Baja California
Deportados se refugian en Rosarito
Viven en las playas limpiando carros
El Sol de Tijuana
22 de abril de 2013

por Yolanda Caballero Jacobo

Playas de Rosarito.- Las deportaciones de Estados Unidos a México han generado que los migrantes busquen en Rosarito una esperanza de vida, un "horizonte de posibilidades".

Algunos viven en las playas otros en las calles o debajo de los puentes, muchos de ellos son perseguidos por las policías ya sea por su aspecto o porque no cuentan con alguna identificación oficial que avale su identidad.

Las autoridades poco hacen por atender el problema porque consideran que son pocos los que arriban a este municipio, las iglesias opinan lo contrario porque son quienes atienden esta problemática.

"Hay una demanda de deportados, muchos se acercan a la parroquia, se vienen de Tijuana a Rosarito y andan en las calles", lamentó Marcela Lara, una mujer que forma parte del programa "Ayuda a Migrantes" en Rosarito.

La Iglesia Misioneros Guadalupanos del Santísimo Sacramento creó este programa para dar una mano amiga a quienes fueron regresados de Estados Unidos a México, por no contar con documentos.

"Todos llegan en situaciones paupérrimas con hambre o con problemas de salud", platicó Marcela, por ello la ayuda se extiende y no sólo hay alimento como sopa y pan, también les ofrecen alimento espiritual, para que su fe no decaiga y sus esperanzas de comenzar una nueva vida sea una realidad.

La falta de apoyo por parte de las autoridades es evidente, según comentó la integrante del programa Apoyo al migrante, ya que casi diariamente reciben una persona por día en busca de ayuda, sin dinero pero con la ilusión y el anhelo de obtener un apoyo.

"A la semana atendemos cerca de cinco personas, algunos en familia, otros solos, y hay de todo hombres y mujeres", puntualizó la mujer.

Para el gobierno local esto no representa una problemática, anteriormente consideraban la construcción de un refugio para los migrantes, pero según información del sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) la demanda de personas en poca, por ello por lo menos en la administración municipal que encabeza Javier Robles Aguirre, no se realizará dicha obra.

"Sólo tenemos muy pocos casos y los que llegan los ayudamos con algún recurso para que regresen a sus ciudades de origen", comentó Jorge Crosthwaite, director de DIF Rosarito.

Mientras, seguirán en las calles o viviendo a la intemperie.

Para Alejandro N., de 60 años, su vida cambió cuando la "migra" lo regresó a su país de origen. Tijuana le dio la bienvenida y sin dar más detalles, dijo a la reportera de EL SOL DE TIJUANA que decidió que Rosarito sería su hogar.

"Yo tenía todo, casa, carro, tarjetas de crédito, pero todo se me fue", platica el hombre. La voz se le corta y aunque trató de contener su sentimiento, fue notable una lágrima que brotó y rodó en su mejilla y es que ahora su hogar es la playa. Las estrellas se convirtieron en su techo y si el frío lo invade busca otro lugar "con algunos amigos".

-¿Y para comer, de dónde obtiene alimento?, le preguntó la reportera.

Con timidez el hombre dijo: "pues aquí en este estacionamiento, les doy señas a los que manejan para que no choquen, mientras están en la playa yo le doy una manita a sus carros, ahí veo si están muy sucios les pregunto si lo lavo y si no, pues no", "lo que gano pues ahí lo uso para mis gastos".

Entrevistado frente a las playas del océano pacífico cerca del bulevar Popotla, el hombre lamentó que por su aspecto son perseguidos por los policías. "aquí a cada rato nos detienen, a mí a cada rato pero nomás cumplo mis veinticuatro o treinta y seis horas y voy pa' fuera".

La integrante del programa Ayuda al Migrante en Rosarito, opinó que algunos son estafados y robados, "nosotros los vemos decaídos y desilusionados".

Los migrantes, algunos con la esperanza muerta, otros no dejan morir la ilusión de recuperar lo que una vez tuvieron: familia, amigos una casa, una vida. Aquí en la suave arena de las playas de Rosarito no sólo llegan turistas para disfrutarlas, este lugar se ha convertido también en un hogar de aquellos que fueron repatriados.