Opinión / Columna
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Potencial humano
Leonardo Stemberg
10 de noviembre de 2009
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Qué lindo es encontrarnos de nuevo en este hermoso periódico de la OEM. El compañerismo, en cualquier actitud, significa que compartimos objetivos similares, pero cuando no coinciden los objetivos existe ese rechazo. Es muy difícil que una superestrella pueda acomodarse con el resto del equipo, porque viene como estrella, él no vino a jugar sino a que los demás estén como a su disposición, y sólo los que les gusta ser serviles, pueden hacerlo.
Salvo que un director técnico tenga la capacidad de hacerles entender que le pagan un sueldo para hacer lo que el director técnico quiere. Pero cuando hacen lo que el director técnico quiere, dejan de hacer lo que sienten ganas de hacer y dejan de jugar bien al futbol.
Cuando alguien va a estudiar pintura y termina pintando como el profesor, deja de ser el pintor que podía ser. Cuando alguien juega como el otro quiere que juegue, no puede jugar como él siente que quiere jugar y se pierden las habilidades. No me hagan caso que estoy loco, pero que lindo sería que tomen conciencia que si integramos un equipo, tenemos que buscar cómo encontrar o reencontrar en nosotros la vocación por la cual decidí ser deportista. Claro, el dinero es aparte; el ser famoso es aparte; pero si se me olvida que primordialmente está disfrutar el juego, quizás pierdo la comunicación con el resto de mi equipo.
Cuando te duela la cabeza, hay que tomar conciencia que es una advertencia, no el problema, de que en tu organismo hay algo alterado. Y no nos damos cuenta que un analgésico destruye la comunicación entre tu cerebro y tu cuerpo, a través de eliminar los estímulos que el cuerpo manda al cerebro; el analgésico trabaja en tu corteza cerebral y ya no sientes el dolor. Claro, luego llegamos a enfermedades terminales muy complicadas por tantos analgésicos que mataron el síntoma y no corregimos el problema.
Esa perfección con la que nacimos hoy se convierte en una absoluta imperfección, puesto que estamos destrozando los mecanismos de defensa del organismo, tomando miles de porquerías, en lugar de elementos que permitan que el sistema inmune restablezca sus funciones. Claro, pero después nos quejamos de alergias o un síndrome de inmunodeficiencia adquirida y no nos damos cuenta que los adquirimos por darle a mi cuerpo lo que no teníamos que darle y menos en los momentos en que alguien me pidió que se los diera, como ese hermoso médico que hoy es un expendedor de medicamentos y no un ser humano que ni siquiera le importan mis estados anímicos.
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