Opinión / Columna
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Edmundo Font
SIGUE LA MATA (DE MIKAEL BLOMKVIST) DANDO
El Sol de Tampico
22 de octubre de 2009
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La Esgrima de Edmundo Font
Stieg Larsson llegó a creerse la máxima del más admirado autor de su país, Henning Mankell, colada en una novela de trasfondo africano, según la cual quienes hayan sufrido los fríos esteparios tan radicales de Suecia, país natal de los dos grandes escritores de novela negra con serios trasfondos sociales, serían capaces de soportar las temperaturas tropicales más extremas y adaptarse a ellas fácilmente. Sin embargo, los hechos se manifestarían contrarios a esa falacia tendiente a considerar que las temperaturas son cosas mentales, controladas a voluntad.
El autor de Millennium, la mayor sorpresa editorial después de la invención industrial de Harry Potter, podría estar recién desembarcado en la tristemente célebre Ciudad Juárez. No necesitamos imaginar el golpe de calor que estuvo a punto de desanimar desde el principio a un hombre de disciplinas paradójicas y contradictorias. Por un lado, Larsson era capaz de entregarse a labores creativas febriles, escribiendo sin parar madrugadas adentro, sobreviviendo a una frenética vida cotidiana con tan sólo dos horas de sueño cada noche; y por la otra, era incapaz de dejar de lado las 20 raciones de café Express, los tres paquetes de cigarros diarios y la comida chatarra nadando en grasa. Todo ello acabaría cobrándole una factura vital, más bien mortal. Lo suyo no ha sido la crónica de una muerte anunciada, al estilo del mago latinoamericano de Aracataca, sino la conclusión obvia de una suerte de suicidio existencial, el de un hombre habituado a denunciar las miserias extremas de sociedades con los más niveles de bienestar.
Pocos pueden imaginar que en la Escandinavia moderna se maltrate a las mujeres o se les torture a niveles tan lamentables como los experimentados por su heroína principal, casi un esperpento sensual que dibujó sin piedad en el personaje de Lisbeth Salander. En realidad se trata de una genial antihéroe, sufrida y abnegada, en su capacidad de respuesta imperiosa a los embates de un padre desalmado. Ya sé, ya sé que nos estamos apartando de lo esencial, la llegada de Larsson a la ciudad que ha devorado a cientos de mujeres, deglutidas por una voracidad sin nombre, o mejor, con apelativos que debería delinear mejor esa cruenta realidad. De allí que el notable periodista nórdico, famoso también por su lucha contra las todas las formas de racismo y de exclusión, haya querido viajar hasta el sitio que ha sufrido una de las confrontaciones más vergonzosas del planeta, poniéndose en evidencia una inconcebible fobia contra las mujeres, que se ha traducido en desprecio total y aniquilamiento. El mismo Larsson conoció un esfuerzo similar de inclusión de esa realidad brutal en la literatura. Otro malogrado intelectual, Sergio Bolaño, en su célebre novela serial "2666" dedica un libro entero al infierno sufrido por nuestras mujeres en esa localidad fronteriza.
De hecho, Larsson podría haber llegado esta misma semana a la recepción de su hotel en Ciudad Juárez con un ejemplar del bello "ladrillo" de Bolaño bajo el brazo. Era tanta su tozudez estilística y profunda la distancia entre su lengua y la del chileno que no temió la "contaminación" de los brillantes delirios de Bolaño. Ya la portada de "2666" llevaba impresa la media luna de la transpiración de Larsson, como una huella inexorable de los sudores que el autor estaba a punto de sufrir para poner al día un tema tan complejo, triste, indignante, en sintonía con su permanente afán de denunciar todo tipo de abuso, machista o no, contra el género femenino, dicho así, de manera más universal y rotunda.
Larsson mismo estaba consciente de que su trilogía, convertida en un best seller con más de diez millones de libros vendidos, traducidos a 40 idiomas, era un vehículo formidable para crear conciencia, cosa que el propio periodismo batalla en hacer cada día más, por el contubernio natural de los grandes capitales encaminados a su fin primordial, hacer dinero y no a sensibilizar a una opinión pública cada vez más "light", iluminada a medias, conformista, en una palabra. Por todo ello Stieg Larsson consideraba que su trilogía debería desdoblarse por lo menos dos veces más. En total, el feminista compulsivo en que se había convertido el autor sueco había concebido escribir una especie de decálogo. Lo que son las cosas, para proteger a Eva Gabrielsson, el amor de toda su vida, decidió no casarse nunca. Se sabía perseguido por su férrea vocación antifascista. Ahora la falta de registro oficial de su compañera se ha convertido en una zaga paralela a la empresa de velar por el buen nombre de un escritor que vivió limitado en 50 metros cuadrados, hasta el día en que cayó fulminado por el rayo de un infarto, a los 50 años. Hoy en día un padre y un hermano, distantes en vida del escritor, reivindican derechos económicos que desconocen los de su viuda virtual, tratando de dejar de lado y pasando por alto a otra fémina, en este caso, la del propio autor.
Entonces, el Larsson que acaba de llegar a Ciudad Juárez, para desmenuzar su cruenta realidad e inmiscuirla en su galaxia literaria, ¿no existe ya? Al contrario, el espectro de su pluma flamígera y justiciera es capaz de revelarnos todavía sorpresas de ultratumba.
Tal parece que en su ordenador quedaron vivitas y coleando 200 páginas en el mismo tenor de denuncia pero ahora trasladada a un entorno tristemente familiar. Además, y afortunadamente, contamos con la valiente huella moral multiplicadora de los dos sergios, Bolaño y González Rodríguez; las conmovedoras películas que ya se han filmado; el perenne recordatorio periodístico del buen poeta Javier Sicilia, a quien sugerí respetuosamente que en lugar de insistir semanalmente en el llamado de justicia por las "Muertas de Juárez" escribiera "Asesinadas de Juárez", porque eso son nuestras lamentables y lloradas desaparecidas.
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