Opinión / Columna
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Espejos
Juan Jesús Aguilar
Espejos
El Sol de Tampico
13 de noviembre de 2009
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QUÉ DIFÍCIL, HERMANA, QUÉ DIFÍCIL...
Juan Jesús Aguilar
QUÉ DIFÍCIL, la vida es aquí y ahora. Vine al mundo a vivir, no a durar. Jamás quise vender mi tiempo de toda mi vida a un patrón, a cambio de un mendrugo llamado pensión para mis últimos días, y lo celebro. No sé ahora las cartas de retiro por jubilación, en la segunda mitad del siglo pasado así se redactaban: «Por haber servido cuarenta años a la empresa». Y subliminalmente decían al viejo empleado, "porque ya no sirves para nada" -Qué sórdidos, es cruel. Es cierto. Qué difícil.
Ya en casa, sin fuerza para andar siquiera, el retirado se iba enmoheciendo al paso de los días en sus ganas de comer, de charlar, de esperar cualquier hecho y cosa que lo sacara del hastío de un encierro involuntario. Después se oxida el movimiento de articulaciones y arterias. Y más tenaz que la memoria, el olvido como una gota de aceite nos cubre poco a poco el pensamiento y las imágenes impresas, arrumbamos en el húmedo sótano los afectos centrífugos y centrípetos hasta dejar de ser un hombre y pasar a ser la Muerte. Qué difícil.
«Como te miro me vi, como me ves te mirarán», decía apenas ayer un viejo a un niño. Aquel niño que fui, y lo recuerdo ahora que soy como mi padre muerto. Uno amanece con los días contrarios, se comienza por decir, dónde dejé mi lápiz (y está en la oreja descansando), dónde están mis anteojos (y están con los lentes sobre la cabeza), dónde están los días más días y los soles más soleados que resbalaban sobre nuestras pieles desnudas, su lisura, la embriaguez del amor y aquella luz de las lecturas que se apaga. Qué difícil.
En los asilos para ancianos los buitres hambrientos abandonan los huesos de sus mayores, sacian el hambre con sus bienes y allí los abandonan. Qué cosas del hombre y su miseria. En los hospitales los médicos y las enfermeras cumplen su trabajo a cambio de unas monedas. Si bien nos va, cumplen su trabajo con la precisión de un reloj, y la costumbre mata la emoción al movimiento. Bien decía León Felipe: «La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos, / decía el príncipe Hamlet, viendo / cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo un sepulturero. / No sabiendo los oficios los haremos con respeto. Para enterrar a los muertos / como debemos, / cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero» -Por fortuna los abuelitos somos los consentidos del gobernador, qué difícil para él, para nosotros, hermana, qué difícil.
Hace doce días que no trabajo, pendo de un cigarrillo entre mis labios para no caer. Hace doce días estoy al pendiente en el lecho de mi hermana mayor en la Beneficencia. A sus ochenta cayó el primer Día de Muertos, dicen que se estrelló la rodilla. Dicen que los huesos vetustos necesitan de grapas y clavos en su papel de argamasa. Dicen que una infección intestinal no permite operarla. No dicen para cuándo ni que en el hospital la contrajo. He podido observar en vela estos días y sus noches cómo diagnostican y aplican el suero algunas enfermeras y médicos mientras cantan -Mi hermana comparte su dolor conmigo, mis hermanas mayores y yo con ella nuestra desesperación, la rabia e impotencia por lo ineficaz e ineficiente de las instituciones. Qué le vamos a hacer, hermana. Qué difícil.
El hecho es que el país sigue en el "ahí se va". El hecho es que los valores se han trastocado y se pierden los niveles. El hecho es que a los ochenta y dos todo es difícil, hasta ella... no puedo dejarla a la deriva, fue una de mis madres a la muerte de la nuestra y hoy es una de mis deudas insaldables. Debo velar por su restablecerse de esta caída que ha roto desde mi silencio hasta mi ritmo soledoso. Debo permanecer en su cabecera y estaré en la de mis mayores en su momento hasta sus últimos días. Todas y cada una son mi cáliz y mi cruz. Qué difícil.
Qué pena [de dolor], hermana. Qué vergüenza no tener un céntimo para llevarte un dulce hasta tu lecho. Así sucede la vida, lector mío. Uno se ha formado bajo el catolicismo, sabiendo que Dios es una forma de la naturaleza. ¿Qué le vamos a hacer? -Pasamos por el tiempo, recordemos al viejo poeta, León Felipe: «Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo. / pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero, / ligero, siempre ligero» -Qué difícil, hermana, qué difícil.
Escríbame: poetrysong@hotmail.com
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