Opinión / Columna
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Mario Montijo de la Rocha
Once Ríos
El Sol de Sinaloa
21 de agosto de 2009
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Sucesión
El canacazo de Los Mochis sigue siendo tema recurrente entre la clase política, por las diferentes lecturas que pueden darse de ese acto que reunió al gobernador Jesús Aguilar Padilla con todos aquellos que, como parte del PRI, están involucrados en la sucesión del propio Aguilar.
La primera acepción que se puede tener de ese acto en el que la protesta del nuevo presidente de la CANACO de Los Mochis, Joaquín Vega hijo, no es más que un punto de referencia, es que el gobernador, a la luz de la opinión pública, retomó el control de la competencia sucesoria y, como bien apunta un colega, abrió el abanico de posibilidades con la incorporación de más opciones.
Dos semanas atrás otro acto efectuado en Los Mochis con la participación del exgobernador Juan S. Millán, para un destape, el del senador Mario López Valdez, parecía que desbordaría apetitos y pasiones políticas en una competencia que ha estado presente en el ánimo de muchos sinaloenses prácticamente desde el inicio de la actual administración.
Varios de los integrantes del gabinete estatal, incluidos los actuales punteros, Jesús Vizcarra Calderón y Malova, el primero en Desarrollo Económico y el segundo en la SEDESOL del estado, entraron en una carrera que ya lleva más de cuatro años y medio.
Rafael Oceguera Ramos, Pablo Moreno Cota, Javier Luna Beltrán y Florentino Castro, con mayor trayectoria que los dos que están a la cabeza, de hecho no aparecieron en la escena de la sucesión de la noche a la mañana. Tampoco Óscar Lara Aréchiga, ni Alfredo Villeras Arreola, ni Aarón Irízar López. De estos siete, el de menor carrera política, Oscar Lara, se apunta como el más viable tercero en discordia.
Pero en la política actual no todo es predecible, mucho menos previsible. Se pueden hacer alianzas, copar las estructuras formales, cabildear y crear compromisos, como en realidad se ha venido haciendo durante meses, pero serán las circunstancias del momento las que monten el escenario, tranquilo o explosivo, de la definición de candidaturas.
Es más: fuera del PRI, en los partidos de oposición, muchos actores políticos se mantienen a la expectativa, atentos a lo que ocurra después de la postulación del candidato oficial priista. Si se producen rompimientos, sobre todo los panistas comenzarían a frotarse las manos. Se estarían creando las condiciones que están esperando para la batalla por la gubernatura, con candidato propio o prestado. Su último consejo nacional abrió esta última posibilidad.
El mismo PRD estaría esperando la oportunidad de capitalizar la inconformidad para recuperar presencia política en esta entidad.
Por lo que hace al PRI, ha quedado claro a partir del cónclave de Los Mochis del pasado sábado, que los tiempos y las condiciones del proceso de sucesión serán marcados por el gobernador Aguilar, cuyo liderazgo político estará a prueba en los próximos meses con acontecimientos inéditos en el comportamiento de los individuos y las agrupaciones que componen a su partido.
Habría que anotar que el dirigente priista Cenovio Ruiz ha dicho que faltan muchos meses todavía para el inicio del proceso interno del PRI y que será hasta abril o mayo cuando su partido presente a su abanderado para el gobierno del estado. Estatutariamente, correcto. Sin embargo, los tiempos políticos ya tienen a la maquinaria y a los grupos trabajando con objetivos claros en cuanto a aspirantes.
Lo cierto es que la oposición insistirá en reformas electorales para homologar la fecha de la elección estatal de acuerdo con la recomendación del Congreso de la Unión, el primer domingo de julio, como ya lo han hecho varias entidades federativas de la República.
De realizarse la reforma, las definiciones formales de los partidos sobre las candidaturas se estarían adelantando entre tres o cuatro meses.
De cualquier forma, los movimientos políticos sucesorios no podrán detenerse después de que el gobernador Aguilar rinda su quinto informe de gobierno.
Será, de hecho, el banderazo de la sucesión.
UN BILLON, DESPERDICIADO
Invitado por el Tec de Monterrey, el auditor superior de la Federación, Arturo González de Aragón, poseedor de información privilegiada sobre el ejercicio presupuestal de los tres poderes de la Unión, reveló en conferencia magistral que en siete años de gobierno (los seis de Vicente Fox y el primero de Felipe Calderón) se desperdició una oportunidad única de crecimiento económico del país, pues se tuvo cerca de un billón de pesos de excedentes en los ingresos federales y fueron desperdiciados.
En el gobierno panista de Fox se tuvieron ingresos excedentes por 720 mil millones de pesos, de los cuales 73 por ciento se destinaron al gasto corriente (el aparato burocrático que creó el mismo Fox se llevó más de 300 mil millones de pesos, según estudios que se han realizado, cuando el PAN fue durante décadas el promotor del adelgazamiento de la burocracia federal), 13 en inversión financiera y 14 en inversión física.
Con Felipe Calderón se tuvieron en su primer año de gobierno 247 mil millones de ingresos excedentes, de los que el 69 por ciento se canalizó al gasto corriente y solamente 24 a infraestructura.
A juicio de González de Aragón, el auditor superior de la Federación que muy pronto será relevado, pues para ser ratificado necesita ser propuesto por el presidente Calderón, se perdió la mejor oportunidad que México ha tenido para crecer económicamente.
Ello explica quizá por qué México es el país de América Latina que mayor caída sufrirá en su producto interno bruto, con un 7.7 por ciento, según estimaciones de la Secretaría de Hacienda, que no son de las más confiables. Muy lejos de Brasil, Chile, Argentina y Bolivia, que estarán por debajo del 1 por ciento.
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