Opinión / Columna
 
José Damián Rivas Ríos 
De una conducta asertiva surge la mejor personalidad
El Sol de Durango
8 de febrero de 2010

  Con una conducta asertiva se tiene habilidad social para la comunicación y, gracias a ella, podemos decir lo que sentimos, lo que pensamos, claro, respetando cabalmente la integridad de los demás y la de sí mismo; logrando con ello estar bien con nosotros mismos y con nuestros semejantes. Con esta conducta se adquiere una gran satisfacción personal porque, con tal actitud necesariamente amable, se puede manifestar lo que se desea, sin contradecirse ni humillarse, al mismo tiempo que se es atento y respetuoso con los demás, asumiendo la responsabilidad de lo que se hace y dice, así como la consecuencia de nuestros actos.

Al ser la asertividad una conducta, se comprende que son actitudes aprendidas a través de buenos hábitos. No se trata de un rasgo de la personalidad, ni tampoco es genética ni hereditaria. Simplemente una conducta aprendida que puede lograr cualquier persona no importando la edad.

Creo que todos necesitamos aprender conscientemente, cómo defender nuestros derechos personales, cómo expresar nuestros pensamientos, emociones y creencias en forma directa, honesta y apropiada, sin violar los intereses ajenos. Adquiriendo una conducta asertiva se tiene capacidad para decir NO cuando se debe decir no; capacidad para pedir favores, capacidad para expresar con dignidad nuestros sentimientos y, tener educada propiedad para saber conversar. En síntesis, tener conciencia de que la conducta asertiva es la más adecuada para tener excelentes relaciones humanas.

La conducta asertiva es por tanto la comprensión hacia sí mismo y el respeto humano hacia los demás. De aquí surgen los derechos más comunes de una persona asertiva y que se deben ejercer con toda integridad. De ellos puedo mencionar los siguientes:

1.- Derecho a mantener nuestra integridad, comportándonos bien y respetando los derechos de los demás; 2.- Derecho a ser tratado con respeto y dignidad; 3.- Derecho a rechazar peticiones sin tener que sentirnos culpables; 4.- Derecho a expresar nuestros sentimientos y lo que pensamos.

5.- Derecho a pensar antes de actuar; 6.- Derecho a cambiar de opinión; 7.- Derecho a pedir lo que se necesita siempre y cuando haya obligación de la otra persona o personas; 8.- Derecho a ser atendido cuando se enferma; 9.- Derecho a ser independiente; 10.- Derecho a decidir qué hacer con nuestro cuerpo, nuestro tiempo y nuestros bienes.

11.- Derecho a pedir y se nos de información; 12.- Derecho a cometer errores pero siendo responsable de ellos; 13.- Derecho a sentirse a gusto consigo mismo; 14.- Derecho a que nuestras necesidades sean tan importantes como las de los demás; 15.- Derecho a externar nuestra opinión;

16.- Derecho a obtener cabalmente aquello por lo que pagamos; 17.- Derecho a ser escuchados y tomados en cuenta; 18.- Derecho a estar solos si así lo deseamos; 19.- Derecho a hacer cualquier cosa sin violar el derecho ajeno; 20.- Derecho a tener derechos y defenderlos.

Un maestro por ejemplo, debe ser un líder asertivo de su grupo de alumnos, pues el proceso de formación y las interrelaciones que se generan dentro del aula, necesitan de alguien que lideré el proceso y fomente las buenas relaciones humanas. Su liderazgo influye positivamente en el alumnado para lograr los objetivos propuestos. También puede orientar su liderazgo hacia los demás compañeros de la organización escolar. Si por desgracia, el maestro como líder no tiene conciencia de sí mismo o no posee las habilidades adecuadas, su proceso de liderazgo no funciona.

Cuando un maestro es líder asertivo es autónomo e independiente. Tiene criterio propio, sabe cuándo, cómo y dónde es preciso cambiar de opinión sin avergonzarse y, organiza su tiempo de acuerdo con sus intereses profesionales. Esta autonomía también le permite decir lo que piensa, expresar sus emociones y actuar de acuerdo a sus principios personales. Dicha libertad de expresión le concede una prudente actitud responsable para realizar su desempeño con dignidad o corregir una situación inconveniente. Su condición de líder asertivo lo hace reconocer sus errores, equivocaciones y limitaciones, haciéndose responsable de sus actos. Esto implica también que sea un líder que pregunte y pida información; pues es sano reconocer que no lo sabemos todo y preguntar es digno; además de asumir una actitud abierta a la curiosidad y al aprendizaje sin sentirse inferior por ello.

Un maestro que es líder asertivo es muy útil en situaciones de conflicto que se dan en la escuela, ya sea entre el alumnado, entre maestros o entre maestros y alumnos. Ejemplo: Cuando no se cumple con un plan de trabajo, cuando se cuestiona de manera frontal a un maestro, cuando los alumnos quedan abandonados, etc.

Actuando de manera asertiva pueden resolverse más efectivamente los problemas.


 
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