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Opinión
![]() Melchor Inzunza
Pensar en público
El Sol de Sinaloa
14 de marzo de 2007
La separación evolutiva entre humanos y chimpancés ocurrió en tiempos menos remotos de lo que se había creído. Así lo revelan estudios y hallazgos arqueológicos recientes, referidos en la entrega anterior.
También comentamos el descubrimiento de herramientas que datan de hace 4 mil 300 años -martillos de piedra y lanzas de madera-, confeccionadas por los chimpancés comunes. (Hallazgo dado a conocer el pasado 22 de febrero en la revista Current Biology). La habilidad de crear tales artefactos miles de años antes de lo estimado, la afinidad genética y cercanía evolutiva con el hombre, hicieron de estos monos parientes aún más próximos a nosotros. Diferentes Tan próximos que, por las similitudes tan grandes, el famoso arqueólogo y antropólogo británico Louis Leakey propuso volver a definir al hombre, volver a definir las herramientas o aceptar a los chimpancés como humanos. (Aun cuando la gran diferencia está en el cerebro). Hablemos ahora de la otra especie del género de los chimpancés: los bonobos. "Nuestros más inteligentes parientes primates y más semejantes a nosotros", según afirmaba en 1995 Karen Baad. Y también los más amenazados por la deforestación y la caza. De los cien mil que en 1984 habitaban los bosques del Congo, hoy quedan menos de veinte mil bonobos. Fueron descubiertos en 1929, como especie diferenciada, por Ernst Schwarz. El anatomista alemán encontró en los bonobos un comportamiento muy distinto al de los otros simios. La mayoría de los primate son, en efecto, violentos, territoriales, hacen la guerra contra sus congéneres, los machos dominan el grupo y, por un quítame estas pajas, se matan entre sí. (Compartimos con ellos la capacidad de violencia y brutalidad). La conducta de los bonobos es muy diferente: Además de la tendencia a andar erguido en ocasiones -el 25 por ciento del tiempo en sus desplazamientos por el suelo-, suelen ser más tranquilos y conviven pacíficamente en grupos. Nómadas, no tienen problemas territoriales con otros vecinos. Hembras Se organizan en matriarcado -la posición suprema en la manada es ocupada por una hembra- y el dominio colectivo de éstas es un factor que limita la violencia. La hembra bonobo es el único primate -además del humano- en celo permanente. La libido no reprimida y constante de la hembra obliga al macho que desee perpetuarse a no perder estúpidamente el tiempo en peleas. Si dos machos buscan bronca, pronto intervienen las hembras que les desistir del pleito. De acuerdo con el estudio de la antropóloga Martín Cano, la agresividad entre los machos parece responder a cierta competencia para lograr el favor sexual de las hembras, pero el bonobo no se impone mediante la violencia. La animosidad no pasa de ser, casi siempre, pura fanfarronería, pantomima y gestualidad teatral. Fornicadores De hecho no hay conflicto entre ellos que no se resuelva -o disuelva- en besos, caricias y cópula. En vez de matarse como los chimpancés comunes, de volada se ponen a hacer el amor, como un juego divertido para reducir la tensión, Y lo hacen con asombrosa frecuencia y variedad, no sólo con un fin reproductivo, sino, en la gran mayoría de los casos, por placer, al igual que en la especie humana. Practican el sexo en todas las variantes y en posturas antes consideradas exclusivas de los humanos. Y en todo tipo de combinaciones: macho con hembra, macho con macho, hembra con hembra, macho adulto con individuo joven. Salvo entre padres e hijos. El primatólogo holandés Frans de Waal, uno de los mayores especialistas en el tema, afirma que el sexo es la clave de la vida social de los bonobos: "lo usan usan para hacer amigos, para resolver conflictos y para decir hola". Lo utilizan "como nosotros usamos un apretón de manos: como contacto social". Y el ser humano -sostiene- es el "más bipolar de los primates", porque puede ser violento como un chimpancé y mostrar amor y empatía como los bonobos. Censura Por si fuera poco, los bonobos son los únicos animales -aparte del hombre- que copulan cara a cara y, sorpresa, besándose en la boca. Como usted puede verlo en las páginas de Internet, en videos y documentales de National Geographic, en reportajes de Discovery Channel y en fotografías de publicaciones científicas. En cualquier parte, pues. Salvo en televisión mexicana -bueno, la gringa tampoco canta mal las rancheras puritanas-, que difícilmente mostraría a los bonobos haciendo de las suyas, porque, ¿sabe usted?, ofenden la moral y las buenas costumbres. Por más pacíficos y amorosos que sean, la envidiosa censura no puede tolerar a tan alegres fornicadores. De hecho, los más cogelones del mundo. -.- (Las referencias bibliográficas científicas y periodísticas se publicarán, así como diversas fotografías, en la revista Sinaloa: Causa común) Columnas anteriores
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