Opinión / Columna
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Eduardo Andrade Sánchez
Nada que celebrar (I)
Organización Editorial Mexicana
25 de noviembre de 2009
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DÍA 1091. EL ÍNDICE DE MORTANDAD SIGUE CRECIENDO, AYER CERRÓ EN 13.38 MUERTES DIARIAS VINCULADAS CON LA CRIMINALIDAD ORGANIZADA EN LO QUE VA DEL SEXENIO.
En el segundo centenario del inicio de su movimiento de Independencia, el sesquicentenario de la emisión de las Leyes de Reforma -que, por supuesto, ni siquiera quieren mencionar en el actual Gobierno- y el centenario de la Revolución Mexicana, nuestro país atraviesa, sin exagerar y sin afanes catastrofistas, por una de las peores etapas de su Historia. Además de los problemas económicos que, eventualmente, siempre son superables, padecemos una severa crisis moral. Carentes de rumbo y de identidad, sin principios sólidos y universalmente aceptados que guíen nuestros pasos, andamos como zombis sin acertar a encontrar un punto de apoyo para reconstruirnos como Nación.
El mundo nos está dejando a un lado, en Latinoamérica donde antes fungíamos como líderes respetados, nuestro antiguo sitio lo ocupa Brasil con una diplomacia vigorosa y reconocida mundialmente. El retroceso en todos los ámbitos está a la vista y me parece que la principal razón ha tenido que ver con una desvalorización de nuestro orgullo nacional como si éste fuera digno de vergüenza. Con el endiosamiento del neoliberalismo y "el sambenito" de la globalización, nuestros conductores acabaron confundiendo ésta con "dependencia". La clase dirigente se creyó el cuento de que podríamos integrarnos a un bloque económico garante de la prosperidad que sería el preludio de una Norteamérica unida como bloque al estilo de la Unión Europea, porque sólo aprendieron una Economía superficial y ahora decadente sin haberse asomado al conocimiento de la Historia y la Filosofía Política.
Apostamos todo absurdamente a nuestra vinculación con la supuestamente poderosa e invulnerable economía estadunidense que nos arrastraría naturalmente al desarrollo y todas esas vanas ilusiones son los mitos que ya deberíamos estar abandonando pero a los cuales sigue atado el Gobierno. Renunciamos a nuestra posición independiente y abierta a la relación con todos los países sin importar su signo ideológico, que nos resultó tan conveniente durante la etapa del Desarrollo Estabilizador, en la cual, sin renunciar a las ventajas de la cercanía con Estados Unidos mantuvimos con orgullo nuestra independencia diplomática. Entregamos nuestra economía a una absoluta dependencia respecto de la estadunidense, pero también vendimos el alma en aras de un desarrollo que nunca llegó y sólo acentuó nuestras vulnerabilidades. La equivocada política económica de "poner todos los huevos en una sola canasta" nos convirtió en una de las economías más afectadas en el mundo y la peor de Latinoamérica.
La primera tarea de un Gobierno de reconstrucción nacional, al que tendremos que llegar inexorablemente para salir del hoyo, debe ser la recuperación de la independencia económica, en lugar de continuar en la sumisión basada en la creencia de que si nos abrimos más y de una vez entregamos el petróleo y el gas, la inversión foránea que se haga cargo de esas tareas habrá de salvarnos. Tenemos que recuperar nuestro sector financiero que es otra área de dependencia brutal; hoy el oro no se va a España en galeones, sino se fuga por las redes de fibra óptica hacia una de las metrópolis financieras que nos dominan.
eandrade@oem.com.mx
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