Opinión / Columna
 
Eduardo Andrade Sánchez 
Hipocresía histórica
Organización Editorial Mexicana
23 de noviembre de 2009

  Permítame empezar con una paráfrasis: Revolución...¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre! Porque desde la propia Presidencia de la República se invoca el movimiento social, surgido de la opresión como una demanda desesperada de justicia, para atacar principios básicos que fueron impulso y a la vez resultado de ese proceso histórico cuyo sentido y vocación ahora pretende desvirtuar el gobierno con el pretexto de desmitificarlo y analizarlo "sin prejuicios".

¿Puede imaginarse una actitud más aviesa y antirrevolucionaria que la de improvisar un supuesto homenaje a los promotores del movimiento armado contra la dictadura de Díaz, mediante un desfile militar sacado de la manga a última hora a celebrase en un día distinto al del aniversario -y por cierto cancelando un espectáculo organizado por el propio Gobierno federal en la Plaza de la Constitución con absoluto desprecio por la gente que esperaba presenciarlo- sólo para tomar el Zócalo con espíritu de juego pueril y evitar así el plantón anunciado por el SME que planeaba instalarse en ese espacio cordial de la nación?

Una de las principales demandas del movimiento obrero desde antes del estallido revolucionario, como quedó constancia en Río Blanco y Cananea, fue precisamente la de poder constituir sindicatos, mientras que este gobierno se empecina en destruirlos. ¿Quién iba a decir que a la vuelta del tiempo habríamos de reconocer en Fox por lo menos la autenticidad, al suprimir el desfile del 20 de noviembre? En todo caso, a lo poco institucional del gesto tendría que adscribirse la congruencia con su filosofía, contraria a todo lo que la Revolución significó. Pero ahora resulta que con Calderón, cuando creíamos que los despropósitos del foxismo eran insuperables, nos encontramos con una actitud todavía más vituperable: la de la hipocresía ofensiva que pretende acogerse al respeto de las conmemoraciones republicanas a fin de usarlas de pretexto para torcer su sentido y contradecir sus finalidades.

El discurso del titular del Ejecutivo, con motivo de la recordación de la convocatoria de Madero a levantarse en armas, fue una cadena de abstracciones dirigidas a tergiversar los ideales de quienes la siguieron. ¿Qué es eso de que en 2010 emprendamos una especie de nueva revolución para cambiar lo que haya que cambiar? ¿Se trata de desmontar lo poco que queda de las instituciones ancladas en la Revolución? ¡Claro! Para este régimen lo que hay que cambiar son las prestaciones laborales para ser más "competitivos": trabajo a destajo por horas, sin jornada máxima; facilidad extrema para despedir trabajadores que desde su visión, son siempre flojos y desobligados; nada de sindicatos combativos; eliminación de todo sistema de pensiones que otorgue al jubilado algo más de lo indispensable para no morirse de hambre, y si se puede, renunciar a que la nación mantenga la propiedad originaria sobre tierras y aguas o, por lo menos, sobre recursos naturales estratégicos como el petróleo y el gas.

Todos esos son "mitos" que deben ser abandonados, producto del prejuicio con el que hemos redactado nuestra Historia, de la que hay que desterrar las agresiones que hemos sufrido por parte de nuestros vecinos y toda consideración populista protectora de las clases desposeídas. No llegan hasta el extremo de pedir la reposición de la tienda de raya, porque eso ya lo lograron a través de las tarjetas de débito, con las que pagan inconstitucionalmente la nómina y que permite a los bancos cobrarse a lo chino las deudas de los asalariados, a quienes, para "protegerlos de pagar intereses", les sacan directamente de sus cuentas los fondos para cubrir sus créditos.

eandrade@oem.com.mx
 
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