Opinión / Columna
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Herberto Sinagawa Montoya
18 de octubre de 2009
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EL CULIACAN DE VERDUGO FALQUEZ
Benjamín Franklin
Cuando Culiacán era una ciudad pequeña, llena de familias que habían llegado del rancho, la gente se las ingeniaba para engañar al calor. Se usaban los abanicos de palmera que fueron reemplazados por los de cartón cuando se inició la guerra comercial entre Nacho Campos y Alberto I. Farjí, entre Amado Bonardel y Salvador Camarena, que había sido dependiente de mostrador en La Tienda Nueva.
Muchos años se usaron los famosos abanicos de cartón con las bellas efigies de Greta Garbo, Hedy Lamarr, y Greer Garson, y la no menos bella cara de los ídolos masculinos como Tyrone Power, Clark Gable y Errol Flynn.
Bendita ciudad pequeña, medio rancho todavía, donde las familias mantenían las costumbres sencillas y frugales del campo. No había pretensiones ajiladas por la vanidad. No había pujos de grandeza. Nadie soñaba con casas con alberca y cancha de tenis. Era el Culiacán cuyo cronista oficial era el licenciado Francisco Verdugo Fálquez.
Nuestras matronas tomaban la canasta de mandado y se encaminaban al mercado Garmendia, saludando a las conocidas con que se tropezaban en ambas aceras. Cuántas veces no fue necesario dejar la canasta en el suelo, y poner al día el recuento de los mejores chismes que circulaban por la ciudad. Dichos chismes tenían, desde luego, un rotundo sello pasional. Que si fulanita anda con fulanito. Que si menganita se juyó con zutanito. Que si a don Cosme la mujer.
Que al General le robaron las botas. Que al ingeniero le resultó embarazada la secretaria.
FARJI PIONERO DEL
COMERCIO EN CULIACAN
Alberto I. Farjí nació en Smirna, Turquía. No era, pues, judío como decía la gente: era turco.
Llegó a México en 1920 en compañía de la esposa Ester Cohen. ¿Cohen judío? cinco años después la pareja instalose en Culiacán. Fue en 1925. Abrió una tienda que se llamó El Remate Azul, frente al mercado Garmendia, en las calles Rubí e Hidalgo.
Fue un comerciante innovador. Puso a la moda a muchachas y muchachos con telas de muy bello diseño. Acordémonos que apenas habíamos roto el capullo de la vida rústica del rancho. Todavía el cuero mostraba las huellas de la tinta azul de la mezclilla, que fabricaban en Villa Unión. Poco hacía que habíamos dejado los guaraches trenzados y probábamos un mocasín de don Luis Larrauri, en la zapatería Estrella.
Farjí implantó en la tienda de ropa el gancho de la oferta: a toda joven que llegara vestida de azul a El Remate Azul se hacía acreedora a un buen par de medias de seda importadas de Estados Unidos. Ganó así clientela.
Chabelo Sánchez, dotado de una bocina de hojalata, se paraba en las esquinas y pregonaba las excelencias de Farjí como heraldo del buen vestir. Sus telas no se decoloraban ni se encogían; eran telas para durar.
Al surgir la radiodifusión comercial, gracias al profesor Enrique Maximiliano Gómez Blanco, Farjí fue uno de los grandes anunciantes junto con Nacho Campos. Sus famosas "baratas" conmovían a la ingenua ciudad porque con pocos pesos se podía vestir a la familia.
Cuando mermó la prosperidad agrícola, con los altibajos del tomate y el algodón, la actividad comercial decreció: murió Nacho Campos en un accidente de automóvil en el puente de El Salado, y Alberto Farjí se quedó sin rival y la competencia perdió pimienta y sabor.
EUSTAQUIO DE NICOLAS
REVOLUCIONO EL COMERCIO
Don Eustaquio de Nicolás revolucionó el comercio cuando abrió Almacenes García, en las calles Carrasco y Angel Flores. Tal revolución consistió en que se liquidaron los anaqueles donde el cliente señalaba al empleado la tela que le gustaba y la traía y luego la medía con el metro en muescas en el mostrador.
Ahora no: por la innovación de don Eustaquio el cliente se sirvió por sus propias manos; es decir, que ya no hubo mostrador sino estantes donde se podía palpar y ver de cerca lo que se quería comprar.
También en el ramo del abarrote se produjo un cambio notable: don Alfredo Castaños abrió un supermercado en la esquina de Escobedo y Morelos.
Después habría de ser imitado por don Alfonso J. Zaragoza y más tarde por Juan Manuel Ley y sus hermanos.
Atrás se quedó La Unica de Alejandro y Macario Armenta Soto, que no obstante su extraordinario talento no pudieron amoldarse a los nuevos tiempos tal vez por falta de recursos que no de sesera.
LAS RASCALERIAS LUCHAN
CONTRA EL CALOR INFERNAL
Fue en la época de Farjí y Campos cuando se abrieron las primeras rascalerías en otro esfuerzo plausible por acorralar al calor.
