Opinión / Columna
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Rodolfo Salazar González
Perfil
El Sol de Tampico
22 de octubre de 2009
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Qué tanto es tantito
Rodolfo Salazar González
El Quijote decía: "Si las apariencias no les quitas, presto ha de verse el mundo en la pelea de la discordia". Esta expresión sin duda alguna simbólica e inmortal de uno de los personajes creado por la inteligencia superlativa del mayor de los literatos del universo como lo fue Miguel de Cervantes, sigue teniendo plena vigencia y adaptación en el mundo moderno.
Se acaba de presentar en el Congreso una discusión entre los bloques de los diputados panistas y priístas, una iniciativa que se aprobó como ley en lo general, que significa un duro golpe a la economía de los que menos tienen y que en ese tiempo oscuro que estamos viviendo los deja postrados en el desamparo económico y absolutamente en un callejón sin salida, en el cual nunca encontrarán una expectativa a corto y mediano plazo de planificar sus vidas de una forma saludable y en la que la dignidad no se vea disminuida.
Y es aplicable la expresión quijotesca por la razón simple de que todas las buenas intenciones con las que Felipe Calderón ha envuelto su discurso político y económico sobre la preocupación que tiene de que los segmentos mayoritarios de la nación puedan alcanzar niveles de vida en donde se vislumbra a lo lejos la felicidad, es una desafortunada falacia que la realidad desmintió y de forma descarnada se deja sentir como un sable sobre la cabeza de los más pobres; con el aumento del IVA al 16 por ciento y el impuesto sobre la renta al 30 por ciento, así como gravar en un 3 por ciento los depósitos en los bancos y disminuyendo a 15 mil pesos lo que antes se tasaba en los 25 mil.
Quedó al descubierto que el gobierno de Felipe Calderón es un concepto de estado fiscal, en donde lo que pretende en sus actos de gobierno es disponer de enormes discursos económicos sobre la miseria y la falta de empleo, crecimiento y estándares de vida por los que la población mexicana atraviesa, de la misma forma como lo hizo el inefable Antonio López ce Santa Anna que gobernó 14 veces de manera ilegal este país, ante la desesperación que le causaba no poder contar con dinero llegó a la locura de ponerle impuestos a todas las casas que tuvieran ventanas.
Es común afirmar una vez más que es improcedente elevar impuestos en una población que está siendo azotada por una de las crisis económicas y financieras más violentas de la que se haya tenido razón desde el crack del ´29 que produjo en los Estados Unidos una cascada de cierre de negocios y la bancarrota de múltiples corporaciones trasnacionales que dejó en la calle a los hombres más ricos del imperio norteamericano.
Las crónicas de esa época cuentan con lujo de detalle el espectáculo triste y lamentable de que en la propia Quinta Avenida de la gran manzana era común ver en el suelo tirados sin vida a los magnates que se habían suicidado arrojándose desde los balcones de su penthouse en los rascacielos de su propiedad que habían perdido en la bolsa de valores.
También hay que recordar que las filas de miserables eran interminables, solicitando empleos transitorios, ofreciendo alguna capacidad o conocimiento en reparación de objetos domésticos, que de los sitios donde ofrecían sus servicios se trasladaban a los comedores colectivos que instaló el Tío Sam, donde antes comían los menesterosos y ahora eran lugares en donde miles de desempleados acudían con un pocillo de peltre a pedir un poco de caldo caliente y una pieza de pan para mitigar el hambre.
Esta elevación fiscal sin precedente en la vida de México por lo inestable de su condición económica arrojará sin duda a las calles, ante el cierre de empresas que se vean afectadas por los nuevos gravámenes y que no están en capacidad de pagar, ríos de personas que perderán sus fuentes de trabajo y será un espectáculo lamentable.
Este atentado contra la lógica económica de un país que está en una lamentable caída por la falta de crecimiento económico es inaceptable.
En países como China y Brasil ya se habla de la crisis en tiempo pasado. Los gobiernos de ambos países hicieron inversiones masivas de recursos para reactivar sus economías. China invirtió montañas de dinero para convertirse en la primera potencia en la producción de tecnologías verdes; Brasil redujo impuestos para estimular la demanda del mercado interno, que en México está hecho pedazos por la pedante globalización con que presumen los alumnos de Pedro Aspe, que siguen desafortunadamente incrustados todos desde el portentoso Secretario de Hacienda Agustín Carstens hasta el menor de los administradores de las aduanas donde han salido multimillonarios.
Durante el dos mil nueve, los gobiernos de las veinte economías más grandes del mundo implementaron paquetes de estímulos fiscales del 2 por ciento de su producto interno bruto, lo que trajo como consecuencia el fortalecimiento de sus economías internas y el renacimiento de una corriente económica aceptable que pretende fortalecer el mercado interno de todas las naciones que ha sido diezmado por los efectos de la mundialización.
La crisis fiscal que vivimos actualmente era una enorme oportunidad histórica que se resolvió por la vía más fácil, como si dirigir al país fuera un negocio de viudas, es decir, elevar sólo las rentas de los inmuebles que heredaron del difunto. Lo cual no es una solución saludable, y en el caso de México, crear nuevos impuestos y elevarlos es una de las decisiones más equivocadas porque puede desembocar en la ingobernabilidad, mayores tasas de desempleo y, por ende, una mayor violencia e inseguridad en las calles.
Lo más triste de todo este espectáculo es que el PRI ese bono de confianza que está recibiendo de toda la población en general, (y lo demuestran sus más recientes triunfos el pasado domingo en Tabasco y Coahuila en donde se les arrebataron bastiones a los panistas de la importancia de Torreón y a los perredistas Macuspana, que es nada menos la tierra donde nació Andrés Manuel López Obrador) lo está tirando por la borda al servir de patiño a los funcionarios de la Secretaría de Hacienda, quienes fueron los que instrumentaron toda esta despiadada acción de elevar las tasas fiscales y crear nuevos impuestos en telefonía y telecomunicaciones.
Sin duda que a la bancada priísta le faltó imaginación y le sobró obsecuencia, lo que lo define como un auténtico dinosaurio y lo ubica en el mismo sendero que siempre se desenvolvió y que lo hizo perder la confianza de los mexicanos en el año dos mil.
Esta acción de asociarse con los panistas, el pueblo de México la juzgará en su momento.
Email.- notario177@msn.com
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