Opinión / Columna
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Herberto Sinagawa Montoya
29 de enero de 2012
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YO PERIODISTA
Zárate Urbina
Después de 66 años de ejercer ese oficio hermoso y peligroso del periodismo, cuando las fuerzas disminuyen al recorrer calles y hacer antesalas en las oficinas públicas en busca de "la de 8", es previsible que Víctor Manuel Zárate Urbina acepte la capitulación y de reportero y columnista transite con elegancia a la nueva investidura de historiador de sí mismo y de todo lo que lo rodea en estos años turbulentos".
Escribió en la quietud de su estudio un libro al que bautizó Yo Periodista, cuya edición costeó de su escaso peculio, escogiendo la imprenta del gran José María Chema Cordero para sacar a la luz pública un texto de la notable transición que se produjo en Culiacán a partir del estreno de la represa de Sanalona, en el río Tamazula, el 2 de abril de 1948 por el presidente de la república, licenciado Miguel Alemán.
Naturalmente, el autor no pretende erigirse en cronista y en dejar un testimonio amacizado por la investigación histórica. Se trata de un documento personal, donde va marcando los surcos en la parcela por donde habría de circular, como savia vital, el líquido de Sanalona para fertilizar 120 mil hectáreas en el valle de Culiacán.
Zárate Urbina llegó a Culiacán en 1953; es decir, cinco años después del feliz alumbramiento de Sanalona, y la historia empezó a escribirse con el preámbulo de "antes" y "después" de Sanalona.
ADIOS A LA CIUDAD
ESCUETA Y MONASTICA
Al llegar el agua en forma mecánica al suelo sediento, la riqueza empezó a brotar por medio del tomate de exportación. Este fruto delicioso, indispensable en la cocina de cualquier hogar en el mundo, hizo el milagro de convertir en una verde sementera una región donde sólo existía la sequedad y el monte pequeño de espina cruzado por liebres y lagartijas. Aquel monte lleno de aguamas y palo blanco fue deforestado y en vez de ranchos de ordeña surgieron los campos agrícolas con el empuje de familias pioneras como los Almada, Tamayo, Clouthier, Romero, Gastélum, Pablos, Cárdenas Mora, Canelos, Chaprales, Stamos, Crisantes, Campaña, Tribolet, Carrillo, Careaga, Lister Salido y Bátiz Echavarría.
LA RADIO, ENTRETENIMIENTO
RIGUROSAMENTE POPULAR
A la llegada de Zárate Urbina a Culiacán, la radio era la manera más popular de matar el tiempo. Había nacido la radio n un pequeño cuarto del Centro Histórico de Culiacán, donde el profesor Enrique Maximiliano Gómez Blanco entró en ventolera de pegar aquí y allá alambres y más alambres, agregando alguna bobina, para provocar el parto de la radiodifusión local.
Zarate Urbina empezó a trabajar en la XECQ, de Oscar Pérez Escobosa con sus oficinas en la calle Escobedo al poniente. Allí impuso el timbre de su voz que no se desprendía del tono huasteco. Trabó amistad con Carlos García Rivera y mezcló su trabajo de locutor con el de vendedor de publicidad, que le dio oportunidad de conocer a mucha gente importante como Alfonso J. Zaragoza, Juan Ley, Alejandro y Macario Armenta Soto, Alfredo Castaños y los dueños de tiendas de ropa y zapaterías de la calle Rubí, Hidalgo y Angel Flores. (Fue Alfredo Castaños el pionero del supermercado cuando abrió su negocio en la Morelos y Escobedo).
"NO HARE HUESOS VIEJOS"
Cuando llegó a Culiacán, Zárate Urbina observó la sucia terminal de los autobuses foráneos en los portales entre las calles Mina y Paliza. Al ver tan deprimente espectáculo se dijo a sí mismo: "No haré huesos viejos".
Pero una hermosa muchacha no necesitó de que bebiera agua del Tamazula y del Humaya, sólo ocupó sus ojos y su sencilla coquetería para conquistar al vagabundo tamaulipeco. Magdalena Astengo Verdugo hizo que Zárate Urbina arriara la bandera de la soltería, un año después de llegar a Culiacán: es decir, el matrimonio se produjo en 1954. La alianza se fortaleció con el arribo de los hijos Juan Antonio, María Margarita, Víctor Manuel y María del Pilar.
