Opinión / Columna
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Anatomía de lo social
Arturo Duen Torres
Mis tres amigos, el clima y la escuela
El Sol de Tlaxcala
22 de enero de 2010
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"La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla".
Benjamín Franklin
Saboreando esa aromática taza de café que, aparentemente, nos resguardaba del inusual frío que se dejaba sentir en esos momentos, hacíamos una reflexión acerca de la tragedia ocurrida en Haití, en la que lamentablemente perdieron la vida miles de personas, en tanto que otras quedaron en completo desamparo por la pérdida de seres queridos. "Afortunadamente -dijo un amigo- se ha mostrado la solidaridad internacional para ayudar a los damnificados con víveres, ropa y medicinas, lo que deberá servir para resolver, momentáneamente, sus problemas". "Es cierto -le respondieron-; aunque a veces esa ayuda que se ofrece no llegue a quien verdaderamente la necesita. Ojalá esas manifestaciones de ayuda se hicieran también con otras personas de nuestro país que se encuentran en condiciones desfavorables".
"Bueno, hagamos un paréntesis -sugirió el interrumpido-. Les quería comentar de las buenas decisiones tomadas por las autoridades educativas en nuestro estado para recorrer los horarios del inicio de clases, así como de la suspensión temporal de actividades cuando la temperatura baje de los niveles a los que estamos acostumbrados. Eso debe ayudar mucho a que los niños no tengan la necesidad de salir tan temprano a las inclemencias de la calle para llegar a la escuela. Me parece que es mejor que se queden en su casa, y así protegerse de las inclemencias del tiempo. Aunque quiero decirles que, en mi caso, ya estaba debidamente preparado para pasar las contingencias pronosticadas en los faltantes frentes fríos que nos agobian; encargué a un pariente que tengo en el extranjero algunas ropas, por cierto, ya me llegaron, que regulan la temperatura corporal, para no sentir esas bajas temperaturas. Desde luego, especialmente para mis hijos. Así cuando vayan a la escuela no tengan problemas de salud". "Espera un momento -lo atajaron-, ya te regresaron los aires de burócrata burgués. Eso que acabas de mencionar es la muestra de tu petulancia y presunción por lo que tienes; sin embargo, así lo parece, te has olvidado de aquellos días en que nosotros teníamos que caminar varias cuadras para llegar a la escuela. Acuérdate además de nuestros compañeros que venían de los pueblos aledaños, tenían que levantarse muy temprano para caminar y esperar el 'circuito' o el 'tepeticla', entre otros, para transportarse a los planteles educativos. Y dime si no era verdaderamente difícil que faltaran a sus clases. Cuál chamarra de pluma de ganso, cuáles guantes y bufandas o gorras; solamente el uniforme con el desgastado suéter por tanto uso. Ahora, cuáles visitas de los padres al director para justificar a los hijos que amanecieron enfermos porque les duele la cabeza o un dedo; por el contrario, tenías que cumplir con tus obligaciones sin tomar en cuenta las condiciones que prevalecieran en esos momentos. Ni la lluvia, ni el frío ni el calor eran motivo de suspender las labores escolares; todo eso también era aplicable para nuestros profesores. Nada de incapacidades médicas ni permisos económicos; siempre dispuestos a trabajar por nosotros. Aquí está el resultado: tú eres producto de esa formación; así es que evita tus elogios personales y no les fomentes ese espíritu de flojera a tus hijos".
Mientras los escuchaba -intervino el amigo siempre mesurado-. Vinieron de golpe muchos recuerdos y comparaciones, en este caso de las condiciones climáticas que en otro tiempo se tenían y de las posibilidades de transportación de un lugar a otro. Ciertamente éramos muchos los que teníamos la necesidad de abordar el único transporte colectivo que hacía el recorrido de un lugar a otro por sólo tres veces al día, es decir, por la mañana para entrar a la escuela y al trabajo, por la tarde el regreso y el último para quienes hacían otro tipo de actividades. Perderlo significaba serios problemas con la familia, al no saber qué pudiera haber ocurrido. Tan sólo en el viaje se sentía una enorme pertenencia al grupo de estudiantes que luchaba por superar las condiciones de adversidad en las que nos encontrábamos muchos de los que hoy, gracias a su tenacidad y esfuerzo, han alcanzado una movilidad social y económica extraordinaria. La muestra: el progreso y transformación de nuestros pueblos y su gente. Por eso cuando asociaron el clima con la escuela, junto con las decisiones por suspender actividades académicas, por algo que parece que es tan simple, creo que es una equivocación, porque, efectivamente, se fomenta la irresponsabilidad y la pereza; pero, lo más grave, se detiene la marcha permanente por conseguir modos de vida diferente. Lástima por quienes no alcanzamos a mirar hacia el futuro.
Como siempre ocurría, los comentarios de nuestro amigo siempre apuntando hacia esa posibilidad de construir pensamientos, libres, sí, pero con esa convicción que sirva para encontrar ese camino que nos lleva a ser mejores cada día, para beneficio de toda nuestra sociedad. Concluido el tema y los comentarios, nos aprestamos a despedirnos, no sin antes acordar nuestra próxima reunión.
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