Opinión / Columna
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Herberto Sinagawa Montoya
1 de noviembre de 2009
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El Último diamante
MAE WEST
Ya se ha dicho que la entrevista tiene una misión importantísima dentro del periodismo de hoy y de siempre: la de transmitir la ilusión de intimidad con las personas famosas.
¿Cuándo se publicó la primera entrevista? Según el libro de Christopher Silvester -"Las Grandes Entrevistas de la Historia 1859-1992"-, la primera entrevista se le atribuye a Horace Greeley, editor de The New York Tribune, en 1859.
Desde entonces se han publicado miles de entrevistas en todos los idiomas a gente importante. Ahora el periodismo no se puede entender sin la entrevista.
Es innegable que en el periodismo mexicano Elena Poniatowska y su famosa grabadora marcó de por vida el camino a jóvenes periodistas. Elena copió a Oscar Lewis que empleaba la grabadora para darle mayor naturalidad a sus entrevistas. Dentro de las entrevistas memorables, que han ganado a pulso un lugar en las antologías del periodismo, figura la que hizo Charlotte Chandler a la estrella del cine Mae West; dicha entrevista se publicó en The Ultimate Seduction, en 1984.
MAE WEST NACIÓ EN
BROOKLYN, NUEVA YORK
Mae Wst nació en Brooklyn, y a los 5 años se convirtió en "baby vamp" de las revistas en el teatro neoyorquino; en 1932 apareció en Hollywood donde puso de moda a la mujer de formas llenas y modales provocativos.
Cuando Mae West saludó a la periodista "me arañé la palma de las manos con sus anillos de diamantes, llevaba todos los dedos cubiertos de diamantes".
Charlotte Chandler le lanzó la primera gran pregunta, abriendo brecha. (Si la entrevistadora no llega al fondo para exprimir la naranja es imposible pensar en una entrevista como Dios manda).
-¿Recuerda la primera vez que pensó en el sexo?
Mae West respondió que nunca había dejado de pensar en el sexo. Siempre había jugado con muchachos, Gustaba de verse rodeada de muchachos sanos con aliento perfumado por la salud. Le gustaba probar cómo besaba cada uno de ellos. Admitió que el beso de un hombre es como su firma.
NADA MEJOR QUE UN
HOMBRE CERCA EN LA NOCHE
Mae West confesó que siempre le había gustado tener muchos hombres a su alrededor. Disponía de uno diferente de acuerdo con su estado de ánimo. En las noches lluviosas no hay nada mejor que tener un hombre en la cama. Es como tener un libro bueno.
Cuando había tantos machos cerca de ella no había razón alguna para que Mae West se privara de nada porque tener muchos hombres era mejor que tener un sólo.
Si disfrutaba la presencia de hombres varoniles detestaba en cambio la compañía de las mujeres. Las detestaba porque las mujeres dedican demasiado tiempo a decir "no". Las mujeres que se habitúan a decir no terminan encerradas en casa lavándose el pelo los sábados por la noche.
HACER AL HOMBRE UN
HÉROE HAZAÑA DEL AMOR
Mae West dijo a la Chandler, que cuando ella tenía un hombre bajo el dominio de su belleza en el escaso territorio de una cama con espejo en el techo "hacía que se sintiera un héroe de una gran guerra mientras duraba el trajín amoroso; después, simplemente, le decía "adiós".
En varias ocasiones estuvo a punto de enamorarse, pero no cayó en la trampa. Es demasiado estúpido enamorarse de un inviduo vacío y arrogante. Enamorarse es una trampa en la que puede caer cualquier mujer en cualquier momento sin darse cuenta. Obligación de toda mujer inteligente es no caer en esa trampa de enamorarse de alguien que no merece tamaño tributo de una mujer.
Mae West dijo a la periodista que muchas mujeres se dedican a esperar a que un hombre les traiga la felicidad. Mala táctica: ningún hombre traerá jamás felicidad alguna. Ella no dependía de un hombre traerá jamás felicidad alguna. Ella no dependía de un hombre para ser feliz. Sabía cómo manejarlos: no había otra cosa que manosearlos muchos.
Proporcionaba un consejo a sus admiradores: mucho sexo, nada de alcohol, nada de tabaco, y nada de hombres casados.
Lo peor que le puede pasar a una mujer es fijarse en un hombre casado. Hay hombres más que de sobra. Nunca hizo nada por quitarle su hombre a otra mujer. Las mujeres se dicen a sí mismas que sólo desean un hombre en el mundo. En realidad todos los hombres son iguales.
EL HOMBRE, UN CANALLA
EGOISTA Y PERSUASIVO
La refulgente estrella del cine norteamericano, sueño erótico de los abuelos de ese país, advirtió a las jóvenes que hay hombres totalmente egoístas, saben cómo decir lo que la mujer quiere oír para darle esperanzas. De repente, ese hombre desaparece. Se mantiene alejado por algún tiempo y vuelve con la mujer sólo para poner a prueba su poder.
