Opinión / Columna
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Eduardo Andrade Sánchez
De pactos y traiciones
Organización Editorial Mexicana
8 de marzo de 2010
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DÍA 1194. EL ÍNDICE DE MORTANDAD LLEGÓ A UN NUEVO MÁXIMO HISTÓRICO DE 13.91 MUERTES DIARIAS VINCULADAS CON LA CRIMINALIDAD ORGANIZADA
EN LO QUE VA DEL SEXENIO.
Nada tiene de malo en política el llegar a arreglos, es más, uno de los aspectos esenciales de esa actividad consiste en saber pactar; pero el objeto, la naturaleza y la publicidad de las negociaciones son determinantes para juzgar acerca de lo pactado. Así, en la tragicomedia de enredos que entretuvo esta semana a los políticos, al margen de los verdaderos problemas nacionales, se combinaron múltiples desaciertos en los cuales, lo asombroso no es que Nava, Calderón o Gómez Mont, políticos de escaso entrenamiento, hayan caído en ellos, sino que Beatriz Paredes a quien nadie le niega un ápice de inteligencia y experiencia, se haya dejado envolver en una trama de la que el PRI ha salido muy mal parado, tanto que cabe la hipótesis de que los panistas no son tan ingenuos, pues se entrenaron por años para comerle el mandado al partido que --desde la oposición que aún no aprende a manejar-- va en punta en las preferencias electorales, y lograron que se hiciera copartícipe del aumento de impuestos, que pareciera que él fue el autor de las medidas, que firmara un pacto en secreto como parte de ese desaguisado, que lo "chamaquearan" y le incumplieran; para luego "quedarse colgado de la brocha" cuando se descubrió que sí firmó el tal acuerdo, dando la impresión de que aceptó fastidiar a la gente a cambio de una ventaja electoral. Si tomamos en cuenta que el PAN tenía todo que ganar y nada que perder en este relajito, diríase que los raspones que se llevan Nava y Gómez Mont, son un costo bajísimo.
Quiero pensar que los dirigentes priístas creyeron con sinceridad en la alarmante situación que les describió el Gobierno y temieron que un desequilibrio en las finanzas públicas costaría muy caro al crédito del país; por cierto, ahí en el mejor de los casos ambas partes calcularon mal, pues de todos modos nos rebajaron la calificación crediticia: A partir de esta premisa la cúpula priísta aceptó, equivocadamente como lo dije en su momento, apoyar parcialmente un absurdo plan de aumento de cargas fiscales que lógicamente traería costos electorales al PRI, y por eso trató, acertadamente, de obligar al adversario político, responsable desde el Gobierno del pésimo manejo económico, a no aprovecharse de esa situación. Si eso se hubiera hecho público en su momento, sería explicable, porque no se trataba de aumentar impuestos a cambio de una supuesta concesión electorera, sino de evitar que la aprobación de una medida teóricamente ineludible, se usara para asestarle un golpe político al oponente dispuesto a colaborar para que el Gobierno saliera del hoyo en que se metió. Tengo la impresión de que éste no pensaba cumplir desde el principio y que el PRI nunca debió ayudarle "a sacar las castañas del fuego". Para colmo, si iba a negociar, debió pedir más y con mayores garantías: que el pacto de no hacer alianzas contra natura abarcara a todos los estados y no sólo uno; que el Gobierno aceptara reformar la Ley de Coordinación Fiscal para dar más dinero a los estados y eliminara las Delegaciones federales en ellos, que todo eso se efectuara antes de la aprobación de las medidas impositivas y con participación expresa del Presidente. Hay que aprender a negociar con las cartas abiertas y de frente al público. Ahora todos quedaron desacreditados, especialmente el PRI, al que no le cumplieron, y ya "no lo dejaron como estaba". No estaría mal que planteara revertir los aumentos de impuestos, compensándolo con el precio del petróleo y la recuperación de los subejercicios.
eandrade@oem.com.mx
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