Fueron memorables los personajes que giraron en torno a tales rascalerías como Heriberto "Capi" Cisneros, Estanislao "Tanis" Díaz, Manuel Monobe, y José Ruiz Huerta, apodado El "Chapo".
El Capi Cisneros aposentó su fortaleza contra el mal clima en la plazuela Rosales, El Tanis Díaz en el parque Revolución, Monobe en la plazuela Obregón, y El Chapo en la esquina de Bravo y bulevar Madero, donde hoy está el monumento a Agustina Ramírez.
Ya he platicado de las delicias que salían de estas manos mágicas: el hielo salía exaltado por la alquimia, bastaba un montón de hielo para elaborar un raspado de vainilla y rosa, tamarindo, guayaba, manzana y otros sabores químicos que la gula y la sed infantil no alcanzaban a descubrir.
RUIZ HUERTA, EL HACEDOR
DE LAS MACEDONIAS MAGICAS
Dentro de los recuerdos de la infancia sobresale el Chapo José Ruiz Huerta. Tenía su rascalería en ese triágulo de la Bravo, dominios hoy de doña Agustina Ramírez.
Su negocio se llamaba Las Delicias. Preparaba las macedonias que superaban al raspado común y corriente del Capi y del Tanis, porque las macedonias incorporaban las frutas frescas como la manzana, la ciruela, el durazno en almíbar, y como remate feliz una leche condensada de pura vaca.
Muchos años después, cuando brotaban como quelites las canas, me encontré al Chapo arrumbado en un rincón de su casa en la colonia Ejidal. Era un anciano que había perdido la memoria. El hijo me habló del pasado del padre. Había nacido el Chapo en Jalpa, Zacatecas, bien madurito el siglo 19. Recaló a Culiacán en 1920. Se casó con Leocadia Quiñónez. Cuando yo lo descubrí tenía 103 años. Ya murió. Esos siglos no hacen ruido cuando se mueren.
Recobrar esa imagen fue volver a vivir una hermosa experiencia de niño, igual cuando vi en la Mutualista a Adolfo Sáinz, el famoso turronero, favorito de la plebada en las funciones dominicales del Teatro Apolo.
LAS MEDIAS DE POPOTILLO
DE DON JUAN JOSE VILLA
En tiempo remoto que ya cuesta trabajo rememorar hubo una fábrica de medias de popotillo. Las mujeres de hoy se preguntarán qué diablo eran esas medias de popotillo. Eran unas medias de algodón que sólo se podían usar en el breve invierno sinaloense; en verano, imposible: harían carbón la delicada pierna mujeril.
Dicha fábrica era propiedad de don Juan José Villa y don Alfonso Michel. Estaba instalada por la Hidalgo al oriente, cerca del Hospital del Carmen.
Naturalmente, la media de popotillo desapareció rápidamente cuando apareció la media de seda. ¿Se acordarán las muchachas de entonces, abuelas hoy, cuando "se les iba el hilo" a esas medias de seda tan efímeras como el sueño de un gato?
LOS GRITOS DESAFINADOS
DE LOS CHAMACOS EN EL APOLO
También hallan acomodo en la memoria, aparte de los ráscales del Capi y el Tanis, la nieve de Monobe y las macedonias del Chapo, las matineés de locura en el Teatro Apolo. Escuchaba uno esa voz atiplada del plebe, hoy seguramente respetable abuelo, y algo dentro se estruja como toalla de papel luego del mole.
Eran históricas las visitas del circo Beass y Modelo. Eran tiempos tan remotos en que había muy pocos circos. El Beass y Modelo se instalaba en un pequeño llano donde hoy está la Comisión Federal de Electricidad, por la calle Angel Flores al poniente.
Su atractivo mayor fue Blackman, un hombre que era sepultado vivo. Era un espectáculo donde saltaba la treta a simple vista; sin embargo, el enterrado vivo sacudió el Culiacán tierno e inocente. Fue la comidilla del día el famoso Blackman, cuyo enterramiento se veía con miedo y pasmo.
Fue en ese llano de La Vaquita donde funcionó la dinamo de un submarino alemán que proporcionó electricidad a la ciudad. Era un servicio que se interrumpía a cada momento. El generador del submarino chupaba mares de diesel, y el mecánico, el alemán Charles Klauss, se veía en serios aprietos para que aquella gigantesca máquina no volara por los aires en mil pedazos.
RAUL DE CASTRO, "EL PICO
DE ORO" EN LA MORELOS
También se entrevera en el recuerdo del ráscale y la nieve la voz de Raúl de Castro, llamado El Pico de Oro, por su bella voz. Llenó él una época romántica cuando derretía el corazón de las muchachas "La vereda tropical". Se fue a Estados Unidos, se supo que andaba cerca de estrellas del cine como Robert Taylor y Robert Mitchum, pero se le perdió la huella.
