Migración
Por miedo, ilegales no arreglan sus documentos: Romo
Con "The United Hispanic Carrying Hearts", Irma Romo, mujer originaria de Tecopilco, apoya a indocumentados
El Sol de Tlaxcala
18 de julio de 2008

Elízabeth González, Enviada

Chicago, Illinois, EEUU.- Irma Romo se vino a vivir aquí sola desde que tenía 15 años. Como hija única en una familia de varones, de niña aprendió los juegos rudos de sus hermanos. Eso, dice, le forjó el carácter y le dio la garra para formar a sus dos hijas y, al mismo tiempo, para ayudar a mexicanos que aquí, en Chicago, buscan "una mano amiga".

Es una mujer fuerte, muy fuerte, que se irrita por las injusticias contra sus compatriotas, pero que se conmueve con cualquiera de los niños con los que trabaja desde hace varios años como asistente de profesora en esta urbe.

Ella está satisfecha con su vida aquí en Estados Unidos y muchas veces piensa, como su esposo Serafín, en el regreso a México, pero sus hijas tienen su mundo en este país, donde ella llegó un día solamente de visita.

Irma no es de las mujeres que vacila, quizá por eso no dudó en tomar la representación en Chicago de la organización "The United Hispanic Carrying Hearts", que es puro amor al arte.

Y es que ella sabe bien lo que se siente estar solo en un país donde casi todo el mundo ha olvidado el valor de la solidaridad.

"Aquí todo mundo trabaja. Aquí todo el mundo está solo. Si te duele la panza, no hay quien te dé una pastilla; puede ser que te estés muriendo, y que el vecino lo sepa, pero ten la seguridad de que no hará nada por ti. Aquí no les importa, aquí solo piensan en ganar; ése es el único motivo de vivir", sostiene.

La visita

Irma Romo es oriunda de San Lucas Tecopilco, Tlaxcala, donde aún vive su madre y a donde no ha regresado desde hace muchos años.

Con marcado acento chicano, acepta que quisiera volver a su país, pero sus hijas, de 14 y 11 años, están primero que su añoranza, y permanecerá aquí si ellas no quieren vivir en México.

Con su larga cabellera rizada revuelta por el aire, Irma detiene con suavidad su camioneta roja en un semáforo de la calle Harlem, en Harwood Heights, al norte de Chicago. "Aquí las cosas son muy diferentes en las carreteras, en las calles. Aquí las reglas son muy duras y debes andarte con cuidado", explica.

"No me fue muy fácil adaptarme a esta vida, a pesar de que había venido años antes de llegar con mi hija. Vine cuando estaba soltera, cuando no tenía ni 20 años, y estaba con unos familiares; pero empecé a trabajar en una fábrica donde había muchos negros, y con ellos aprendí mucho inglés. Pero luego vine ya casada a visitar a mi marido, y eso fue diferente para mí, porque traía a una niña".

Irma narra que en México su esposo ya había concluido la carrera y no tenía trabajo, pero sí una niña que mantener. "Aquí estaban mis hermanos; por eso se vino para acá, pero allá mi niña estaba triste, se enfermó por no ver al padre. Mi mamá decía que tenía tiricia. Cuando veía a mis hermanos les decía a todos papá, y mi mamá me decía que tal vez pensaba que yo no le quería decir quién era su papá. Eso para mí fue terrible, muy triste; así que decidí venir de visita".

Pero el regreso se postergó 12 años, dado que a los 20 días de estar en Chicago, Irma quedó embarazada otra vez.

"Fui a México hace unos años, porque yo tenía una hernia y conocía a un buen médico en Puebla; pero no hemos regresado. Mi esposo vino por necesidad, porque siempre se carece de algo".

Irma reconoce que su esposo añora la vida de México. "Es un jarocho mudo, y es que los jarochos son muy fiesteros, sociables, y él no habla ni inglés ni español, porque aquí la gente no habla lo suficiente".

Esto tiene a Irma "50 y 50, porque mis hijas son de acá, y nosotros de allá; pero yo estoy donde ellas quieran".

Las deportaciones

Irma Romo afirma que aquí hay gente que tiene trámites pendientes, que debe seguir algunos procesos legales para obtener algunos documentos como licencias y seguro social, que requieren de un permiso legal para estar en Estados Unidos; por eso decidió ayudarlos.

Esto se debe, explica, a que aumentaron los precios de 305 a 930 dólares en el caso de trámite de una licencia. "Mucha gente puede conseguirlo sacrificando muchas cosas, pero es posible que le nieguen la residencia, y en ese caso sigue siendo ilegal, y hasta lo pueden deportar".

En realidad, continúa, "aquí todos contribuimos con el pago de impuestos; pagamos por las propiedades, y si te deportan pierdes todo. El banco se queda con las propiedades; ése es el temor de la gente para iniciar cualquier trámite".

Por lo pronto, revela que con Migración ya colaboran instancias que evitan que ilegales contraigan créditos. Por ejemplo, asegura, hasta hace un año cualquier persona podía obtener recursos para comprar un bien, siempre y cuando demostrara su salario.