Ese hombre malvado y egoísta únicamente persigue la conquista amorosa porque en realidad "se está haciendo el amor a sí mismo". Al canalla le encanta hacer llamadas telefónicas y la mujer cree que será diferente con ella. Pero se equivoca. El canalla puede ser divertido, pero eso dura poco; cambia el otro lado de la moneda y dejan a la hembra con la boca abierta.
Mae west para sus escarceos amorosos prefería a un hombre maduro, preferentemente de 40 años, un hombre que haya visto mundo. "Por supuesto enseñar a un hombre joven los secretos del colchón también es divertido", sonrió la princesa de la noche y de la luz, "se emociona uno tanto cuando descubre de lo que es capaz".
Creyó que iniciar a un hombre virgen era un privilegio. Cierta falta de experiencia tiene un propio atractivo, y, además, "aprenden demasiado rápido".
A las mujeres no les gustan los hombres con demasiada experiencia. Si tienen demasiada experiencia, si son demasiados buenos en lo que están haciendo, "ellas suponen que han aprendido el arte amatorio de otras mujeres. ¿No es demasiado divertido poderle enseñar algo a un hombre?"
UN FRANCES, "MI
MEJOR AMANTE"
Mae West, caída ya en las confidencias peligrosas, dijo a la entrevistadora que su mejor amante había sido un francés. Un sábado por la noche se pusieron a hacerlo y estuvieron hasta las cuatro de la mañana del día siguiente. Veintidos veces.
¿Son más las echadas que las ponedoras, Mae?
Si un hombre que sólo podía hacerlo una o dos veces por noche descubre de repente que tiene más talento del que creía, porque es capaz de hacerlo una docena de veces, pero después ese hombre no podrá repetir la hazaña con su propia mujer
La Chandler terqueó en el tema candente. -Aparte del francés, ¿qué otro hombre dejó grato recuerdo?
Mae West dijo que John Barrymore "no estaba mal. Gary Grant fue otro que no estaba nada de mal. Inicialmente me gustó su voz, pero vi inmediatamente que el resto de él estaba a su altura. Siempre me han gustado los hombres fuertes como los boxeadores, los luchadores, los culturistas. Tocar bíceps siempre me ha excitado.
EL HOMBRE FÁCIL DE
CONSEGUIR, DIFÍCIL DE CONSERVAR
Dijo que el hombre es fácil de conseguir, difícil de conservar; es demasiado frívolo; demasiado macho; no se conforma con una, su varonía se hastía sólo con un harém, igual al de uno de esos dueños de un emirato árabe donde brota el petróleo como quelite en tiempo de lluvia.
Charlotte Chandler le preguntó que haría una mujer para conservar su hombre.
-No hay que perder de vista las pelotas. Si no cuidas bien de tu hombre, otra la hará por ti.
Nunca creyó la estrella de cine en el matrimonio. Creía en el amor sin casarse, sin compromiso de ley terrena o divina. Un papel por muy solemne que sea no es garantía de nada."No me parece justo que en el matrimonio la mujer esté casada todo el tiempo y el hombre sólo parte de ese tiempo* , dijo Mae.
La hábil entrevistadora acorraló a la bellísima hembra con otra pregunta relativa a si había alguna ventaja en ser, simplemente, una mujer.
Respondió: -Al hacer el amor, los hombres se cansan, pero las mujeres pueden seguir y seguir, quitadas de la pena. Los hombres tienen más oportunidades en la vida, pero no más que yo. Ningún hombre ha llevado una vida mejor que la mía. No he permitido que ningún macho me arrebate la iniciativa en la cama. Soy yo.
¿Es importante y difícil hallar a un hombre a quien amar?, fue otra pregunta de la formidable periodista.
Mae West contestó: -Extraño a George Raft, el gangster de las películas, igual que Edward G. Robinson. entre él y yo hubo un gran lío amoroso. No nos desperdiciamos. No dejamos de probar nada. Pero fue sólo un relámpago, a mi manera: lo deseché como un pañuelo de papel. Seguimos siendo amigos y nuestro encuentro formó parte de nuestras propias mitologías. Raft era un hombre de verdad, igual que el francés, igual que John Barrymore, igual que Gary Grant, igual... Nunca me han gustado los afeminados, tipo Tony Curtis.
EL ESPEJO EN LA
RECÁMARA DE MAE
No había periodista que platicara con Mae West que no le preguntara sobre el gran espejo en el techo de su dormitorio. Contestó, invariablemente:
-Me gusta ver cómo lo estoy haciendo.
Nunca soportó Mae West dormir acompañada. Sólo admitía una compañía temporal. Jamás anocheció y amaneció al lado de alguien. Gustaba de su propia cama pero no podía dormir si tenía alguien a su lado.
Su recámara estaba pintada de blanco, la cama estaba cubierta con una colcha de satén blanco. El tocador con espejo era blanco. La alfombra era blanca. Las cortinas blancas.
