Opinión / Columna
 
Mario Núñez Mariel 
Las cinco grandes mentiras sobre nuestros migrantes
Organización Editorial Mexicana
9 de noviembre de 2009

  Conforme se avecina la discusión sobre la reforma migratoria integral en Estados Unidos, los militantes de la derecha republicana afilan sus cinco viejos argumentos para rechazar un flujo migratorio que los sobrepasa y que llegó para quedarse. Pero más allá de los viejos lugares comunes de la derecha para rechazar a nuestra gente, se pueden reconstruir los argumentos de mayor peso que ya funcionan a modo de mitos sobre la inmigración y que se pueden derrotar con argumentos contundentes por su veracidad. Ahora vayamos a las cinco grandes mentiras.

En primer término, se afirma falsamente que los trabajadores indocumentados no pagan impuestos: la administración de la Seguridad Social de Estados Unidos estima que las tres cuartas partes de los trabajadores indocumentados sí pagan impuestos, que de modo automático se les descuentan de sus cheques de pago salarial. Anualmente pagan de esa manera entre 6 a 7 mil millones de dólares de Seguridad Social y contribuyen con mil 500 millones de dólares de seguro médico estatal -Medicare-; además, pagan impuestos sobre sus propiedades y pagan impuestos indirectos por bienes y servicios adquiridos.

En segundo lugar, se afirma falsamente que los trabajadores indocumentados y sus familias reciben servicios gubernamentales sin pagar impuestos. Como ya vimos, sí pagan impuestos, pero más allá, la Oficina Ejecutiva del Consejo de Asesores Económicos de la Presidencia de Estados Unidos sostiene en su informe del 2007, que la aportación del conjunto de los inmigrantes legales e ilegales en impuestos rebasa con mucho el gasto que representan en servicios gubernamentales de salud, educación y de justicia -persecución, cárceles y deportaciones.

En tercer lugar, se afirma que los migrantes le quitan el trabajo a los ciudadanos de bajos recursos nacidos en Estados Unidos, cuando todos los estudios laborales demuestran que la mayor parte de los inmigrantes mexicanos ocupan puestos de muy baja remuneración, en términos comparativos, que los ciudadanos locales no aceptarían por su mayor nivel educativo, por su dominio de la lengua, que les da una ventaja comparativa, y porque cuentan con otros recursos salvadores como el seguro de desempleo y los cupones de comida que les permiten resistir mientras encuentran alguna ocupación mejor remunerada.

En cuarto lugar, se afirma que los inmigrantes cometen más crímenes que los estadounidenses de origen. Nada más falso. Estudios del 2007 demuestran que entre los hombres nacidos en Estados Unidos, con edades entre los 18 y los 39 años, se tiene una tasa de encarcelamiento del 3.5 por ciento; los varones mexicanos indocumentados de ese mismo rango de edad tienen un tasa de encarcelamiento del 0.07%.

En quinto lugar de las falacias contra nuestra gente tenemos la siguiente: se dice que los inmigrantes mexicanos se niegan a aprender el inglés, siendo que el Pew Hispanic Center demuestra, a través de sus encuestas, que de los migrantes latinos o hispanos de primera generación el 23% habla inglés muy bien; de los niños hispanos nacidos en Estados Unidos el 88% hablan inglés muy bien; de los hispanos de 3ª y 4ª generación el 96% hablan inglés como primera lengua y el 96% de los inmigrantes hispanos sostienen que aprender inglés es muy importante.

¿Cuándo entenderán? Emigramos porque así lo dictan las leyes de la vecindad entre países ricos y países pobres; porque así sucede la integración de las sociedades contiguas con asimetrías demográficas (ellos cada vez son más viejos y nosotros tenemos cada vez más jóvenes sin empleo); y porque la economía estadounidense succiona trabajo asalariado barato como si fuera una gran aspiradora, por más que la crisis y la recesión hayan aminorado temporalmente el flujo migratorio.
 
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