Los errores de Migración

Irma abre al máximo los ojos cuando afirma que a los agentes de Migración lo que menos les preocupa es la gente con la que tratan.

"Aquí las cosas están muy difíciles", advierte y se enrojece cuando dice que "hay gente a la que han deportado por errores de Migración".

Irónica, sostiene que "aquí primero te arrestan y al final te dicen 'discúlpame, fue un error, no checamos bien tus datos'; eso si corres con suerte, pues a veces se lavan las manos y ni siquiera aceptan que se equivocan".

Irma enfatiza que por estas razones mucha gente inocente pasa largos periodos en la cárcel de Migración. "A mucha gente la han separado de sus padres por errores; sale en las noticias, donde va Inmigración y verifica una compañía donde hay gente ilegal, y también legal; son hispanos, y a todos se los llevan, y cuando verifican ya le sueltan".

Esto, denuncia, se debe a una gran incapacidad de quienes están encargados de este trabajo; pero no es algo que le ocupe a las autoridades.

"The United Hispanic

Carrying Hearts"

"The United Hispanic Carrying Hearts" llegó a la vida de Irma Romo como una coincidencia.

"Un día el esposo de un vecino me dijo que se había casado con una señora que tenía una organización, ellos están en Indiana, y me explicó que se dedicaba a trabajar con hispanos para apoyarlos en todo trámite".

Irma Romo acomoda sus gafas y reconoce que su labor se debe a la experiencia de soledad que viven los latinos en este país.

"Creo que a veces uno busca un lugar donde conozca uno, pero a veces dicen que es peor, porque el primo, el tío, la hermana, ni en cuenta, y te ayudan mejor otras personas. A mí me apoyaron familiares y hermanos. Mi esposo vino aquí porque aquí estaban mis hermanos, pero no en todos los casos es igual".

Añade que alguna vez le preguntó a Evelyn, la lideresa de la organización, sobre algunos trámites de migración, y "entonces ella me dijo 'por qué no trabajas para la agrupación; yo dejo la oficina de Indiana sola para venir a Chicago, y si tú te haces cargo aquí, me ayudas'".

"Nosotros, en la organización, ayudamos a los hispanos en todo trámite de migración. Demandas, divorcios y muchas cosas". En realidad, refiere, en la organización no sólo apoyan con trámites, sino que procura difundir la mayor cantidad de información posible respecto a los trámites; información que, lamenta, generalmente los abogados, la gente de Migración y las autoridades esconden, para evitar que el hispano conozca sus derechos.

Romo acota que su labor al frente de este grupo en Chicago, desde el año 2003, no tiene fines de lucro, que se sustenta con el pago de las formas de trámites, pues "los formularios no son gratuitos, no se paga por honorarios, sólo en caso de que el notario intervenga".

Abunda que "quien quiere tramitar una residencia, por ejemplo, pagaría de tres mil 500 a cuatro mil 500 dólares o más; eso es sólo por honorarios, aparte lo que cobra la persona que le hace el trámite. La organización, por tramitar la residencia, no le cobra más que los documentos que usa, y que puede ocupar hasta tres horas, y si se requiere notarizar un documento entonces se le paga al notario por sus honorarios".

Esta joven mujer levanta la voz cuando reclama que hay muchos paisanos que comenzaron sus trámites hace 15 años para buscar sus documentos, y no los continúan por miedo a la deportación. "Es lo que te digo, la gente aquí tiene miedo, se quedaron a un paso de lograr su objetivo y no saben que pueden lograrlo, a pesar de todo; así que tenemos que decirles que se atrevan y que nosotros los podemos ayudar".

Irma resume que muchos ilegales tienen ese estatus no por falta de dinero, sino por ignorancia o falta de información.

La vida en Chicago

En Chicago Irma es una mujer aclimatada. Clava los ojos en el techo y junta sus manos: "En México dejé todo, y aquí empecé de cero; creo que no me ha ido mal. Para salir adelante uno tiene que trabajar muy duro, y luego con unos niños. Cuando viene sola es más fácil que regrese, porque no hay quien le diga nada, pero cuando uno está casado a veces hay cosas que no le gusta a uno hacer, pero las hace por sus hijos". Para ella lo primero son sus hijas, quizá por eso trabaja como asistente de profesora de primaria, con tal de permanecer cerca de sus niñas.

"Trabajé con niños porque no quería dar a cuidar a mis hijos con una persona extraña, y aquí hay abusos por todos lados; a lo mejor es mi amiga, pero no sé cómo sea con mis hijos. Cuando tuve a mis hijas preferí cuidarlas yo misma".

Pero eso tiene un precio: "Como asistente no ganas muy bien; pero aun así una asistente gana lo que un maestro allá en México. El trabajo no me da mucho dinero, pero me da la oportunidad de cuidar a mis hijas. Las llevo a la escuela a donde yo voy y estoy pendiente de ellas, porque a veces aquí la gente se cambia el nombre y localizar a las madres es demasiado difícil a veces; eso es lo que yo evito".

Sin embargo, lejos de anhelar más dinero, Irma asegura que ha aprendido muchas cosas, sobre todo de la soledad de los niños en este país, "y eso nunca lo quiero para mis hijas".