Opinión / Columna
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Nuevo Inventario: Historia de la Ciudad
Aurelio Regalado H.
NUEVO INVENTARIO
El Sol de Tampico
3 de diciembre de 2010
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Historias de la ciudad
La Revolución y Tampico
(Final)
Aurelio Regalado Hernández
Terminada la batalla de El Ébano a finales de mayo de 1915 con el triunfo de los constitucionalistas, disminuyó considerablemente el peligro de que la violencia se extendiera a Tampico donde, no obstante, la población siguió padeciendo un tiempo más la crisis alimentaria.
Los villistas estaban prácticamente derrotados y por ello Venustiano Carranza se erigió en el líder indiscutible de la Revolución. Los constitucionalistas eran de facto los triunfadores de la guerra civil iniciada para derrocar a Huerta, y sólo les faltaba un paso para tomar el poder político e iniciar la restauración del orden.
Mientras esto ocurría, en Europa se desarrollaba la Primera Guerra Mundial. Los tanques de guerra, aviones y demás unidades bélicas de los aliados que requerían de combustible se alimentaban de la gasolina que se extraía de los pozos de la región de Tampico. Sin duda, ésta fue una de las razones por la que los alemanes iniciaron una "guerra secreta" en nuestro país, en la que Tampico estuvo considerado entre los principales escenarios para su desarrollo.
Friedrich Katz dice en su obra "La guerra secreta en México" que los planes conspiratorios alemanes quedaron a cargo de su ministro representante, Heinrich von Ekardt, y cita un informe de éste elaborado a finales de julio de 1915, en el que decía:
"...El agregado naval me sugirió por intermediación del káiser que hiciéramos destruir los campos petroleros de Tampico... El embajador del káiser y el agregado militar me dijeron expresamente que valdría mucho la pena crear condiciones de viaje para oficiales de la reserva y aspirantes a oficiales que estuvieran actualmente en Estados Unidos".
Afirma Katz que "después de que Ekardt concluyó "las negociaciones sobre el asunto de Tampico..., la Marina alemana aparentemente renunció a la operación planeada para la destrucción de los pozos". Pero no fue así, porque tres semanas más tarde Franz von Papen, agregado militar alemán en Estados Unidos, informaba a sus superiores:
"En vista de la gran importancia que tienen los pozos petroleros de Tampico para la flota británica y de las grandes inversiones británicas allí, he enviado al señor Von Petersdorf para hacer el mayor daño posible mediante el sabotaje a gran escala de tanques y oleoductos. Dada la actual situación en México, espero obtener grandes éxitos con recursos relativamente reducidos".
No se tiene registro de que hubiesen prosperado los planes de Von Papen, pero poco después el agente Fred L. Hermann fue comisionado para "incendiar los campos petroleros de Tampico". Este agente partió de Nueva York junto con Raoul Gerdtz para cumplir su tarea. Katz nos dice que "las autoridades norteamericanas habían entrado en sospechas y los hicieron vigilar constantemente por agentes del Departamento de Justicia. Pero no fueron tanto estos agentes como las propias acciones de Hermann las que los delataron. Tan pronto como llegó a La Habana se dirigió a la legación alemana, (donde) el ministro al que informó de sus planes pensó que eran provocadores que se proponían realizar actos de sabotaje por encargo del servicio secreto inglés o norteamericano para comprometer a los alemanes", por lo que luego de reportar a sus superiores se dirigió al embajador mexicano en Cuba para advertirle de la tarea que los espías iban a emprender en Tampico.
No obstante, y sin que se sepa a ciencia cierta la razón, Raoul Gerdtz "se negó a participar en la realización de los actos de sabotaje en Tampico", lo que motivó que su jefe Hermann lo despidiera y despachara de regreso a Colombia "sin darle ninguna compensación por sus trabajos".
Eliminado circunstancialmente este peligro, a principios de octubre de 1915 se anunció la llegada de Carranza a Tampico. El día 12 por la mañana, en efecto, miles de porteños se concentraron en los muelles a esperar el arribo del jefe constitucionalista para mirarlo de cerca, vitorearlo, agradecerle y, en el mejor de los casos, saludarlo de mano.
Finalmente, el cañonero Bravo que traía en sus entrañas a Carranza llegó a las costas del Golfo y, tal como apunta Joaquín Meade, desde el río Pánuco salió un remolcador que llegó hasta alta mar para conducir la nao hasta los muelles. A bordo del remolcador que salió de Tampico iban los generales Álvaro Obregón (recién llegado de Saltillo, ya sin el brazo perdido en Celaya) y Luis Caballero, gobernador de Tamaulipas.
Cuando el cañonero atracó frente a la aduana, se escuchó la granizada de aplausos de las miles de personas que habían estado esperando la llegada de Carranza, quien fue recibido con todos los honores y conducido luego hasta su habitación en el Hotel Palacio, frente a la plaza de La Libertad. Estuvo en el puerto poco más de 40 horas, partiendo el 14 de octubre a bordo de un carro del ferrocarril a Monterrey, acompañado por sus hombres de confianza.
Con esta visita del líder constitucionalista prácticamente culminaron para Tampico las acciones relacionadas con la Revolución Mexicana, iniciada por los miembros del Partido Liberal en el primer lustro del siglo, continuada por Madero en 1910 y sellada por el constitucionalismo triunfante. No obstante, las esperanzas que la mayoría de los mexicanos depositó en aquel magno movimiento no iban a ser plenamente satisfechas.
aurelioregalado@yahoo.com.mx
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