Opinión / Columna
 
Jorge Guillermo Cano Tiznado 
Once Ríos
El Sol de Sinaloa
17 de mayo de 2010

  LAS DOS OPCIONES

El candidato de la coalición PRI-PVEM-Panal, Jesús Vizcarra Calderón, confía en la fortaleza y la organización de su partido, en su propuesta de transformación de Sinaloa y en el declive panista de los últimos años para alzarse con el triunfo en las elecciones del 4 de julio.

Por su parte, el abanderado de la alianza opositora PAN-PRD-Convergencia, Mario López Valdez, espera transformar en votos los índices de popularidad que durante años lo mantuvieron a la cabeza de los aspirantes a la gubernatura del estado, lo mismo que en su oferta de cambio, para salir con los brazos en alto en los comicios del primer domingo de julio.

Lo cierto es que, ahora sí, las estrategias y sus mecanismos se están poniendo en práctica para tratar de inclinar a favor de sus candidatos las preferencias del electorado, sin descartar en esas formas de hacer política lo que durante meses ha sido recurso repetitivo: la descalificación, el descrédito y la guerra sucia en contra del adversario.

Sería lamentable que el proceso electoral se convirtiera en una competencia en la que presenciemos baños de estiércol, en vez de propuestas para el crecimiento de Sinaloa, en vez de ideas para devolverle a esta entidad la seguridad y la tranquilidad que merece, en vez de planteamientos para generar más empleo y bienestar, no sólo riqueza para unos cuantos.

Sinaloa requiere para los años difíciles que nos esperan, de un liderazgo fuerte, de un hombre que sepa conducir el gobierno con firmeza, pero también con la sensibilidad y la pasión suficientes para responder a un pueblo, el sinaloense, que aunque frustrado, sigue esperanzado.

¿Quién reúne las condiciones de liderazgo que requieren las necesidades y aspiraciones de todos los sinaloenses? ¿Quién para los momentos de crisis e incertidumbre que ahora se viven en esta entidad? ¿Malova? ¿Vizcarra? Esa es la decisión que los electores deberán tomar el 4 de julio próximo, cuando ocurran a las urnas a depositar su voto.

Ciertamente, tenemos los vicios y deficiencias de procesos democráticos que no acaban de madurar. Estamos todavía muy lejos de democracias que, por bien informadas, porque el elector sabe bien quién es y qué representa cada candidato, no necesitan de largas y costosas campañas políticas. Tenemos modelos a seguir en países de América Latina y, desde luego, en Europa.

Para no ir muy lejos, tenemos el ejemplo de las recientes elecciones presidenciales de Chile. Dos horas después de cerradas las casillas, el candidato derrotado llamó al triunfador para felicitarlo. Y una hora después, rodeado de simpatizantes de su adversario, que aplaudieron ese gesto, se presentó a su cuartel de campaña para reiterar personalmente su felicitación.

Pero aunque eso es harina de otro costal, el nuevo mandatario estatal debe también ser sensible a la necesidad de transformar los procesos democráticos de Sinaloa, que comparados con otros estados de la República, registran atrasos.

Desde luego que tanto Jesús Vizcarra Calderón como Mario López Valdez han empezado a definir los ejes principales de su oferta política, como parte de las estrategias que han definido para acercarse a los electores y ganar su preferencia. Lo malo es que aparejadamente con esto se están observando también acciones de descalificación que desdoran lo mismo a los candidatos que a los partidos que las promueven y que, por supuesto, ofenden la inteligencia de los sinaloenses, que no es lo manipulable que algunos piensan.

Un pueblo desesperado pero con esperanzas, tendrá que escoger entre las opciones que tiene al alcance de la mano. Una, que ofrece alternativas de transformación que toman a Culiacán como modelo. La otra, que representa el cambio y la alternancia en el poder.

A la primera la personifica Vizcarra; a la segunda, Malova.


 
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