Opinión / Columna
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Rodolfo Salazar González
LETRA PUBLICA
El Sol de Tampico
7 de noviembre de 2009
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Hay Nuevo Sheriff en el Pueblo
Rodolfo Salazar González
Con frecuencia algunos amigos generosos como Adolfo Salinas Peña organizan reuniones en las que participan algunos tampiqueños que tuvieron oportunidad de servir a la comunidad desde algún cargo de representación popular, como es el que mayor honor proporciona a cualquier natural de este puerto ser alcalde de Tampico.
Hace varios años, con motivo de mi cumpleaños, nos reunimos convocados por el mencionado anfitrión un grupo de personas que tenemos actividades comunes y que a todos nos preocupan los problemas de la ciudad y la forma de participar en la búsqueda de la solución a tantas dificultades y carencias por las que tiene que atravesar una población dinámica y competitiva como lo es este maravilloso puerto; que sigue siendo un sitio en la geografía nacional que irradia un magnetismo que atrae inversionistas en general, turistas a descansar, productores de la industria cinematográfica, que han encontrado en la zona centro de nuestra ciudad un escenario espléndido para desarrollar tramas de películas que casi siempre son un éxito.
Recientemente, hace unos días, se terminó la película "Flor de Fango" que tuvo en las inmediaciones de la parte Oriente de Tampico el escenario adecuado para desarrollar la historia de esta producción cinematográfica en la que intervino estelarmente Bruno Bichir.
En la reunión aludida en la parte superior de esta colaboración, uno de los comensales desempeñaba el cargo de alcalde de nuestra localidad, razón por la que llegó un poco tarde y visiblemente controvertido. Le pregunté cuál era el motivo de su aparente desasosiego, comentándonos a todos -y con esta expresión transformo en públicas las palabras con las cuales explicó la razón de su intranquilidad- que "la situación en Tampico es muy difícil, el crimen organizado está en todas partes, de plano no podemos con él, lo mejor es dejarlos hacer y nosotros como autoridad municipal no meternos para nada con ellos, porque sólo el Ejército les puede combatir con efectividad". Seguí diciendo: "A mi jefe de policía lo tuvieron secuestrado dos días se cebaron en su persona humillándolo de una forma imperdonable: Lo golpearon, lo hincaron y se orinaron en su persona". Inmediatamente le pregunté: ¿Y le pediste la renuncia?, a lo que me contestó: "Ni pensarlo, tengo que apoyarlo". ¿Te consta lo que le sucedió?, a lo que me contestó: "Yo creo ciegamente en él".
Le dije después delante de los amigos, que el crimen organizado cuando actuaba en una zona como la nuestra siempre contaba con la complicidad institucional, es decir, la mayoría de las veces los mandos medios y altos de la Policía Municipal están de acuerdo con los delincuentes para que trabajen la zona con toda la libertad del mundo, en la inteligencia de que los cuerpos policíacos, las autoridades en general de la ciudad, harán su parte consistiendo en una actitud de angustia generalizada con la que fácilmente pueden ocultar la ilegal conducta de soslayar a cambio de un porcentaje pecuniario que los delincuentes perturben la tranquilidad de una comunidad trabajadora como es la que vive en Tampico y la zona conurbada.
Esta conversación que hoy hago pública, porque se hizo ante una decena de personas y no se advirtió que era información privilegiada, se transformó en una veta periodística, que representa un error no hacerla de conocimiento de los lectores de este importante periódico. Lo que le faltó nada más expresar al jefe político de Tampico de ese entonces era reconocer que la mejor forma de gobernar la ciudad era la de hacerse "güeyes" como lo acaba de expresar el controvertido munícipe de San Pedro Garza García, Nuevo León, Mauricio Fernández, en sus primeras declaraciones que como edil mayor hizo a la prensa a nivel nacional, donde dio a conocer primero que nadie -me refiero a las autoridades encargadas de combatir el crimen organizado- lo siguiente: "Me acaba de informar hace unos momentos mi equipo de inteligencia, que El Negro Saldaña apareció muerto en el Distrito Federal, como usted sabe, El Negro era el criminal que tenía asolada nuestra ciudad, era el que pretendía asesinarme, ya pueden estar tranquilos".
Las crónicas del Estado de Nuevo León informaron, igual que la televisión nacional, que cuando Mauricio Fernández, que es un hombre muy rico y por segunda ocasión alcalde de este municipio, que es el que tiene el mayor ingreso per cápita en toda la República y está en los diez primeros lugares en América Latina, dio la noticia, el auditorio se puso de pie y le aplaudió de manera intensa como lo hacen los fanáticos de Luis Miguel cuando concluye una de sus interpretaciones.
Estamos ante un fenómeno que es muy común en Colombia, donde los finqueros adinerados, con la complicidad del presidente Alvaro Uribe, y como consecuencia de su capacidad financiera, contratan y organizan a mercenarios y los convierten en "escuadrones de la muerte" para terminar primero con los delincuentes que pretenden secuestrar a los colombianos millonarios, tal y como ha sucedido en la vida de ese atormentado país, que es el primero en la producción de cocaína que junto con Afganistán, que lo es en heroína, está infestado del crimen organizado internacional que opera en todo el universo para distribuir los estupefacientes.
Mauricio Fernández, alcalde de San Pedro Garza García, a quien sus electores y amigos le apodan cariñosamente "El Loco", fue más allá cuando anunció que había organizado "escuadrones de limpieza" para expulsar a los secuestradores de su municipio por las buenas o por las malas, lo dijo claramente, y lo ratificó sin ambages en la televisión nacional; dijo: "No vamos a esperar que papá o mamá Calderón haga por nosotros, lo que tenemos obligación hacer para tranquilidad de nuestras familias. Así que no se espanten porque voy a seguir hasta que quede limpio de secuestradores San Pedro Garza García".
Estamos ante dos formas de entender la política y la administración pública, lamentablemente las dos son ilegales y perniciosas y generan más criminalidad que el propio delito organizado. En ningún país civilizado (se supone que México lo es) nadie puede hacerse justicia por sus propias manos. Son las autoridades encargadas de hacerlo las que tienen que actuar conforme un procedimiento legal para no incurrir en una violación superlativa al crimen que se castiga corrigiéndolo. Es cierto que en este país la justicia no funciona. No existe. Recientemente publiqué el drama que vive una familia en donde un menor de ocho años es constantemente violentado en su persona sexualmente y la Agencia del Ministerio Público encargada de proteger a la familia, no ha hecho absolutamente nada en contra del despreciable sujeto que atentó contra el honor del menor. Sucedió lo contrario, fue amenazada por enviados de esta autoridad para que no hable con periodistas.
Por otra parte, igual de decadente y peligroso como lo es el crimen organizado, es el de los políticos que se hacen "güeyes" y nadan de muertito sólo para estar con vida el día de la quincena y favorecer a sus amigos con contratos en donde ellos, los otorgantes, son los principales beneficiarios.
Es la hora de conciliarse con la ética, los principios, la responsabilidad y el cumplimiento en el servicio público. Es la hora de acabar con la corrupción que representa hacerse "güeyes" para cobrar la quincena.
notario177@msn.com
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