Opinión / Columna
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Anatomía de lo social
Arturo Duen Torres
Aduladores, simuladores, espectadores y... más
El Sol de Tlaxcala
15 de enero de 2010
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"La política es demasiado a menudo el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de crear otros imaginarios e injustos". Arturo Graf
Es seguro que los aspirantes a ocupar uno de los muchos espacios que dejarán vacantes los funcionarios que concluyen sus actividades en este año, en los diferentes niveles de gobierno, han empezado, anticipadamente, las tareas propias de convencimiento a los ciudadanos para pedirles el apoyo, con su voto, de cara a las próximas elecciones, y así ocupar ese lugar tan ansiosamente anhelado.
Entre esos muchos prospectos para gobernar existen algunos que siguen las viejas prácticas de agrupamiento, invitando, en una primera instancia, a los "amigos", formando una especie de red social que contribuya a extender o ramificar esa red en porciones territoriales constituyentes de las áreas o las circunscripciones electorales, posicionando a quienes habrán de representarlos en esos lugares, para que, al mismo tiempo, incorporen a aquellos ciudadanos que aparentemente han convencido. Además, se elaboran listas de posibles votantes que dejen constancia del respaldo a la presencia política de los aspirantes y puedan lograr la designación por el partido al que pertenecen.
Algunos se dedican, dentro de las mismas prácticas, a invitar a desayunos, comidas, entregar obsequios, a saludar efusivamente en la calle, a cultivar nuevas amistades, a recordar anécdotas, a prometer ayudas, a dejar tarjetas en las puertas de los hogares; en fin, muchas cosas más. Otros, según el nivel y el interés, contratan "especialistas" en la elaboración y aplicación de encuestas que, casualmente, siempre les favorecen, dejando atrás a otros aspirantes que, según los instrumentos de indagación, quedan muy por debajo de las preferencias electorales.
En este hacer de la política electoral, que cada día y en cada contienda pierde credibilidad, se mueven los protagonistas principales que intervienen en el proceso, los prospectos y candidatos; así como otros actores que son parte fundamental en las actividades proselitistas y cuya participación es, muchas veces, determinante en los resultados.
Esos actores a los que me refiero -desde luego habrá otros- son los aduladores, los que se encargan de endulzarle el oído al personaje, señalándole sus destacadas características, su entrega, la enorme vocación de servir a los demás, el reclamo manifiesto de la sociedad para que sea él quien los gobierne, su enorme simpatía, su don de gentes, la incansable lucha por conseguir el bienestar de sus congéneres, la elocuencia y certeza del discurso, la generosidad para compartir y cumplir con los compromisos, etc. Ante tantas cualidades referidas, es difícil no sucumbir a las tentaciones del poder, que, en consecuencia, beneficiará a quienes han dedicado su tiempo para hacer tan particular apología. A veces esta tentación promueve la desobediencia, porque se toman decisiones sin consultar a quienes manejan la vida política partidista, tomando a título personal el compromiso adquirido, según ellos, con la sociedad. Sin duda es el efecto mágico del elogio.
También hay simuladores, hábiles actores dedicados a tareas específicas, que tienen que ver con la búsqueda de estrategias para realizar actividades de convencimiento y de propaganda, pero que, desde luego, no cumplen. Por citar un ejemplo, llenan listados con el nombre de personas que ni siquiera conocen, pero que, supuestamente, han dado el consentimiento para inscribirse a un padrón debidamente manipulado; aparentando un amplio esfuerzo, también se quedan con la propaganda de los candidatos, que obviamente no reparten; sin embargo, son tan afortunados que si el candidato por el que "hicieron labor" llega a triunfar, son los primeros en recibir las ventajas y prebendas que ofrece el triunfo, convirtiéndose en jefes de oficinas o dependencias, sin importar que tengan o no un perfil profesional que requiera el puesto que en lo futuro desempeñarán.
También hay espectadores, aquellos que se dan cuenta de las actividades proselitistas sin involucrarse en ninguna de ellas, esperando sólo el momento para mirar hacia dónde se inclina la balanza política y dirigir sus pasos para buscar el acomodo en el grupo ganador.
A pesar de la presencia inevitable de cualquier cantidad de personajes que se aprovechan de las circunstancias, muchas veces de la ingenuidad de los aspirantes, aún queda gente verdaderamente comprometida para participar en eventos de esta categoría, obedientes de las causas y de las autoridades, que determinan la participación y el papel que deberán asumir llegado el momento de las decisiones y elecciones.
Los personajes que, me parece, están desapareciendo son aquellos que dedicaban tiempo, dinero y esfuerzo para apoyar a algún aspirante o candidato y que al final no recibían ni el agradecimiento verbal del ganador, generando resentimientos y, desde luego, la apatía por participar en situaciones similares.
Lo bueno es que se han despertado conciencias, se están terminando los peones en la política, los que siempre hacían el trabajo duro, difícil y que le allegaban muchos votos a los candidatos. Hoy en día quienes tengan el privilegio de ser electos deberán considerar las nuevas formas y cumplir con los compromisos que se adquieran; de lo contrario, el voto de castigo será el que decida los resultados, y, lo peor, seguiremos teniendo aduladores y simuladores.
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