Opinión / Columna
 
Herberto Sinagawa Montoya 
11 de octubre de 2009

  LAS MARIPOSAS AMARILLAS

García Márquez

Cuando recibió el Premio Nobel de Literatura de 1982, Gabriel García Márquez remató un bellísimo discurso recordando la definición que hizo Luis Cardoza y Aragón sobre la poesía, el decir: "La única prueba concreta de la existencia del hombre es la poesía". Fue un remate genial a un discurso de una inmensa belleza poética, porque García Márquez platicó sobre Antonio Pigafetta, el navegante e historiador italiano, que acompañó a Magallanes en el famoso viaje alrededor del mundo en el siglo XVI.

Entregó a Carlos V la relación de aquel viaje alucinante que terminó mal y fue uno de los dieciocho sobrevivientes.

Pigafetta escribió una crónica de la América meridional que perece más bien una aventura de la imaginación.

Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas, cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho. Dijo que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de venado y relincho de caballo.

Asimismo, el náufrago de la expedición de Magallanes narró que el primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron un espejo enfrente y que aquél enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Pigafetta fue otro cronista fantasioso y embustero, igual que Marco de Niza, aquel misionero que pisó tierra sinaloense que hizo un relato alucinante sobre la existencia de las ciudades de oro de cibola y Quivira. Dichas ciudades sólo existieron en la mente calenturienta del misionero. Pero la sola mención de esas ciudades de oro llenó una época de codicia y tan escandalosa mentira mantuvo en vela a muchos soldados de Hernán Cortés, y al virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza.



GARCIA MARQUEZ IGUAL DE

IMAGINATIVO QUE PIGAFETTA



García Márquez dijo en su inolvidable discurso ante los académicos suecos que los cronistas de Indias sufrían la misma alucinación que Pigafetta. Dichos cronistas hablaron de un país llamado Eldorado que cambiaba de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos.

Pero así como se habló de ese Eldorado mítico se habló de la fuente de la eterna juventud, aliento que animó el pecho de los ancianos.

En busca de esa fuente de la juventud Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años al norte de México, luego de hacerlo en la Florida, en una expedición tan llena de fracasos que los que formaban parte de ella terminaron comiéndose unos a los otros.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca, tocado de la cabeza como Pigafetta y García Márquez, estuvo de paso en la Villa de San Miguel de Culiacán, en 1536, y platicó de esa fuente de la eterna juventud.



PONCE DE LEON, VA EN

BUSCA DE LA FUENTE



Juan Ponce de León, explorador español, fue en busca de la fuente de la eterna juventud en 1513. Tenía a su mando tres barcos; el domingo de pascua florida descubrió la península que llamó la Florida. No halló en la Florida más que pantanos insalubres; hizo un segundo viaje pero fue rechazado por los indios y volvió herido a La Habana donde murió.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca fue uno de los sobrevivientes de 600 hombres al mundo de Pánfilo de Narváez. Sirvió éste en la conquista de Cuba en 1511, bajo órdenes de Diego de Velásquez. Posteriormente, Narváez fue enviado a México para aplacar la desmedida egolatría de Hernán Cortés que se había declarado Capitán General de la Nueva España. Narváez fue vencido en Zempoala por soldados de Hernán Cortés y estuvo prisionero durante dos años en Veracruz.

Al recobrar la libertad, regresó a España y fue nombrado por los enemigos o malquerientes de Hernán Cortés como adelantado y gobernador de la Florida. En 1528 exploró la región hasta el Misisipí, pero al no hallar el oro y la fuente de la eterna juventud, se embarcó con los sobrevivientes en cinco piraguas que fueron azotadas por un ciclón en el Golfo de México.

Entre los sobrevivientes estuvo Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que insistía en la fuente de la eterna juventud. Ha pesado este formidable andarín, envidia de los carteros, como un ejemplo de tenacidad y resistencia. Vagar a la buena de Dios ocho años no es cualquier cosa. Un grupo de soldados españoles lo descubrió cuando llegó a lo que hoy conocemos como Bamoa, en la orilla izquierda del río Sinaloa, o Petatlán.



LAS ONCE MIL MULAS

CARGADAS CON EL ORO



El gran embustero de García Márquez nos embauca deliciosamente cuando dijo que uno de los grandes misterios del continente americano es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una. Dichas mulas salieron de Cuzco (el ombligo del mundo) para pagar el rescate de Atahualpa- Dichas mulas nunca llegaron a su destino. ¿Se imagina usted once mil mulas cargadas con oro?

