Opinión / Columna
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Arsénico...y encaje
Miguel Ravelo
La incertidumbre desconcierta al pueblo
El Sol de Tijuana
5 de marzo de 2010
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por Miguel Ravelo
Arsénico... y encaje.
Tijuana. Cada día que pasa, las quejas, los lamentos, las acusaciones de los afectados o por lo menos agredidos, llegan a los medios, a los amigos, a los vecinos, que son informados de sus problemas, de las agresiones, de las pérdidas de su modesta riqueza en manos de algún delincuente, o del daño físico a uno o a los familiares, así como los latrocinios en las calles, en las zonas oscuras, o en los mismos hogares. De todos estos hechos, sólo una mínima parte es transferida a los informadores, porque los afectados han sido intimidados por sus atracadores.
En una plática con nuestros amigos, se escucharon distintas formas de la toma informal o del informe por parte de los medios. Los ataques de la delincuencia no se limitan sólo a los particulares, a los conocidos o a los reportados públicamente, sino a una cantidad tan grande y preocupante, que las autoridades no se han atrevido, en algunos casos a informar a la población o a los superiores sobre tales hechos. O, si se han tomado la libertad de hacerlo, el silencio de los jefes no permite la información; por lo tanto, la persecución. La reservación u ocultación hace tanto o más daño que los hechos mismos.
Revisando las secciones de los medios, se encuentran ciertos síntomas o características de los probables delincuentes, en algunos casos se muestran en la televisión y en la primera plana las fotografías de esos acusados como posibles autores. Muy difícilmente ocurre que algunos de los detenidos confirmen su mala acción, pero también se pierde o se guarda el resultado de las investigaciones, de las pruebas o de la inocencia. El público, confuso ante las decisiones o las acusaciones, se desorienta, al grado de no atreverse a salir de sus hogares ni siquiera en las horas del día por la cantidad de desconocidos en las calles.
No hay, según nuestros comentaristas, normas fijas que garanticen la libertad, seguridad y respeto de los ciudadanos de cualquiera nivel o capacidad económica, que salen de sus hogares o residencias, o de los domicilios de familiares y amigos, cuando ya han pasado las horas de la supuesta y esperada "seguridad". La delincuencia ha llegado a límites que superan la capacidad y cantidad, la honestidad o el descuido de todos los vigilantes y los responsables de la seguridad ciudadana, porque ellos, lamentablemente, son también víctimas de las agresiones, tanto de delincuentes como de "aficionados".
Las vigilancias, las revisiones ordenadas o tomadas de emergencia deben ser moderadas y justas para no causar daños o acusaciones por sospecha, pero tampoco a reducir la vigilancia, la acción protectora y la garantía a la seguridad, vida y bienes de pobladores que viven sana y legítimamente y los sorprendidos lejos de sus domicilios, armados o en grupo, que "trabajan honestamente" buscando a víctimas a las que favorecen dejando que se retiren libres despojados de bienes y valores. Se sugiere que las autoridades no suspendan sus labores de vigilancia sin detener a los sospechosos asaltantes verdaderos.
Marzo 4 de 2010.
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