Opinión / Columna
|
Espejos
Juan Jesús Aguilar
Espejos
El Sol de Tampico
30 de octubre de 2009
|
EL REGRESO DE LAS TERTULIAS
Juan Jesús Aguilar
¿NO QUEREMOS percatarnos de la crisis integral en que estamos insertos? Vivimos bajo el trópico y tomo fragmentos irónicos de «Trópico de Cáncer» (1939) novela de Henry Miller, para referirme a nuestra situación: «No hay ni pizca de suciedad en ningún sitio, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos //... un profeta del tiempo dice que continuará el mal tiempo. Habrá más calamidades, más muertes, más desesperación. Ni el menor indicio de cambio por ningún lado. El cáncer del tiempo nos está devorando [...] Debemos marcar el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte. No hay escapatoria. El tiempo no va a cambiar» -Ahora doy inicio a un hecho que si los políticos que saben leer me leyeran, tacharían de calumnia.
Lo insustancial de las carteleras cinematográfica y cultural, aunado a los peligros de deambular por las calles del puerto a cualquier hora porque la ciudad está a merced del hampa y la inseguridad pública oficial se redobla, no podrá hacernos «marcar el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte [...] El tiempo no va a cambiar», pero sí hay escapatoria para los amantes de la cultura y las artes. El vacío de las carteleras, el peligro en las calles a altas horas de la noche, podría llevarnos otra vez a las tertulias bajo un programa de arte entre amigos.
Entre los años 60-70 en el DF nos reuníamos los sábados en mi departamento a leer poesía, a guitarrear y cantar, a ver cine. Se comentaba lectura, canto y filmes, con queso, pan y tinto. Ahora hacemos lo mismo en Tampico en casa de una amiga escritora que amo y me ama, pronto será sede la de Alma Nelly Silva; Paco Gámez ofrece concierto para piano, hay charla rica en temas, que el pequeño gran grupo disfrutamos. El viernes pasado hubo tertulia y concierto en la morada de Víctor Hugo Ortiz y Sofía Marún, amigos de la música y la literatura -Debido a la decoración, viven en un bazar. El pretexto, el estreno del piano digital recién adquirido. Paco brindó un Programa en dos tiempos; Sonata No. 20, Op. 49 No. 2 en Sol Mayor, de Beethoven, Preludio No. 15 Op. 28 en Re Bemol Mayor, de Chopin, y Rêviere, de Claude Debussy. La Segunda Parte, Obra de Manuel M. Ponce: Gaviota, Intermezzo, Scherzino mexicano, Cinco canciones mexicanas: La barca del marino, ¡Ven Oh luna!, Marchita el alma, Por ti mi corazón, Soñó mi mente loca -Esta última puesta en honor a la escritora Laura Olivia Hernández por ser de sus piezas predilectas.
Realmente un concierto de lujo sin pretensiones triunfalistas del artista y fuera de las huestes de los cronistas de sociedad y los reporteros culturales. Lo traigo a mi columna de ustedes para decirles que podemos regresar a las tertulias del fin de siglo XIX e inicios del XX, mejorando la oferta de los organismos de cultura y arte oficiales y sin riesgos de cruzar calles desiertas a altas horas de la noche. Los contertulios fuimos: los anfitriones, la historiadora María del Pilar Sánchez, Andrea de la Torre (escritor y productor de radio), Javier Vizcaíno (ingeniero), Paco, y este escribidor. Después de opípara cena se leyeron textos en prosa y poemas sin abusar de la amistad. Terminé ebrio de música, de charla plurivalente en temas, de textos, de risa, de afecto y, por supuesto, de vinos.
Otro día invitaremos a un pintor, exponiendo al menos cuatro cuadros, que nos ilustre en técnicas, adquiríamos obra prorrateada para rifar la pieza entre nosotros y así celebrar al artista. Otro día un fotógrafo y repetir la mecánica. Un actor, una actriz, que lean o actúen un monólogo. Llevar huapangueros huastecos y ofrecer una charla del género y sus estilos. Un guitarrista, un poeta, un cuentista, una voz del bell canto, en fin...Hay tela de donde cortar para confeccionar una serie de tertulias en petit comité, para conocer a nuestros artistas y escritores haciéndoles el homenaje en casa, para comprar libros y compartir el conocimiento, para tratar de ser ciudadanos más informados, además del disfrute de la fiesta disipando el tedio y el hastío sustancialmente. No tenemos porqué «marcar el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte [...] El tiempo no va a cambiar». -Es cierto, pero hay escapatoria para los amantes de la cultura y las artes. ¿No cree usted?
Escríbame: poetrysong@hotmail.com
Columnas anteriores
Columnas anteriores