Barroco
La Corregidora de Querétaro
Retrato inédito de doña Josefa Ortiz, anónimo fechado en 1803 cuando la corregidora tenía 32 años de edad. Foto. Diario de Querétaro.
Diario de Querétaro
20 de septiembre de 2009

Roberto Servín

Querétaro, Querétaro.- Hubo en Querétaro una exagerada corriente de admiración por doña Josefa Ortiz de Domínguez, a tal grado, que fue convertida su figura en un esteriotipo. Por esa exageración, a cualquier obra monumental que se construía, se le otorgaba su nombre. La principal calle, el estadio, el auditorio, monumentos, panteones, escuelas de primaria, secundaria y la Normal del Estado y aún más, nuestro municipio fue dividido en 1939 para crear uno nuevo, al que se le llamó Municipio de Corregidora.

Los libros de texto poco hablan de los conspiradores de Querétaro, de ellos, solo una figura es exaltada: La Corregidora de Querétaro. Título que algunos historiadores le quieren arrebatar, sin considerar que la esposa del rey era la reina, la del virrey: la virreina, la del conde: condesa, la del alcalde: alcaldesa, etc., y por supuesto la del corregidor: la corregidora

Del corregidor don Miguel Domínguez poco se dice, los más lo acusan de traidor al movimiento, los menos reconocen su lucha por las causas justas. Por su intervención ante el virrey en la defensa de los trabajadores de los obrajes y trapiches que abundaban en la ciudad y en las haciendas, fue mejorada su situación. También defendió el patrimonio de las Obras Pías, cuando España ordenó fueran remitidos los beneficios de ellas al Rey. Presentó ante el ayuntamiento de Querétaro una iniciativa para que se estableciera en nuestro país un gobierno con base en Cortes y Junta de las Municipalidades del Reino. Las nuevas investigaciones sobre este personaje, lo reivindican por su quehacer constante en la lucha contra la injusticia y por ser promotor en diferentes ámbitos de las ideas libertarias.

Las crónicas y los investigadores históricos no dan noticia de la participación de otra mujer en esa conspiración, y siendo ella una mujer de carácter, al cual se le puede agregar su gracia en el trato, se convirtió en el centro de atracción de los conjurados.

Tuvo el privilegio de compartir el intelecto y la pasión de distinguidos personajes amantes de la independencia y se entusiasmó a tal grado que el resto de su vida lo dedicó a luchar por la libertad. Yo entiendo que los congregados tenían verdadera pasión por la independencia, de otra manera no arriesgarían su vida, la de su familia, su patrimonio y su libertad. Casi todos vivían opulentamente, muchos tenían cargos importantes dentro del gobierno y otros más eran propietarios de haciendas, siendo por lo cual personas de caudal y de respeto.

El primer notable de esa junta lo fue el corregidor don Miguel Domínguez, probablemente sin su participación no hubiera existido ese movimiento libertario. Estudio artes, retórica y filosofía en el Colegio de San Nicolás en Valladolid y la carrera de jurisprudencia y el grado de bachiller en cánones en la Real y Pontificia Universidad de México; en la Real Audiencia de la Nueva España obtuvo el título de abogado. De 1782 a 1800 fue Oficial Mayor del Gobierno del Virreinato y Secretario de la Junta Suprior de Real Hacienda. El primero de enero de 1801 fue nombrado corregidor de Querétaro. Una vez consumada la Independencia fue nombrado suplente para formar parte interinamente del poder Ejecutivo de la Nación, alcanzando, más tarde, la titularidad del cargo. Fue nombrado presidente del Supremo Poder Ejecutivo por el Soberano Congreso Constituyente Mexicano el 4 de febrero de 1824 y al año siguiente Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Al lado de don Miguel estaba un rico hacendado don Pedro Antonio Septién de los Monteros, egresado del Colegio de San Ildefonso que fue subdelegado de justicia Mayor de Celaya y Salvatierra, y cuando radicó en Querétaro fue Alférez Real y en diferentes ocasiones regidor, alcalde ordinario y procurador del ayuntamiento; y que decir de don José Ignacio y Villaseñor Cervantes, uno de los hombres más ricos de la región, creador de la primera academia literaria; o del presbítero José María Sánchez quien era reputado por sabio: del Lic. Juan Nepomuceno Mier y Altamirano humanista, filosofo y abogado quien fue magistrado suplente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación una vez consumada la Independencia y del Tribunal Superior. O del doctor en cánones don Manuel Mariano Iturriaga, quien como abogado fue sobresaliente, así mismo, como orador y poeta, además políglota, también considerado como un hombre sabio. O de otro jurisconsulto prestigio e ilustración: don Manuel María Ramírez de Arellano, abogado de las Reales Audiencias de México y Guadalajara. Disfrutó la compañía y sabiduría del Cura Hidalgo y del Capitán Allende. Así como de otros no menos notables: los licenciados Lorenzo de la Parra, Lazo y Altamirano. Además de la exaltación e ímpetu de los hermanos Emeterio y Epigmenio González Flores, Ignacio Pérez, Luis Mendoza, Francisco Loxero y los presbíteros y frailes que se unieron a la causa.

Fue aprendida por el alcalde Juan Ochoa el 15 de Septiembre de 1810 y recluida en el Convento de Santa Clara. Pocos días después el 22 de octubre fue puesta en libertad por el Alcalde del Crimen don Juan Collado. Con ello reinició su empeño revolucionario; formó parte de los llamados Guadalupes, especie de informantes y auxiliares secretos de los insurgentes. Además siguió proclamando públicamente la independencia del virreinato, con tal coraje, que escupía a los españoles civiles y militares y los agredía de palabra. Por ello fue acusada ante el Virrey, calificándola el dr. Beristáin como una Anna Bolena.

Por orden del virrey fue apresada por el Coronel Cristóbal Ordaz y conducida a la ciudad de México, para ser depositada en el convento de Santa Teresa la Antigua. Fue sentenciada a cuatro años de prisión, cumpliendo su sentencia en el Convento de Santa Catalina de Siena, del que salio libre el 17 de Junio de 1817, gracias al ruego y argumento de su esposo ante el virrey.

Murió de pulmonía el 21 de marzo de 1829. en México. El templo del Convento de Santa Catalina de Siena fue testigo de las exequias de esta notable mujer y de la presencia, en ellos, de la flor y nata de la política de la naciente nación.