EL BAUTIZO DE FUEGO
Zárate Urbina tuvo su bautizo de fuego, cuando tuvo que describir los detalles de un crimen político como fue la muerte de Vicente Villasana, director del periódico El Mundo, de Tampico.
Villasana, sin medir cabalmente el peligro, denunció los actos de corrupción del grupo político afiliado en torno al licenciado Emilio Portes Gil, quien había sido presidente de la república de 1928 a 1930, creando un poderoso cacicazgo político en Tamaulipas, que no podría admitir las denuncias del periódico por actos de corrupción. Es muy antigua esa alquimia macabra de convertir dinero de la nación en dinero particular.
Julio Osuna, jefe de la Policía Judicial, abrió la habitación número 208 del hotel Sierra Gorda, y le pegó un tiro en l sien izquierda. Estaba en compañía de Hortensia de la Torre, una amiga íntima, a la que le perdonó la vida. En un tono netamente garciamarquiano le dijo: "Con tu permiso, vengo a matarte". Este crimen político nunca fue aclarado por la poderosa influencia del licenciado Portes Gil, y el periódico, sin su guía principal, empezó una rápida declinación al pasar a manos de la viuda que se enredó sentimentalmente con el argentino Mauricio Bercúm.
UNA VOZ SOLITARIA EN
EL VERTIGO METROPOLITANO
Zárate Urbina, se sometió a una prueba personal. Trató de abrirse paso en la ciudad de México, donde la XEW, propiedad de Emilio Azcárraga Vidaurreta, dominaba el aire a partir de 1930, cuando se le nombró en forma fantasiosa "la voz de la América Latina desde México". Desde luego era una voz continental parida por algún publicista con imaginación.
En la nómina de la W cobraban locutores de la altura de Luis Ignacio Santibáñez, Carlos Pickering, Luis M. Farías, Manuel Bernal, Alvaro Gálvez y Fuentes (¡agur!) y Luis Cáceres.
Al provinciano que quería romper la costra lo miraban de arriba abajo con la arrogancia habitual.
Zárate Urbina se dejó arrastrar por la magia de la noche del D.F. El mundo de la farándula lo atraía como un poderoso imán. Pero el instinto le aconsejaba retirarse de una corriente demasiado poderosa. Un buen día amaneció con la certeza de que si se quedaba sería devorado por un mundo artificial muy semejante a la selva de José Eustasio Rivera en La Vorágine.
LAS TENTACIONES
Abordó un autobús Tres Estrellas de Oro en Niño Perdido, y enfiló hacia otro rumbo. Atrás dejó las tentaciones deslumbrantes del Waikiki, Salón México, Río Rosa, Siglo 20, California, Savoy, Capri, El Greco, Sans-Souci del hotel Reforma, los teatros Blanquita, Follies Bergere, Tívoli, Margo, la carpa de las Vizcaínas, las cantinas La Mundial, La Ópera, La Rambla, El Habana, y en la fuga fue reuniendo todas las fuerzas para no volver atrás, desdeñando el embrujo de la vida alegre pero que cobra grandes réditos.
SU FRACASO EMPRESARIAL
Ya alejado del micrófono, el joven tamaulipeco se dejó embaucar por un árabe que le proponía el negocio de pintar a mano las faldas femeninas que tenían gran demanda por estar de moda.
En unión de Hernán Pérez Domínguez fue a la ciudad de México donde arrendaron un local en Regina y Pino Suárez, en pleno centro comercial de la capital mexicana. Hernán convenció al padre, el español Licinio Pérez, dueño de la armería El Venado, de Tampico, para que financiara la aventura textil. Antonio Solís se encargaría de pintar las dichosas faldas femeninas. Hubo producción, pero no mercado. El negocio quebró cuando una familia andaluza ocupó el piso inferior y empezó a organizar fiestas tan animadas por el vino y la guitarra que los noveles empresarios se olvidaron de las faldas. Licinio apareció en escena y los tres salieron de estampida.
EL DESFILE ESTELAR
En su larga vida como reportero, Zárate Urbina convivió con grandes figuras del cine como Elizabeth Taylor, Pedro Infante, Libertad Lamarque, Agustín Lara, Los Polivoces y Luis Demetrio.
