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Opinión
![]() El Cumpleaños del Perro
Juan José González Mejía
EL CUMPLEAÑOS DEL PERRO
El Sol de Tampico
23 de noviembre de 2007
El Cácaro
Juan José González Mejía En la película de Tornatore, Cinema Paradiso/ 1989, el personaje de Alfredo (Philippe Noiret) es el entrañable proyeccionista en el único cine del pueblo. De tal modo que se convierte en una especie de ídolo a imitar para el pequeño Toto, quien está ávido -pese a la inicial oposición de Alfredo- por adentrarse en las entrañas del cine mismo. Con el impulso que da el saberse dominador de un oficio, Alfredo se convierte en un demiurgo que comanda la proyección en la pantalla grande aunque con una limitante: la feroz campanilla moral del sacerdote quien es, en última instancia -y por sus pistolas que no epístolas- el inquisidor supremo que decide el corte del negativo en las escenas donde los protagonistas se besan porque es contrario a las costumbres cristianas. Alfredo, entonces, se ajusta al dictado del cura y pone un pedazo de papel en el cuadro respectivo del rollo para posteriormente cortarlo (editarlo) y así eliminar la escena insana. Hace muchos años, en los cines existía un hombre que era el receptor de recordatorios familiares si el sonido fallaba o si la imagen se desenfocaba en la pantalla. Ese hombre recibía el mote de cácaro. Y al grito de ¡cácaro!, acompañado con una sonora silbatina por parte de muchos de los asistentes, el susodicho cácaro se abocaba en todo lo que le era posible, a solucionar el problema técnico en cuestión. El cine es magia por partida doble; en su realización propia y en la proyección final en la sala. Pareciera que es hasta mágica la tarea de la persona responsable de pasarnos el filme que hemos seleccionado. Arriba, que no vemos por la luz intensa del proyector, ese hombre de antaño llamado cácaro, en la actualidad es un técnico, sin duda, competente. Hoy el nombre del cácaro ya no circula más en el vocabulario de los jóvenes. Es arqueología del lenguaje. Ha pasado a ser, secamente, proyeccionista, ya sin el folclor de un sobre nombre en verdad sabroso, popular que era caso del dominio -al menos- de los asistentes a los cines. Entrevisté a Isai García Licona, proyeccionista de cine para que nos explicara la labor de quien tiene a su cargo el pasarnos la película cuando vamos a una de las multisalas. Isai, ¿en qué consiste su trabajo como proyeccionista? En montar los rollos de la película, que nos turnan de gerencia para la sala respectiva, en un solo rollo y después proyectarlo. ¿De cuántos rollos consta normalmente una película? Si es de una hora y cuarenta aproximadamente de seis; si es más larga, por ejemplo como las de Harry Potter, de nueve. Aunque cuando la película dura una hora y veinte, trae cuatro rollos. ¿Y todo el filme se rebobina en un nuevo rollo? Sí, y a ese rollo, además, le pegamos otros pedazos con la publicidad y los avances (trailers) de otras películas. ¿Pegar? ¿Y cómo se hace eso? Existe una cinta especial llamada maila, transparente, que nos sirve para eso: pegar cualquier cinta de celuloide a otra. Esto lo hacemos en una mesa de edición. Aparentemente suena fácil, Isai, ¿Qué se requiere para ser proyeccionista de un cine en la actualidad? Indudablemente una preparación especializada. A mí me capacitó la empresa de forma intensiva durante tres semanas. Claro, hay que tener ciertas habilidades y conocimientos técnicos, por ejemplo de sonido, que es muy importante. En las modernas multisalas se manejan dos tipos de sonido: el Dolby Digital, para las salas digamos normales, y el Sunround-Ex, para las megapantallas. Cada rack de sonido contiene hasta nueve bocinas, pero las del Sunround tienen hasta trece. Hay bocinas atrás de la pantalla y los lados, lo que permite que la calidad y claridad envuelva al público que está en la sala viendo la película. De manera fácil ¿nos puede explicar cómo proyecta una película? Una vez listo el rollo con los trailers y publicidad pegados, se coloca en un disco giratorio grande que irá desenrollándose poco a poco mientras la cinta pasa por la lente de la máquina de proyección. Es importante explicar que la cinta pasará por le lente respectiva elegida: scope y flat, las cuales consisten en ajustar la imagen en la pantalla grande. O sea, que si la cinta de la película viene con la imagen digamos achicada, se selecciona le lente flat, y para agrandarla, se emplea la primera lente. El sonido es controlado desde esta cabina mediante las consolas del rack de sonido. Es decir, que si el sonido está bajo o alto ¿es por descuido del proyeccionista? Sí, pero eso ocurriría si hay una verdadera falta de atención. Por ello, nosotros los proyeccionistas debemos estar muy atentos en los primeros minutos de la exhibición de la película para verificar que tanto sonido como imagen sean óptimos. En la actualidad, es muy difícil que falle el sonido o la imagen una vez empezada la película; de ser así, sería por culpa del proyeccionista. ¿Le gusta que les llamen cácaro? Honestamente, ignoraba ese nombre. Yo sólo lo conocía como proyeccionista de cine. En su experiencia como proyeccionista en esta empresa, ¿cuál ha sido el caso más alarmante que se le ha presentado? Bueno, se nos ha llegado a quemar algún pedazo de la cinta en plena exhibición. Es importante decir que el foco de la máquina de proyección es de 6000 watts por lo que el calor que genera es muy grande. Incluso, al terminar de pasar una película, podemos ver que se calienta al rojo vivo. Claro, cada máquina tiene un extractor de calor. Entonces la fama aquella de que el cácaro (proyeccionista) nomás ponía la película y se sentaba o a leer o matar el tiempo, ¿ya no existe? No, nada que ver. Al contrario, uno siempre está al tanto de cada proyección y máxime si es escalonada. ¿Escalonada? ¿Cómo es eso? Sí, pasar en dos salas, al mismo tiempo, una película. Por ejemplo, en las salas más grandes hemos hecho esto. El rollo se parte en dos, es decir, se enrolla en dos mitades; mientras en una sala pasamos la mitad del rollo, en la otra proyectamos la otra mitad que proyectamos primeramente en la sala anterior. Hay que estar muy atentos para cambiar los rollos. Recuerdo que una función vine a ver una película doblada al español, pero exhibieron la que estaba subtitulada, ¿allí qué pasó? Sin duda que el proyeccionista se equivocó de rollo. La solución fue sencilla: montar el que tenía la película subtitulada. Eso se hace en un minuto. Nos despedimos de Isai con la idea de que su labor es importantísima en la exhibición de una película. Así que la próxima vez que asista a una sala, eche una mirada hacia la luz que sale de allá arriba, del proyector y piense que un cácaro vigila, paciente y sapiente, que nuestra diversión esté garantizada... Columnas anteriores
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