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Opinión
![]() Luis Fernando Rodríguez
Un conflicto para el mundo
Organización Editorial Mexicana
12 de enero de 2009
Uno de los más grandes sucesos en la historia contemporánea es sin duda el conflicto árabe-israelí, que ha provocado la preocupación de todo el mundo y ha logrado que diversas resoluciones del órgano supra nacional por antonomasia se redacten para darle una solución adecuada a las costumbres de ambas naciones.
Este conflicto se remonta a algunos siglos atrás, no obstante, la comunidad internacional no ha logrado detenerlo debido a los tintes unas veces políticos, otras veces religiosos, pero siempre con metodologías militares que diezman la población civil de ambos territorios. En la actualidad, tal parece que el conflicto se ha encrudecido y acrecentado por el efecto multiplicador de las animadversiones entre musulmanes y judíos. De tal suerte que los esfuerzos realizados por la comunidad internacional han sido casi nulos y, a manera de antípodas, se han encargado de exacerbar las acciones hostiles entre ambas naciones. Para dar mayor detalle de estos mecanismos, nos encontramos con las diversas resoluciones emitidas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la famosa Hoja de Ruta elaborada por el denominado "cuarteto", y el recientemente anunciado plan de George W. Bush en Annapolis para llegar a una solución. Tal parece que las posibles soluciones se ponen sobre la mesa. Entonces ¿qué es lo que ocurre?, ¿cuál es el motivo por el que no fructiferan dichas negociaciones? La respuesta muy probablemente la encontramos en la política diseñada por Ariel Sharon, quien con su mano dura hacia los palestinos no permitió que se sentaran las bases para una solución pacífica. Por el contrario, los líderes israelíes posteriores parecen haber adoptado la misma política y han acrecentado los ataques contra Palestina. Es importante mencionar que la solución no parece ser tan utópica o inasequible. Es decir, que para muchos expertos en la materia la solución incide en la devolución por parte de Israel de los territorios ocupados a sus verdaderos dueños. Por lo menos los últimos documentos para resolver el conflicto emitidos por diversos organismos así lo manifiestan. Sin embargo, éste parece ser un imposible en la política exterior de Israel. En algún momento de la historia antigua, específicamente en el siglo X antes de Cristo, el gran rey Salomón, hijo del rey David, contribuyó a una de las primeras formulaciones de una paz internacional que la Sagrada Biblia recoge: "Yavé dictará sus leyes a numerosos pueblos, que de sus espadas harán rejas de arado y de sus lanzas, hoces. No alzarán la espada gente contra gente ni se ejercitarán para la guerra". (Isaías, 2-4). Tal parece que esta revelación del rey Salomón ha caído en la actualidad en un precipicio sin fondo, que a medida que cae arrastra los deseos virtuosos de la humanidad, para dejar atrás un rastro de sangre y destrucción que involuciona la conducta del hombre. *Diputado federal www.luisfernandorodriguez.com Columnas anteriores
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