En esos años el padre Guadalupe Arreola se le ocurrió derrumbar el viejo templo de La Lomita y edificar uno moderno, acorde con la prosperidad que había deparado la bonanza tomatera. Un arquitecto español, Félix Candela, había inventado techos volados que cubrían grandes espacios.
Para financiar la obra, el padre Arreola presentaba artistas en un maratón para reunir dinero. Daniel Ruilobos, un cantante argentino, participó en uno de esos maratones trayendo a un joven pianista como acompañante.
Este joven pianista era Armando Manzanero. Zárate Urbina lo trató. Hubo simpatía mutua. Lo invitó a comer a Altata. Manzanero se fascinó con los camarones y con el zarandeado de la Loreto.
Plinio Soto, socio de José Luis Medina Oñate, en el negocio de La Fuente, convenció a Manzanero de intervenir en el piano durante una velada en la Casa del Ahorcado.
Al finalizar la intervención del gran músico yucateco, Plinio Soto pidió una coperacha para el artista amolado económicamente. Nadie se imaginaba que aquel joven de moreno y de corta estatura habría de componer canciones como aquella que dice "una tarde vi llover y no estabas tú" o la otra no menos popular Somos Novios. Manzanero, en el libro de Zárate Urbina, ocupa un espacio merecido.
EL GRINGO LOCO
Atilano Bon Bustamante fue un dirigente agrícola. A él se le debe atribuir la modernización del esquema agrícola. Construyó el edificio de la Asociación de Agricultores de Culiacán. Impulsó la construcción de la represa del río Humaya. Fue pionero del transporte urbano y aéreo. Un cáncer le arrebató la vida en plena madurez.
Alfredo Tribolet Navarro introdujo el tomate de vara. Se le tildó de loco. Pero los mismos que emitían ese injusto juicio pronto lo imitaron. Fue uno de los precursores del crecimiento de la horticultura.
Ricardo Tamayo Müller fue otro gran organizador. Estimuló la exportación de garbanzo a España y Cuba. Creó la industria lechera La Reina en pleno corazón de Batauto. Murió en un accidente, cerca de Querétaro.
MEDICO RURAL
Al doctor José Ramón Sato Parra corresponde el mérito de haber sido uno de los primeros médicos rurales egresados del Instituto Politécnico Nacional. Su pasión, fuera de la medicina, era la literatura. Escribió dos excelentes libros.
Zárate Urbina recordó a Jesús M. Beltrán como uno de los mejores empresarios. Fue su confidente. Chuy Beltrán sufrió un grave desequilibrio mental por las exigencias de la empresa agrícola. Optó por la huída falsa ahorcándose en un hotel de Guadalajara.
PRIMERO EN DAR NOTICIAS
Zárate Urbina introdujo la novedad de dar noticias desde la redacción de El Sol de Sinaloa. Por medio de la difusora XENW, propiedad de Héctor Ramos Rojo, cuyo buen humor y solidaridad social son atributos suyos que no se olvidan.
SUS AMIGOS
Como una casa con goteras, el libro Yo Periodista llama la atención por la cálida invitación a la memoria, echando atrás el reloj. Es un buen retrato de una época.
El autor imprime a su relato una emoción que sacude el interior. Nunca se acaba de pagar la gracia de una buena amistad, gala de la vida.
Zárate Urbina recuerda a los amigos que ya se fueron, como Roy Campos, Carlos Tanamachi Cota, Héctor Manuel Félix Paliza, Jorge Macías Aguayo, Plinio Soto, Francisco Gil Leyva y Alejandro Hernández Tyler. Ya no hay más rastro de ellos que los recuerdos.
No hay peor desierto que vivir sin amigos. Zárate Urbina tiene el ángel de hacer amigos con la moldura de su buen humor y su facilidad para abrir el portón de su afecto. Si digo mentira que me desmientan, los amigos con los que es posible el diálogo y el cruce de salucitas como Agustín de Valdez, Luis Terrazas López, Armando Franco Zazueta, y José Luis Medina Oñate.
Y, el remate de Yo Periodista de Víctor Manuel Zárate Urbina no podría ser más afortunado al acudir a una hermosa frase, fruto del talento de un paisano de Dostoyevski que recomendó a uno de los náufragos del mundo lo siguiente: "Después del naufragio reza todo lo que quieras, pero no dejes de remar hacia la orilla".
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