Opinión / Columna
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Eduardo Andrade Sánchez
Federalismo fiscal
Organización Editorial Mexicana
9 de noviembre de 2009
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DÍA 1075. EL ÍNDICE DE MORTANDAD NO TIENE FRENO, ALCANZÓ YA 13.34 MUERTES DIARIAS VINCULADAS CON LA CRIMINALIDAD ORGANIZADA EN LO QUE VA DEL SEXENIO.
Prácticamente nada marcha bien en el país, aunque según Calderón -quien ya vive en un paraíso superior a Foxilandia- pronto empezaremos a administrar la abundancia. Entre las cosas que muestran un mal funcionamiento se encuentra el sistema de relaciones interinstitucionales que parece estar entrando también en aguda crisis al grado de que no suena mal la propuesta del rector Narro de refundar la República, aunque sus detractores le reprochen el no empezar primero por refundar la Universidad a su cargo. Pero el caso es que algo no anda bien cuando la oposición tiene que hacer el trabajo del Gobierno, y éste todavía se lo echa en cara y pese a los favores recibidos, en lugar de ponerle una veladora se dedica a atizar el fuego discursivo que retoma las supuestas deficiencias del pasado priísta como causa de todos nuestros males; nada más hay que ver, entre otras intervenciones, la del secretario de Educación que denunció la semana pasada el lastre del "rezago" educativo.
Otro síntoma de la disfuncionalidad del sistema se manifiesta en esa "cola" que tienen que hacer los gobernadores ante el Congreso FEDERAL para pedir que les den lo que en derecho les corresponde. En teoría, en nuestra República federal, la mayor parte de las necesidades estatales deberían atenderse con sus propios recursos. Un estado no puede erigirse si su propia actividad económica no da para que se mantenga como entidad autónoma, si no, serían Territorios, y los últimos de éstos desaparecieron en 1974. En realidad los estados, con algunas excepciones, podrían resolver sus problemas internos con recursos provenientes de una recaudación estatal de IVA y de ISR, los cuales deberían cobrar en primera instancia y, en todo caso, ser ellos quienes le entregaran una participación a la Federación, para proyectos federales y efectos compensatorios entre regiones de desigual desarrollo. Los programas sociales deberían aplicarse estatalmente, según las condiciones de cada entidad. Todo sin demérito de la recaudación propiamente federal, como la proveniente de impuestos al comercio exterior o del petróleo.
Requerimos un genuino federalismo fiscal. Tanto que queremos copiar a los Estados Unidos en cosas no necesariamente bien resueltas por ellos, como el método de "soplones" en el Derecho Penal, y no les imitamos cosas buenas como su sistema fiscal, especialmente el relativo al impuesto al consumo. Habría que preguntarse, si es tan bueno el IVA, ¿Por qué los estadunidenses no lo aplican? Allá tienen un impuesto a las ventas que no se basa en el valor agregado, ni tiene acreditaciones escalonadas, ni devoluciones, el cual es fijado y cobrado por cada estado. En ningún caso llega siquiera al 15 por ciento que pronto aumentará aquí. Donde más cobran, juntando lo que carga el estado y lo agregado por cada ciudad de manera diferenciada, es en Illinois, cuya tasa máxima es de 11.5 por ciento; sigue California que en los condados donde se paga más, alcanza el 10.25 por ciento. Algunos estados, como Delaware y Hawaii, ni siquiera tienen impuesto a las ventas, y en la mayoría de ellos hay exenciones a los alimentos y las medicinas y eso que allá la desigualdad social es menor, en tanto que aquí se porfía en clavar el diente parejo en todos los bienes como si eso fuera la solución mágica, de ser así, ¿por qué nuestros vecinos no la aplican?, ¿no que todos los países prósperos cobran muchos impuestos? Lo que hay que hacer es cobrarlos bien.
eandrade@oem.com.mx
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