Opinión / Columna
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El Cumpleaños del Perro
Juan José González Mejía
EL CUMPLEAÑOS DEL PERRO
El Sol de Tampico
18 de noviembre de 2009
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El asesino Damián Alcázar
Juan José González Mejía
Es probable que el asesino serial lo haya inaugurado en el cine Hitchcock con su célebre psicópata Norman Bates en Psicosis/ 1960.
El asesino serial tiene un espacio definitorio: el ambiente donde se desenvuelve. El asesino serial es un monstruo, entendido como tal el ser solo, apartado de una sociedad que lo excluye y que luego lo incita a inventar códigos de moral y ética propios.
Uno de los filmes más impactantes sobre asesinos seriales es Crónicas/ 2004, dirigida por el ecuatoriano Sebastián Cordero y producida por Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón.
Situada en Babahoyo, poblado del Ecuador, la película narra la espeluznante existencia de un violador de niños apodado El Monstruo de Babahoyo que tiene atemorizado a la población a donde llega Manolo (John Leguizamo), reportero estrella de un programa sensacionalista de televisión de Miami.
Acompañado de sus dos asistentes (Leonor Watling y José María Yazpik), Manolo pronto se encontrará con una pepita de oro: Vinicio (Damián Alcázar), un hombre que ha sido detenido por la muerte accidental de un niño.
Vinicio le soltará a Manolo la exclusiva: que le haga el reportaje que lo libere del supuesto injusto linchamiento a cambio de contarle sobre quién es el Monstruo. Manolo entra en el dilema de creerle o no a Vinicio.
Durante las entrevistas en la cárcel, Vinicio contará (y manipulará por lo mismo) a Manolo sobre el asesino serial: que él lo conoció, que habló con él, que sabe lo que le hacía a los niños antes de matarlos. Manolo irá cayendo en una especie de trampa: ¿estará Vinicio diciendo la verdad? ¿No será en realidad el asesino?
Sebastián Cordero estructura su guión de manera límpida, sin tropiezos narrativos. Es más: el asunto de que si Vinicio es o no el asesino pasa a un segundo plano ante la evidencia del contexto de miseria y exclusión social que envuelve a Vinicio, su familia y las familias de los niños asesinados.
He allí lo interesante del filme: la revelación de una atmósfera de atraso social, de marginalidad. La pregunta que parece lanzarnos el director Cordero no es si Vinicio es el Monstruo, sino ¿pueden factores externos cambiar una realidad? La respuesta quizá sea que sí. (Esto me hace recordar la secuencia, en El apando/ 1975, del guardia de Lecumberri cuando llega a su hogar pobre y desarruga los billetes obtenidos en prebendas a los presos.)
La ambición del reportero Manolo, flamante reportero de la televisora de Miami, por empeñarse en la búsqueda de la nota que lo encumbre en su profesión lo llevará a soltar otro monstruo: el de la manipulación.
Es tal el impacto que tiene el reportaje sobre el encarcelamiento violento de Vinicio, que la autoridad local lo declara inocente. No contaré el final para no vender el filme.
La actuación de Damián Alcázar como Vinicio es soberbia, precisa, burilada. Se advierte un trabajo del método, la víscera y el estómago por parte de Alcázar. Es curioso que tanto el público y la crítica voltean hacia actores como Gael García Bernal y Diego Luna (indudablemente con estupenda proyección internacional). Mientras un histrión como Alcázar está llegando a altos niveles de actuación.
Sebastián Cordero logra con Crónicas un texto fílmico contenido, expansivo, bello que a ratos nos recuerda El Chacal de Nahueltoro/1969, del chileno Miguel Littín...
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