Atahualpa fue el último emperador inca. Fue apresado por Hernando de Soto y Hernando Pizarro. Prometió al conquistador del Perú, Francisco Pizarro, llenar con objetos de oro y plata hasta la altura que llegara su mano en el cuarto que le servía de prisión. Pizarro aceptó. ¿Llegaron todas las once mil mulas cargadas con oro? Cuestión de imaginación a lo García Márquez, porque el rescate se pagó pero Pizarro improvisó una conspiración de Atahualpa contra el rey de España y lo mandó estrangular, ¿Dónde quedó el tesoro de Atahualpa?



LA GALLINAS CON MOLLEJAS

CON PIEDRECITAS DE ORO



Ya encarrerado en su hermosísima tarea de embelesar al inocente auditorio de académicos suecos, García Márquez contó que, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierra de aluvión en cuyas mollejas se encontraron piedrecitas de oro.

Este delirio por el oro de los conquistadores españoles prevaleció hasta nuestros días: una misión de técnicos alemanes encargada de estudiar la construcción de un ferrocarril interocéanico en el Istmo de Panamá concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

Deliciosa mentira con que nos ha alimentado este fabulador de prodigio. Habló de la demencia que no disminuyó con la independencia de las naciones americanas sacudiéndose el dominio español, porque el general Antonio López de Santa Anna, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la Guerra de los Pasteles.

El general García Moreno gobernó el Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, donde sólo sus chicharrones tronaban. Cuando murió fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial.

El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota de El Salvador, hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. (Una de las grandes obsesiones de nuestros gobernantes ignorantes y crueles ha sido la de morir envenenado).



EL MARISCAL NEY SE

DISFRAZA DE MORAZAN



El general Francisco Morazán, dictador de Honduras, fue otro sátrapa.

Los eternos Lambiscones hicieron levantar un monumento al general Morazán, en la plaza mayor de Tegucigalpa.

Pero el general Morazán no era el general Morazán sino el mariscal Ney: los barberos no se cuidaron de guardar las formas y compraron una escultura de Ney en un depósito de cosas inservibles sin uso en París.

Por muchos años los ecuatorianos reverenciaron al Ney, mariscal de Francia, brazo derecho de Napoleón.



EL REPORTAJE ES EL

MEJOR GENERO PERIODISTICO



García Márquez, ese celebrante del delirio sin apelación que es el oficio de escribir, ha dicho a los jóvenes periodistas que no hay género mejor que el reportaje.

¿Qué es el reportaje? Según el diccionario es el trabajo periodístico sobre un personaje, suceso o cualquier otro tema.

Pero ¿qué pasa con el reportaje? García Márquez ha dicho que el reportaje está desapareciendo de los periódicos por la premura del oficio y porque a los periódicos se les hace caro.

Este celebrante del oficio proporciona un consejo para escribir un buen reportaje: hay que escribir primero el final, porque si no, por las prisas, terminas echándolo a perder.

El gran novelista colombiano no cree en la grabadora, a lo Elena Poniatowska. La grabadora es buena para servir de prueba cuando algún funcionario se raja; es decir, cuando dice que no dijo lo que dijo. El buen periodista es aquel que usa papel y pluma, nada de artificios ni de bules para nadar.



LEER A OTROS POR LA

MALSANA CURIOSIDAD



García Márquez ha recomendado a sus alumnos que no tengan piedad con lo que escriben: hay que llenar el cesto con cuartillas frustradas. No hay peor pecado para el escritor que escribir mal.

A esa rivalidad sin cuartel entre los escritores, García Márquez les halla la explicación: No leemos sólo por el placer de leer sino por la curiosidad malsana de saber cómo están escritas las novelas de los otros.



SI NO ESCRIBO SIENTO

UN ATAQUE DE CONCIENCIA



Alguna vez, el gran escritor confesó a Anthony Day y Marjorie Miller, de Los Angeles Times, que no hay invento para no escribir porque allí está la conciencia que no deja dormir.

Dijo: -Si invento una excusa para no escribir y no escribo, entonces en la tarde tengo un tremendo ataque de conciencia. Realmente me siento culpable como si no me hubiera ganado la comida.

Y, a renglón seguido: -Cuando escribía en una máquina insistía en que cada página saliera sin errores, sin tachones borrones o palabras encimadas. Consideraba un error de creación un error de mecanografía.



EL MEJOR SECRETO CONTRA

LA VEJEZ ES NO PENSAR EN ELLA



Cuando se le preguntó a García Márquez cuál era el secreto contra la vejez, contestó: -El mejor secreto contra la vejez es no pensar en ella.

Hizo una confesión: -Quiero escribir mi biografía antes de que la vejez borre mi memoria. Quiero empezar a escribir mi biografía cuando todavía me acuerdo de muchas cosas.

García Márquez escribe de 7 de la mañana a las dos de la tarde, a máquina; dos cuartillas diarias, buenas por supuesto. Faulkner escribía en las paredes de su casa. Hemingway en un escritorio alto de correos. Rulfo escribía a mano. Alfonso Reyes frente a una pared en blanco. John Dos Passos oliendo una manzana podrida.