Surgieron otras voces como la de Francisco Chicorima Mendoza, el Tacuache Rivas, el Loco Favela, Chuy Esperano, Fausto Miller, Alvaro el Ligero Medina León, Martha Traslaviña, María Antonieta Millán, y ya en tiempo más reciente Jorge Macías, que triunfó en México, Miguel Angel Palazuelos, que también se hizo de gran cartel en la capital del país, Carlos Tanamachi Cota, intérprete ideal de lo romántico acompañado a la guitarra por él mismo, Rutilio Sauceda y otros que se escabullen en franco off-side de la memoria.
SENECA, EL VIEJO, Y
LA FRUTA MADURA
Séneca, el viejo, maestro de Nerón, hombre rico y sabio, era uno de los que defendían a los ancianos, a esos ancianos como el Chapo José Ruiz Huerta, que vivió más de cien años, sordo y casi ciego, y que sufren la soledad y la humillación.
Al defender a los ancianos, Séneca dijo: "Aceptemos bien a la vejez, mimémosla porque abunda en dulzura. Los frutos sólo tienen todo su sabor en el momento en que se pasan de maduros".
En cambio, Ovidio, poeta romano, una de las figuras más vigorosas de la poesía latina, lanzó la fuerza de su talento contra esa etapa final de la vida que lleva al hombre a dilucidar grandes disyuntivas. Ovidio escribió: "Oh, tiempo, gran devorador, y tú, vejez, envilecida, entre los dos lo destruís todo y royendo lentamente con vuestros dientes, consumís al fin todas las cosas en una muerte lenta".
El anciano vive, pues, una muerte lenta. ¿Son los hijos apoyo de ese anciano? No. Los hijos contraen sus compromisos y se desentienden del padre anciano. Qué pocos son, en realidad, los que están al lado del padre en esa etapa horrible de la vejez. Que pocos son los que le tienden la mano y están a su lado para alivio de sus males físicos y morales. Que errado está aquel que cree que en el hijo tendrá un refugio seguro para los últimos momentos de la vida.
En cuanto a ese viejo lúbrico, al que todavía se le van los ojos al paso de las muchachas por la plazuela Obregón, a ese viejo tonto que lanza piropos a las jóvenes, no es más que un viejo que da asco y lástima.
Frente a esos ancianos delirantes, Séneca les advierte el peligro con unas palabras muy sabias: "La vejez es buena, como todo lo que es natural, y no acarrea ninguna decadencia".
¿Se imagina usted a un anciano dominado todavía por la lascivia? No hay en el mundo un espectáculo más lastimoso y vergonzante.
El anciano debe dedicarse a lo suyo; es decir, pasar sus últimos días sin la mudanza de las buenas costumbres. Sólo así el anciano se ganará el respeto y la consideración de los demás.
El Chapo de las macedonias vivió más de 103 años, y, dentro de su humildad, no le faltó el respeto jamás a una mujer ni tuvo el arrojo de dárselas de enamorado.
Séneca, el abogado de los ancianos, dijo unas palabras que son digno remate a este texto: "En la vejez el alma está en su verdor, y florece al no tener ya con el cuerpo gran comercio".
CONSTITUCION, ¿PARA QUE?
Gore Vidal, célebre escritor norteamericano, concedió una entrevista a Johann Hari, del periódico "The Independent", de Londres. Allí dijo algo terrible. Dijo que Afganistán será la tumba del imperio norteamericano. Estados Unidos dejará de jugar al imperio.
Gore Vidal, fue más lejos. "Cuando Estados Unidos se volvió imperio se dejó de enseñar geografía en las escuelas para que nadie supiera dónde quedaba ninguna parte. No es culpa de las personas: las han pervertido con formas imperiales de pensar para que sean trabajadores dóciles y fieles consumidores".
"Benjamín Franklin vio venir todo esto, lo cito porque la mayoría de los norteamericanos de ahora ni siquiera saben quién fue Benjamín Franklin.
"Benjamín Franklin fue escritor, científico y soldado, y uno de los padres fundadores de Estados Unidos. En Filadelfia, en 1781, cuando se redactaba la Constitución, fungió como observador. No quería formar parte, y cuando salió del Salón de la Constitución en Filadelfia unas ancianas le preguntaron: -Ay, señor Franklin, ¿qué va a pasar ahora? El contestó: -Bueno, tendrán una república, si pueden conservarla. Pero todas las constituciones como ésta han fallado desde el principio de los tiempos por causa de la corrupción de la gente.
LAS TRES IDEAS A LOS TRES AÑOS
En la página 286 de las Obras Completas, en la edición de Aguilar/Madrid, Fedor Dostoievski escribió lo siguiente: "Un sabio alemán ha dicho que todo niño, a los tres años, ha encontrado ya las tres ideas y conceptos que han de acompañarlo hasta el sepulcro".
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