¿Cree que el dinero compra la felicidad?, otra pregunta de la escudriñadora del mundo personal.
-No, el dinero no compra la felicidad. Pero sí es un magnífico medio para conseguir una buena y excitante aventura. Te permite comprar una buena cama con sábanas limpias y tiempo para disfrutar de todo. Si tienes dinero no tienes que preocuparte por él, y la preocupación es mala para el cutis.
SEXO Y CHOP SUEY,
MIS GRANDES GUSTOS
Mae West dijo a Chandler qué le gustaba más, aparte del sexo.
-Sexo y chop suey.
Con sexo y chop suey la gran estrella de Broadway y de Hollywood, "la pasaba muy bien en Estados Unidos", mientras la gente se desgarraba la piel manotéandose el dinero.
-¿Sexo y chop suey, al mismo tiempo?, preguntó Charlotte.
Mae respondió:
-No, no a la vez; no se puede hacer el amor y comer; no resulta elegante ni saludable. El chop suey sabe mejor después, igual que un buen cigarrillo para alguien que fume, no yo. Sexo chop suey y mi carrera es lo más divertido en mi vida.
MAE WEST, FEMINISTA
DE SU GRAN MOMENTO
Cuando la mujer está de fiesta, lo dicho por Mae West prueba que la emancipación femenina no es de ahora, viene de muy atrás.
Cuando terminó la entrevista, Mae West le dijo riendo a Charlotte Chandler:
-Querida, quiero decirte antes de que te vayas que estos diamantes que tanto te atrajeron no me los regalaron los hombres por mi esfuerzo en la cama, algunos de ellos los compré yo.
Greta Garbo fue otra gran feminista. No permitió que otro decidiera cómo vivir su vida. Tenía estilo; era muy suya. Tenía una voz preciosa, pero era una mujer solitaria; no supo disfrutar de la compañía de un hombre.
En su libro The Ultimate Seduction, la Charlotte Chandler, la gran entrevistadora de Mae West, ejemplo de cómo sacarle todo el jugo a la toronja, escribió: "Las pasiones que te motivan pueden cambiar, pero es tu trabajo en la vida lo que constituye la seducción "(esencial)"
Y a propósito del pensamiento tan particular de Mae West, que vivió una vida al filo del escándalo en un país hipócritamente puritano como Estados Unidos, derrotando las habladurías, venciendo con su honestidad y su franqueza, llamándole agua al agua y vino al vino, me atraen las palabras del inmenso novelista japonés Yukio Mishima, que se suicidó en público en 1970, que reforzó a Mae West en lo que dijo a la Charlotte Chandler: "La medida del poder de una mujer es el grado de sufrimiento con que quiere lastimar a "quien la ama"
MARÍA GREVER Y
AGUSTÍN LARA
María Grever, la gran compositora mexicana, autora de Júrame, Muñequita linda, Bésame, y Cachito, se llamó, en realidad, María Joaquina de la Portilla y Torres. Nació en León, Guanajuato, en 1885.
Se casó en 1907 con el norteamericano León Augusto Grever, y fue a vivir con él a Nueva York.
Allí se propuso dar a conocer la buena música mexicana, con la ayuda del marido, dedicándose, además, a componer en su hogar neoyorquino.
Una vez vino de visita a la ciudad de México. Agustín Lara fue a conocerla al hotel Regis, ese hermoso hotel de la avenida Juárez que se derrumbó durante el temblor de 1985.
María Grever y Agustín Lara conversaron durante largo tiempo, sobre lo difícil que era llegar al triunfo en el mundo de la música.
Al despedirse, María Grever le regaló una botella de oporto inglés y puso a su disposición un lujoso automóvil para llevarlo a su casa.
Agustín Lara se tropezó con un papel que la mujer había deslizado en el bolsillo del saco. Era un recado que decía lo siguiente:
AGUSTÍN LARA SERÁ UNA
GLORIA NACIONAL: GREVER
"Entre todas las canciones mexicanas que me llegaron a Nueva York, inconscientemente elegí cinco entre 80 de ellas, y fue una sorpresa ver que eran del mismo autor: Agustín lara.
"Es mi convicción que este compositor tiene un gran porvenir, pues su inspiración es finísima, espontánea y no tardará mucho en ser una gloria nacional".
Cumplios al pie de la letra la tan atinada predicción de la compositora guanajuatense, hija de un padre de apellido prestigioso en Sevilla.
Finalmente, María Grever murió en Nueva York en 1951, pero sus hermosísimas canciones le han sobrevivido manteniendo su nombre en el corazón de los buenos románticos del país que todavía los hay muy a pesar del mal tiempo que vivimos.
Y, fíltrase en el aire cambiante por la inminencia del invierno en un Culiacán todavía no repuesto del calor algo de María Grever: "Júrame,/ que aunque pase mucho tiempo,/ no olvidarás el momento/ en que te conocí".
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