilidades de resolverse, encontrando las respuestas en nuestro medio natural, en la política y la religión.
 
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