Migración
El sueño roto de los salvadoreños deportados de EU
Foto: Archivo
Organización Editorial Mexicana
4 de febrero de 2013


AFP

Comalapa, El Salvador.- Dina Márquez vivió durante los últimos 13 años su modesto sueño americano limpiando casas en Texas, del que despertó de manera abrupta el pasado viernes, al descender de un avión repleto de deportados en el Aeropuerto Internacional de El Salvador.

Cabizbaja, con la angustia dibujada en el rostro, Dina ingresó a una sala especial de la terminal aérea, 44 km al sur de la capital, junto a otros 60 migrantes devueltos a El Salvador por el Servicio de Inmigración de Estados Unidos.

Allí fue recibida al igual que sus compañeros de viaje por personal del programa "Bienvenido a Casa" del gobierno salvadoreño, cuya misión es ayudar a los deportados a reinsertarse en el país.

"Yo quería una mejor vida, cumplir ese sueño americano, pues aquí nunca iba a lograr nada, pero eso se acabó de un día para otro", relata Dina, mientras sostiene una lata de refresco.

Dina, de 44 años, es originaria del occidental departamento de Sonsonate, tiene la piel morena pero lleva el cabello teñido de rubio intenso.

Sus ojos se llenan de lágrimas al recordar que, para costearse el viaje e ingresar indocumentada a Estados Unidos, se vio forzada a vender su casa por nueve mil dólares en el año 2000.

Ya en Estados Unidos, Dina se amparó a un Estatuto de Protección Temporal (TPS) que ese país otorgó a los salvadoreños en 2001, tras dos devastadores terremotos, pero lo perdió en 2006 por distintas circunstancias, también el permiso temporal de residencia y trabajo, e inició su calvario de indocumentada.

"Compatriotas me tendieron la mano y me daban trabajo a pesar del riesgo; limpiaba casas y ganaba dinero para llevar una vida modesta, pero sabía que un día me iban a agarrar y así fue: me arrestaron en Texas (centro-sur de EEUU) y estuve tres meses en una prisión antes de ser deportada por no tener papeles de residencia", afirmó la mujer, quien no piensa volver a Estados Unidos.

Cerca de Dina, Fernando Orellana, de 37 años, espera con la mirada perdida a que le tomen sus datos para marcharse a su casa ubicada en San Martín, 14 km al este de San Salvador.

"En Estados Unidos nos hacen ver como animales que debemos escondernos para que no nos deporten", comenta a la AFP Orellana, quien salió del aeropuerto solo, sin ningún familiar que lo esperara.

Vestido con una camisa color naranja, pantalón vaquero y zapatillas negras, Orellana cuenta que sólo pudo permanecer seis meses en Virginia (este) antes de ser deportado, y durante ese tiempo trabajó de jardinero.

"Voy a volver a jalar (irme) para el norte, acá la situación está jodida", dice no obstante el hombre, quien al igual que muchos otros deportados se marchó en un autobús pues solo llevaba un par de dólares en el bolsillo.

Como Dina y Fernando, unos 20 mil salvadoreños -según cifra oficial- llegaron en 2012 con su sueño americano roto. El endurecimiento de las políticas migratorias ha mantenido un ingreso creciente de deportados, unos 93 mil emigrantes el año pasado sólo en Guatemala, Honduras y El Salvador.

Centroamérica está esperanzada en que ese flujo se detenga pronto: El presidente Barak Obama presentó la semana pasada un plan que abre una vía hacia la ciudadanía para los más de 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos, y saludó un acuerdo marco anunciado hace una semana por un grupo de ocho senadores demócratas y republicanos para avanzar en el tema.

Los emigrantes son un pilar importante de las economías de Centroamérica: en 2012 llegaron más de 12 mil millones de dólares en remesas familiares, de los cuales 3 mil 900 millones fueron recibidos por El Salvador.

En Estados Unidos viven unos 2.5 millones de salvadoreños, 1.3 millones de guatemaltecos, un millón de hondureños y 500 mil nicaragüenses, según datos oficiales de cada país.

A diario unos 200 salvadoreños emprenden camino hacia Estados Unidos, sin documentos. En su ruta deben atravesar México, donde pasan terribles penurias y muchos pierden la vida, son secuestrados por bandas de criminales vinculadas al narcotráfico, víctimas de accidentes, asaltos, explotación laboral y sexual y otros vejámenes.