Opinión / Columna
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Anatomía de lo social
Arturo Duen Torres
Sociedad mal alimentada
El Sol de Tlaxcala
29 de enero de 2010
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"Todo lo que se come sin necesidad se roba al estómago de los pobres".
Mahatma Gandhi
El comportamiento de las personas, cuando menos aquí en México, está condicionado por el papel que desempeñan en el grupo social al que pertenecen, a la posición que guardan dentro del mismo, así como a la influencia que ejercen otros sujetos en el ámbito de su vida cotidiana; sin dejar de lado a los medios masivos de comunicación, quienes asumen la dirección de los individuos para que actúen según sus intereses; particularmente en el caso del alto consumo de productos que afectan su crecimiento y desarrollo.
Así, con la ayuda de la publicidad, hemos sido invadidos notablemente por un incontable número de productos que, supuestamente, contienen todos los elementos que aportan al individuo los nutrientes para un sano desarrollo y una vida plena; sin embargo, a pesar de la obligación que tienen las grandes empresas para que en sus productos hagan referencia a los contenidos nutrimentales, eso no es garantía de que realmente nos aporten los beneficios ahí señalados. Por el contrario, el consumo constante de comestibles envasados va generando un serio y auténtico problema en nuestra salud.
Cuando el problema rebasa el círculo individual se convierte en un problema de salud pública, en el que, obligadamente, tienen que intervenir, al menos así lo parece, las autoridades de Gobierno, con la inversión de millones de pesos en la búsqueda, muchas veces inútil, de soluciones que ayuden a las personas a mejorar sus hábitos alimenticios. La inutilidad, en contrasentido, se constriñe a los millones de pesos que gastan las compañías para inducir el consumo de sus productos, obviamente autorizados por las mismas autoridades de salud.
En esa contradictoria postura de los encargados de la salud, debemos, los consumidores, asumir una actitud que nos ayude a mejorar nuestros hábitos de alimentación, no sólo para alejarnos de las estadísticas que nos posicionan en un lugar nada privilegiado en los estándares de obesidad, sino para, verdaderamente, vencer con la inercia que nos conduce al consumo de "alimentos chatarra", que contribuyen a nuestra mala alimentación.
Para lograr tan singular objetivo es necesario evitar la compra de esos productos que nos llenan, pero que no nos alimentan; entre los que se encuentran los refrescos, las frituras y los pastelillos, constructores de figuras anatómicas muy singulares, las que se convierten en presas fáciles de cualquier enfermedad, asociada con los pésimos hábitos en el consumo de nuestros alimentos.
Culturalmente, por circunstancias como el trabajo y la escuela, nos hemos acostumbrado a una vida sedentaria en la que la alimentación deja de tener la importancia necesaria para mantener nuestro organismo en condiciones óptimas de salud; más bien "comemos" para mantenernos sin hambre, pero sin el orden que merece este acto voluntario de las personas que influye sobre nuestra salud y nuestra calidad de vida.
En el trabajo, los horarios muchas veces no permiten que se puedan consumir alimentos que reúnan los ingredientes indispensables para una buena nutrición, conformándose los trabajadores con aquellos alimentos que se expenden en las esquinas o en lugares establecidos, pero que tienen altos contenidos de harina y grasa. En la escuela las condiciones no son tan diferentes; los productos comestibles que se venden en las cafeterías o cooperativas son generalmente las gaseosas y las harinas envueltas en atractivos empaques que propician el consumo en grandes proporciones; de tal manera que la alimentación sigue siendo un serio problema.
En otras circunstancias, los alimentos ni siquiera llegan a la mesa de las personas, en razón de no tener los medios necesarios o suficientes para adquirirlos; argumento que, por supuesto, agrava el problema alimentario, dejando en situaciones muy desventajosas a quienes no poseen los medios ni los recursos para adquirirlos.
Con todos estos factores que influyen en la vida y en la salud no será posible encontrar la fórmula que ayude a separarnos de las estadísticas que nos colocan en un lugar nada privilegiado con la obesidad como variable.
Por lo tanto, debemos, o cuando menos intentarlo, cambiar nuestro estilo de comportamiento en el consumo de productos que no nos alimentan y sí nos engordan; de lo contrario, si mantenemos nuestro estilo de vida seguiremos siendo una sociedad mal alimentada.
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