Opinión / Columna
 
Rodolfo Salazar González 
PERFIL
El Sol de Tampico
10 de noviembre de 2009

  Rodolfo SALAZAR GONZALEZ

BREVE PERFIL SOBRE PORTES GIL

Estas letras tienen dos razones para ser escritas y publicadas, en primer lugar, serán una especie de colofón a dos artículos que con anterioridad publiqué en este espacio, sobre los gobernadores del país y de nuestro Estado, en los que tuvo una directa influencia para su desempeño quien fuera presidente de México en 1928 a la muerte de Alvaro Obregón, el señor licenciado don Emilio Portes Gil.

La segunda motivación de este artículo obedece a la grata impresión que me causó don Reynaldo Castillo Portes, ex alcalde de Altamira, cronista de esa ciudad y un buen amigo mío, cuando anunció que junto con otros distinguidos altamirenses estará formando un patronato que tiene como finalidad principal construir una estatua de bronce de don Emilio Portes Gil en esa importante y, sin duda, poderosa ciudad industrial que cuenta con todos los atributos de la naturaleza, como son sus playas y sus tradiciones, para convertirse en un eje en el futuro inmediato, a fin de colocarse en la lista de las primeras ciudades que alcancen un inédito grato de desarrollo económico y sean el ejemplo en Tamaulipas, que sin duda lo logrará y con esto estimular el esfuerzo de mi amigo don Reynaldo, que es de los mejores hombres que han vivido para honrar su lugar de origen en donde quiera que se pare.

En este esfuerzo, trataremos algunos aspectos que crearon controversia cuando hemos hecho una apología de la vida y la obra del ex presidente de la República nacido en Ciudad Victoria y que gobernó a México en lo que el historiador y diplomático don José Iturriaga denominó los "14 meses difíciles de la Revolución Mexicana", llamando también a don Emilio Portes Gil el pacificador de México.

A lo largo de la vida de Emilio Portes Gil y después de su muerte, voces discordantes que no estuvieron de acuerdo con la actuación de tan distinguido tamaulipeco, como es el caso del recientemente finado don Juan Guerrero Villarreal, quien no dudó en vida destacar que la gestión de Emilio Portes Gil

al frente de la clase política a la que perteneció fue lesiva para la creación de una nueva generación de gobernantes en nuestro Estado.

Hace años en Ciudad Victoria, el entonces cronista de esa ciudad, profesor Vidal Covián Martínez, inició una campaña para que se denominara, mediante un decreto gubernamental, a Emilio Portes Gil "el Tamaulipeco más ilustre de todos los siglos". Esta iniciativa no prosperó por las reacciones que levantó en su contra y que fueron fundamentalmente orquestadas por quien fuera director del Diario de Ciudad Victoria, don Juan Guerrero Villarreal.

El mismo Emilio Portes Gil en su momento hizo llegar misivas a los organizadores para que desistieran de tan audaz campaña, considerándose inmerecedor de tamaña distinción.

Existe otra leyenda negra en contra de Emilio Portes Gil, que tiene relación con nuestra ciudad, y que me la han hecho saber algunos lectores por correo electrónico (sin saber que yo la conocía) que Emilio Portes Gil había pronunciado una frase temeraria sobre Tampico, en donde lo condenaba y denostaba, porque nunca lo había tratado como lo hicieron durante toda su vida otros municipios de Tamaulipas. La frase en cuestión más o menos dice así: "En Tampico he de ver crecer la hierba".

Gracias a la amistad que cultivé con el doctor Rodolfo Gil Zayas, primo hermano de don Emilio Portes Gil, me fue posible hacer contacto con quien fuera presidente de la República en 1928, en los años finales de su vida. En la casa del ex presidente acompañado de mi gran amigo y maestro Rodolfo Gil Zayas, le comenté respetuosamente a don Emilio Portes Gil si era cierta la frase que se le atribuía, en donde deseaba el peor destino para Tampico, contestándome: "Eso es una calumnia, yo nunca dije tal cosa, Rodolfo (el doctor Gil) sabe que mis amigos que más quiero son a los alijadores y a los petroleros y ellos están en Tampico".

Para nuestra generación Emilio Portes Gil fue como un faro que iluminó parte de nuestra existencia. Los que teníamos vocación por la historia y la política o estábamos relacionados con alguna responsabilidad estudiantil, siempre que llegábamos a la Ciudad de México, acudíamos hasta la oficina de don Emilio Portes Gil para saludarlo y para pedirle que nos ayudara en algún trámite que necesitábamos hacer. Fue generoso con nosotros, contactándonos con la dependencia a la cual teníamos que acudir y haciéndonos llegar recursos para que resolviéramos nuestros problemas económicos que nos causaba el transportarnos a la capital del país. Nos recibía aunque no nos conociera, era interesante estar frente a este hombre que había sido testigo y actor de eventos heroicos en la Revolución Mexicana. De tez oscura, ojos brillantes, siempre nos preguntaba sobre nuestros apellidos y el origen de nuestras familias; algunas veces adivinaba a qué familias pertenecíamos.

Lo cierto es que Emilio Portes Gil fue, como lo definió su mayor adversario que tuvo en Tamaulipas, don Juan Guerrero Villarreal, "el Tamaulipeco más brillante del siglo XX". No se vislumbra en el escenario nacional una figura originaria de este Estado que pueda acercarse a ocupar un segundo lugar, ya no digamos un primer sitio, en el lugar que ocupa Emilio Portes Gil en la historia de México.



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