Opinión / Columna
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El Cumpleaños del Perro
Juan José González Mejía
EL CUMPLEAÑOS DEL PERRO
El Sol de Tampico
11 de noviembre de 2009
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Las Fantasías de Lila
Juan José González Mejía
El miércoles pasado volví a ver un filme francés, Las Fantasías de Lila, que me recordó lo importante que es la pasión como tema. De hecho, hace unos días discutía con un amigo promotor de cine la importancia de El Imperio de los Sentidos, de Nagisa Oshima, en cuanto a la eficacia ontológica de la pasión usada por Oshima.
Dirigida por el libanés Ziad Doueiri, Las Fantasías de Lila es la relación amorosa-platónica entre los jóvenes Lila (Vahina Giocante) y Chimo (Mohammed Khouas).
Lila vive con su tía en un suburbio árabe de Marsella y le cuenta historias de sexo y lujuria a Chimo, un chico musulmán, quien tiene talento para la escritura.
La joven y bella Lila en cada cita con Chimo incita a éste al placer con el mero hecho de la descripción de escenas que supuestamente ella ha vivido.
El director Doueiri plantea visualmente un film inteligente, bello y conmovedor. En lo personal me sacudió cuando Lila le dice a Chimo: "¿Sabes por qué te cuento todo esto? porque me gusta tu mirada cuando te hablo".
Las Fantasías de Lila explora, amén de la sexualidad y la libertad femeninas, la relación de los inmigrantes árabes en Francia (Chimo logra adaptarse a otra manera de pensar y ser; cosa que sus tres amigos no consiguen, de allí la actitud violenta de ellos al final del filme).
Quizá sea sorprendente de esta cinta la velada denuncia que hace de la discriminación que vive la comunidad árabe en Francia, más ahora con los impetuosos sucesos que han asolado al país europeo...
Para publicar el viernes 13 de noviembre-2009.
EL CUMPLEAÑOS DEL PERRO
Algo de Cine Francés Cursi
Juan José González Mejía
La semana pasada me puse a ver bastante cine francés después de no hacerlo más que sólo en las Muestras o Tours. Y, permítanme ponerme cursi, pero me gustó volver a Amélie/ Francia-Alemania-2001.
No sé porqué los que estamos en la escritura de cine nos avergonzamos de ser edulcorados, es una catarsis creo yo.
Del director francés Jean-Pierre Jeunet habíamos visto Delicatessen y Alien, la Resurrección, en ambas una rara estética visual imponía: colores azules-amarillentos oscuros, húmedos y adheridos a una edición fragmentada, a veces chocante y sofocante. Con Amélie, Jeunet acude a una imaginación desbordante y rica en lecturas cinematográficas.
A través de la historia de Amélie Poulain (Audrey Tautou) el espectador se enfrenta a una moderna hada madrina quien se auto impone la tarea de hacer felices a los otros. Pese haber tenido una infancia peculiar, la joven Amélie sigue siendo un personaje único: le gusta palpar la tersura de un tonel de habas, se complace en adivinar cuántos orgasmos se efectúan en París en el momento que ella ve desde una azotea a la ciudad, le hace llegar a un hombre cincuentañero una cajita con sus juguetes de la infancia, y se venga de un abarrotero quien trata inhumanamente a su ayudante discapacitado.
Aunque no puede tener plenamente el amor, Amélie urde un plan romántico para lograr la atención del joven coleccionista de pedazos de fotogramas del metro parisino. Al final, como toda comedia de tono rosa, Amélie resuelve la vida de los demás y la propia. Amélie es una cinta original, entrañable y que provoca que queramos a todos los personajes (al idiota de la frutería, al pintor enfermo vecino de Amélie, al escritor fracasado parroquiano de la cafetería, al insensible gordo dueño de la frutería, a la mujer que descubre 30 años después una carta donde su esposo muerto le cuenta que la sigue queriendo)...
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