Contestó García Márquez que su musa es una hermosa mujer que tiene 2,000 años de edad: la literatura.

Hizo otra confesión: -Soy periodista fundamentalmente; toda la vida he sido un periodista, y mis libros son libros de periodista.

Heredó del abuelo la capacidad para contar cosas. El abuelo se llamaba Nicolás R. Márquez.

García Márquez le preguntó a Fidel Castro cuál era su mejor deseo. Contestó: -Pararme en una esquina sin guardaespaldas.

Andre Gide decía que a todo libro hay que concederle 70 páginas de oportunidad.

Para García Márquez el mejor periodista es el que se hace a golpe de machete; no el que sale de las universidades o academias.

Hay que romperle la cuadratura al periodismo empezando por verlo como algo no académico. El reportaje es el cuento de lo que pasó. Para escribir un reportaje se necesita estar esclavizado a la realidad. Que se escriba en forma creíble y que se sepa que dice verdad. Quien miente aunque sea en el color de los ojos, pierde. El periodismo es mecánica con sus tuercas y tornillos.

En el reportaje hay que dar a conocer el hecho como si el lector hubiera estado allí. La única regla del periodismo es la honestidad. Uno ha de creerse lo que hace. El aburrimiento del reportero es el aburrimiento del lector.

Hay que dar humanidad al texto, dolor y alegría al protagonista. Escribir es una angustia. Pero la angustia la sufrimos todos. El reportaje es como la salchicha: debes saber donde empieza y donde termina. Si describes la muerte cuenta los gusanos porque el periodismo es la exploración de la escritura; literatura, pues.

Y, para rematar este texto, García Márquez ha dicho lo siguiente: -Si un libro no se defiende por sí solo, a otra cosa, mariposa. No hay nada que hacer.

En vista de que no fue posible hallar la fuente de la eterna juventud, no obstante la intensa pesquisa por los mares del continente de Ponce de León, García Márquez sostiene: -Si no fuera por los amaneceres seríamos jóvenes toda la vida.



EL NO LA ESCRIBIO FUE OTRO



El gran escritor colombiano, avecindado en México, no cumplió la palabra de escribir su biografía antes de que un posible Alzheimer le nublara el entendimiento, pero sí la ha escrito el inglés Gerald Martin, maestro de narrativa latinoamericana en la Universidad de Pittsburgh, titulada "Gabriel García Márquez: una vida", que no tardará en estar a disposición de los lectores de Culiacán.

Gerald Martin cumplió una etapa de increíble tenacidad al perseguir durante 17 años a García Márquez para escribir su vida. No hay, creo yo, un ejemplo de terquedad en la historia de la literatura. Fruto de esa feroz persecución es el libro de 762 páginas de la editorial Debate.

En su libro, el mula de Gerald Martin ha contado los vaivenes de la vida familiar de los García -Barcha, los amores y desamores del inmenso escritor, pero también sus amores bíblicos con la Cuba revolucionaria y con el recuerdo del doctor Allende de querer cambiar las cosas sin disparar tiros.



"YO VOY A ESCRIBIR UN LIBRO

QUE SE VA A LEER MAS QUE EL QUIJOTE



En alguna ocasión, García Márquez lanzó un reto que muchos creyeron que era otra manifestación de su bullanguero carácter caribeño: -Yo voy a escribir un libro que se va a leer más que El Quijote.

Desde luego, no se ha cumplido tal vaticinio, pero "Cien años de soledad" va caminando aceleradamente en esa dirección; es decir, en no hacer quedar mal a su autor, pues se ha traducido a 42 idiomas y se han tirado más de 30 millones de ejemplares.

La biografía de Gerald Martin desaparecerá de las estanterías en cuestión de horas pues la edición de quince mil ejemplares para México sólo exacerbarán el apetito de una lectura más atractiva que la de "Historia de un deicidio", de Mario Vargas Llosa.

Y, algo que muy pocos saben: García Márquez comete errores de ortografía. Alguna ocasión confesó: -Si me hicieran un examen de ortografía me reprobarían.

Y, también confesó que sentía un "rencor" por "Cien años de soledad". Y, dijo por qué: -Guardo "rencor" porque estuvo a punto de desbaratarme la vida. Después de publicada la novela nada fue igual que antes. La fama perturba el sentido de la realidad, tal vez tanto como el poder. Lo que en el libro se cuenta se parece a la vida de todo el mundo.

Y, ¿quién no se embrujó con Remedios, la bella, que subió al cielo al sacudir una sábana, y a Mauricio Babilonia caminar por todas partes con mariposas amarillas alrededor de la cabeza?


 
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