Opinión / Columna
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El Cumpleaños del Perro
Juan José González Mejía
EL CUMPLEAÑOS DEL PERRO
El Sol de Tampico
3 de diciembre de 2010
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Cine del Cono Sur
Juan José González Mejía
Me llama la atención que la crítica y el cinéfilo más depurado sólo tengan ojos para los trabajos de realizadores si bien excepcionales e indispensables del cine latinoamericano actual como Carlos Reygadas, Carlos Sorín, Lisandro Alonso, André Wood, Walter Selles, entre otros, y dejen a un lado las obras de directoras también originales y verdaderamente innovadoras como Alicia Scherson (Chile-1974) y Lucrecia Martel (Argentina-1966).
La primera, nos entregó con su ópera prima Play/ 2005 una mirada deslumbrantemente contenida e intimista que oscila entre un Hal Hartley revisitado, un Almodóvar estilizado y un Bresson bien asumido..
Una de las constantes de las primeras películas son los marcos de referencias establecidos (eso que Octavio Paz llamaba "homenajes y profanaciones") que exudan, necesariamente, sus directores. Y Scherson no es la excepción.
El discurso fílmico desarrollado por Scherson en Play, capturado en un espléndido video digital de alta definición, gracias el eficaz Ricardo de Angelis (Hombre Mirando al Sudeste), está plagado de guiños a otros directores: Subiela, Ruiz (amén de los anteriormente citados).
Soportando un tono de fábula o moderna comedia existencialista salpicada de Street Fighter, de cine naturalista, lo cierto es que Play -desde los créditos iniciales- nos acerca a una alteración deliciosa de la realidad en las vidas de sus dos protagonistas principales: Tristán (Andrés Ulloa) y Cristina (Viviana Herrera).
Si Cristina destila su devenir en el cuidado de un enfermo inmigrante húngaro (Francisco Copello), leyéndole El National Geographic y jugando videojuegos, Tristán verá derrumbada su vida después de un asalto (algo similar con el personaje de Lolo/ 1991, de Francisco Athié), amén del abandono de su mujer.
La saturación de un naturalismo visual de las calles bien retratadas de Santiago con el cruce de personajes desbordados en riberas ontológicas (como la mamá ciega de Tristán que es amante de un mago argentino, le otorgan a Play un estilizado tono único, genuino para ser ópera prima.
Si bien el asunto en apariencia inquietante de vigilar y beber la vida de otros (Cristina se entromete en el mundo de Tristán por el portafolios de él que se encuentra en un basurero) no quiebra, por fortuna al filme, y sí le da impulso emocional para entablar fugas de la existencia misma a través de lo onírico, lo rayano (cuando Cristina lucha como su heroína Chun Li al defender a una niña de una furibunda mujer)...
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