Opinión / Columna
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Espejos
Juan Jesús Aguilar
Espejos
El Sol de Tampico
23 de octubre de 2009
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JUAN Y GERARDO LEURÍN
Juan Jesús Aguilar
EN LA ROSITA (sobre calle 2 de Enero, Colonia Tamaulipas), típica fonda porteña, donde a partir de los [hoy] tacos playeros hay menú de antojitos mexicanos a la tampiqueña, yo comía ayer a las cinco de la tarde mirando en las paredes detalles kirsch, y sin llamarles, del memorial fueron saliendo recuerdos de la infancia: el barrio, la taquería de doña Elodia, de donde mi madre llevaba tacos blanditos y duros en las tardes de hastío para romper con la merienda casera... y de pronto, al detener mi vista en un cuadro con la fotografía de un torero, fechada en 1930, todo volvió al pasado y entonces vino Lorca: «Cuando el sudor de nieve fue llegando / a las cinco de la tarde / cuando la plaza se cubrió de yodo / a las cinco de la tarde / la muerte puso huevos en la herida / a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. A las cinco en punto de la tarde» -Confieso: la fiesta brava me horroriza, pobres animales, pero gozo los pasos dobles de su música, admiro los trajes de luces, el garbo del paseillo de los mataores, las cuadrillas, el ruedo en movimiento, la bellísima danza de lances, la embestida, el capoteo, las suertes, y al llegar el estoque, confieso: la fiesta brava me horroriza, me entristece el final... A las cinco de la tarde, en La Rosita, abandoné los cubiertos sobre el plato a medias cuando vi otro cuadro, enmarca dos planas del periódico deportivo Esto del Centro (22 de diciembre de 2002), donde aparecen dos toreros; el que ríe en 1930, y otro. Ilustran reportaje de Manolo Herrera en la columna «... De Tirón a Tirón...!!!» (sic). Desglosa mediante entrevista a una sobrina de los dos toreros su vida y obra. Matadores legendarios de raíz potosina. -Me incorporé yendo hasta el cuadro, lo descolgué, me puse a leer el artículo. Alude a cuatro siglos de corridas en San Luis Potosí, hace recuento de los ruedos para llegar al actual. Habla de los toreros potosinos en general: «creo que la mayoría dejaron huella en la fiesta brava a nivel internacional, nacional y local, ese es el caso de dos hermanos valientes hasta la temeridad, surgidos en la década de 1930, a los que conocieron los aficionados de entonces como los Leurín: Juanito y Gerardo. De este par de enormes toreros se encuentra muy poca información, sólo que la Providencia nos echó un capotazo y nos puso a un descendiente en el camino [...] sobrina directa, la respetable dama doña Socorro Tovar Leurín» -El columnista, minucioso y puntual, cuenta la historia de dos guapos perseguidos por las majas dentro y fuera de las plazas. Dice doña Socorro: «Altos, delgados, rubios... Juan era el fornido, ambos de ojos azules.» -A Gerardo le apodaban «El Temerario de San Luis» -y prosigue doña Soco: «Él tenía permiso directo del general Cedillo para torear en el rastro los toros que fueran bravos [...] Además hacía trajes de luces, zapatillas, monteras, puntillas, capotes, banderillas, y aprendió el arte de la fotografía» -La crónica es vasta. Juan fue cogido de muerte en el redondel una tarde de los años 40 el siglo pasado (era noviembre), fue en La Carbonera, le tocó un toro mañoso, una cornada grande le abrió en el vientre. Era noviembre por la tarde. Lo llevaron herido a la estación del ferrocarril de Cerritos, y no lo pudieron atender. Esperaron hasta la madrugada el tren procedente de Tampico, apareció hasta el amanezca de ese noviembre de los 40, llegando a la clínica de San Luis Potosí con un cuadro de peritonitis aguda. Ahí murió el torero aquel fatal noviembre
Gerardo no se extinguió frente al toro, fue baleado en El As de Copas, cerca del mercado Pípila, por un sujeto disputándole amoríos por una damisela, y dicen que el herido, lo desarmó. Se liaron a golpes, el torero lo humilló, pero la rabia le atacó al hígado, enfermó de la vesícula biliar, y aquel mal lo llevó a la muerte.
Quiero decirle que hay noticias del ayer, y están en todas partes. Siempre es un hoy para quien las devela. Visite la hemeroteca, hay nuevas del pasado, viejos cuentos que parecían ya olvidados. Vaya a La Rosita, disfrute unos tacos playeros con tepache, deléitese con el tipismo citadino de ese barrio, sea parte del folclor urbano, admire el arte naif en rótulos y cuadros, descubra los detalles kirsch, mire la foto del torero, lea la crónica completa de Juan y Gerardo Leurín... Viva ahora y aquí las cosas por saber, para sacar lección e imaginar historias que le plazcan.
?Escríbame: poetrysong@hotmail.com
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